Muere Cristina Rebull, actriz, cantante y dramaturga cubana
Obituario
Su trayectoria cruzó la escena, la música y la literatura entre la Isla y el exilio
La Habana/La actriz, cantante, dramaturga y escritora cubana Cristina Rebull falleció este martes en su casa de Miami, informaron sus familiares y amigos cercanos en un comunicado publicado en su página de Facebook. Una fuente cercana confirmó a 14ymedio que la artista, que tenía 65 años, padecía un cáncer de colon que resultó irreversible, a pesar de haberse sometido a una cirugía.
Rebull había nacido en Matanzas en 1960, y desde la infancia mostró una vocación artística múltiple que marcaría toda su trayectoria. La actuación, el canto y la escritura convivieron desde temprano en una carrera concebida como un oficio integral, exigente y ajeno a concesiones.
A finales de los años ochenta alcanzó gran popularidad en Cuba al interpretar a El Caballero Blanco en el espacio televisivo Aventuras, uno de los programas más seguidos de la época. En el teatro, protagonizó a sala llena Violente, considerada la primera ópera rock estrenada en la Isla, con música de Edesio Alejandro y Mario Daly y libreto de Chely Lima y Alberto Serret. La obra, estrenada en el Teatro Nacional de Cuba en 1987, fue un hito dentro de la escena musical y teatral del país.
La cubana defendió la canción 'Hoy que no estás' en el Festival OTI, ganando el tercer lugar en el certamen
Uno de los momentos de mayor visibilidad pública de su carrera llegó en 1995, cuando representó a Cuba en el Festival OTI de la canción iberoamericana, una plataforma que entonces concentraba una audiencia masiva en América Latina. La cubana defendió la canción Hoy que no estás, una pieza escrita por Carlos Miguel Ojeda. Su actuación obtuvo el tercer lugar en el certamen, siendo el mejor resultado de la Isla en ese concurso.
Como cantante, también grabó canciones de Charly García bajo la dirección del maestro Oscar Cardozo Ocampo. Ya radicada en Miami, ofreció recitales y conciertos acompañada por la Florida Chambers Orchestra, dirigida por Marlene Urbay, y por el ensamble Con ciertas mujeres, que creó junto a la pianista Ileana Cortizo y la chelista Ana Ruth Bermúdez.
Su obra como dramaturga fue igualmente central. Escribió y dirigió piezas como El último bolero y Cyrano mío, ambas en colaboración con Iliana Prieto Jiménez, así como Llévame a las Islas Griegas y Esperando a Mamá. Con el apoyo del National Endowment for the Arts, escribió, compuso y puso en escena Aves al viento, un espectáculo sobre el exilio y la migración producido por Art For Us, entidad cultural que ella misma fundó en 2018.
En Miami, ya en plena madurez creativa, cumplió uno de sus grandes anhelos interpretativos al actuar en Doña Rosita, la soltera, de Federico García Lorca, una experiencia que colegas y amigos recuerdan como culminación de su carrera actoral.
Menos conocida por el gran público, pero igualmente sólida, fue su carrera como escritora de literatura
También desarrolló una destacada labor en la televisión local de Miami como escritora, guionista y productora, trabajo por el que recibió un Premio Emmy.
Menos conocida por el gran público, pero igualmente sólida, fue su carrera como escritora de literatura. En 2015, su novela juvenil ¡Por culpa de una S! obtuvo el Premio Latinoamericano Norma. Posteriormente publicó El príncipe de las pulgas, galardonada con el Premio Fundación Cuatrogatos en 2018, así como Mamá y la vecina de arriba y Natalia, más allá de las nubes.
Rebull fue, además, una maestra influyente. Formó a nuevas generaciones de actores en el Instituto Superior de Arte, en Cuba, así como en el Teatro Prometeo y en la Adriana Barraza Acting Studio, donde su rigor, generosidad y pasión pedagógica dejaron una huella duradera.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, varios colegas, alumnos y amigos destacaron su entusiasmo, su constante exploración de nuevos lenguajes y su compromiso ético con el arte. Cristina Rebull queda en la memoria de la cultura cubana como una creadora total, inconforme y exigente, que entendió el escenario, la palabra y la música como territorios de la verdad.