Max Mönch: “Pensé que Alemania Occidental era el país de Jauja”

Se publica en español la novela gráfica 'Arenas movedizas', sobre los últimos días de la República Democrática Alemana

En la historia confluyen varios elementos autobiográficos. “Nuestros familiares y amigos eran espiados a diario por la Stasi y algunos de ellos acabaron en la cárcel", afirman los autores. (Impedimenta)
La caída del Muro de Berlín significó para Max Mönch cumplir con sus sueños de Occidente. (Impedimenta)
Tiziana Trotta

20 de octubre 2015 - 13:13

Madrid/Max Mönch recuerda muy bien ese 9 de noviembre de 1989, pero de forma aún más nítida lo que pasó al día siguiente. En aquel entonces, el coautor de la novela gráfica Arenas movedizas. Los últimos días de la RDA apenas era un muchacho de 11 años y vivía al otro lado del Telón de Acero, en la República Democrática Alemana. Para él la caída del Muro de Berlín significó cumplir con sus sueños de Occidente.

"Diría que mi infancia fue muy feliz", recuerda este periodista científico, quien firma junto al director de cine Alexander Lahl y la ilustradora Kitty Kahane un cómic sobre ese ajetreado período histórico. "Nuestros héroes eran, además de Winnetou [indio apache protagonista de las novelas de aventura de Karl May], las estrellas de los países occidentales. Nos gustaba la música americana, soñábamos con la Coca-Cola y el Pato Donald y deseábamos poseer una grabadora". El día después de la célebre noche del 9 de noviembre, fue con sus padres a Berlín Oeste, donde pudo comprar los bienes que tanto había deseado.

"Estaba en el paraíso. Al menos por un día", relata. "La primera cosa que vi después de cruzar el puente hacia Berlín Oeste fue un bombón flotando en el aire, que acabó golpeando la cabeza de un transeúnte. Fue una escena muy divertida. Pensé que ese tenía que ser el país de Jauja. Nos dimos cuenta bastante rápidamente de que nuestras vidas iban a cambiar por completo".

"Nos dimos cuenta bastante rápidamente de que nuestras vidas iban a cambiar por completo”

La primera cosa que hizo para "construir una base sólida para ese gran cambio", bromea, fue vender piezas del Muro a los americanos. La pequeña "fortuna" así acumulada, unos 200 marcos, le sirvió para comprar su primera bicicleta de montaña. Dos décadas y media después, sin embargo, tuvo que volver a enfrentarse "a este primer intento de ser un capitalista de éxito". "Mientras trabajaba en un documental, hablé por teléfono con un profesor estadounidense que había encontrado en internet", dice. "Me habló de un chico que le había vendido un trozo del Muro en diciembre de 1989, delante del Grand Hotel de Berlín Este. Dijo que era una falsificación, que los colores no eran originales, pero que lo había comprado de todas formas y aún lo guardaba. Me di cuenta de que ese chico era yo".

La realidad y el sueño se mezclan sin cesar en Arenas movedizas, la crónica de un país en fuga recientemente publicada en español por la editorial Impedimenta. En esta novela gráfica, la caída del Telón de Acero vuelve a cobrar vida a través de Tom Sandman, un avezado periodista enviado a Berlín para cubrir los disturbios desencadenados en 1989 en la RDA. Entre terribles pesadillas y un horrible dolor de muelas, se enamora de Ingrid, una alemana que le revelará lo que realmente significa vivir en ese país, bajo una vigilancia angustiosa, entre la pobreza y los conflictos que acaban corroyendo amistades y vínculos familiares.

En la historia confluyen varios elementos autobiográficos. "Crecí junto con Alexander Lahl a medio kilómetro del Muro, en un ambiente muy voluble y contradictorio", explica Mönch. "Nuestros familiares y amigos eran espiados a diario por la Stasi y algunos de ellos acabaron en la cárcel. Otros se aprovecharon de la situación y trabajaron por el Estado. Este es exactamente el conflicto que vive Ingrid, el mismo que compartían muchos habitantes de la RDA y, probablemente, es algo muy parecido a las experiencias de numerosos cubanos".

"El conflicto que vive Ingrid es el mismo que compartían muchos habitantes de la RDA, algo muy parecido a la experiencia de numerosos cubanos”

Ambos autores escogieron contar la historia a través de una novela gráfica, porque "los cómics permiten simplificar e ir directo al punto que se quiere narrar", ofreciendo, además, una dimensión visual abierta a distintas interpretaciones. Una perspectiva externa como la del periodista extranjero les servía para contar la realidad sin ser demasiado "obvios y pedagógicos".

El trabajo de investigación previo a la redacción de la novela no fue demasiado complicado para estos alemanes "nacidos en un ambiente con una fuerte conciencia política", que contaban, además, con estudios de Historia en la universidad. "Ya sabíamos la mayoría de las cosas que había que conocer para nuestra obra. Hemos conseguido lo que faltaba a través de entrevistas con testigos de aquella época, con periodistas y también con familiares", destaca Mönch.

El periodista cita, entre los testimonios más importantes, el del padre de un amigo que había trabajado por el Gobierno comunista. "Hemos aprendido mucho de él sobre la visión desde el interior de las instituciones. En 1989, numerosos funcionarios sentían que los días del Partido Comunista y del aislamiento de la RDA se habían acabado, una sensación que había ido creciendo desde la mitad de los años ochenta, cuando Mijaíl Gorbachov llegó al poder en la URSS", recuerda. "Desde entonces, el responsable de la Stasi, Markus Wolf, dejó de enviar nuevos agentes a Alemania Occidental, porque ya sabía que se había acabado".

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