Federico Luppi, adiós al ícono del cine hispanohablante que nunca bajó la voz

En abril pasado, el actor sufrió un tropiezo que le ocasionó un golpe en el brazo y la cabeza y le produjo un hematoma que le tuvo que ser drenado

Federico Luppi es recordado por sus papeles en películas como 'Tiempo de revancha' (1981), 'El espinazo del diablo' (2001) o 'El laberinto del fauno' (2006). (EFE)
Federico Luppi es recordado por sus papeles en películas como 'Tiempo de revancha' (1981), 'El espinazo del diablo' (2001) o 'El laberinto del fauno' (2006). (EFE)

(EFE).- El actor argentino Federico Luppi, fallecido este viernes en Buenos Aires a los 81 años debido a las complicaciones de un hematoma que sufrió en la cabeza el pasado abril, fue un auténtico referente de la gran pantalla con más de cien películas a sus espaldas, que se negó a permanecer callado.

"Estoy decepcionado, amargado, tristón, solitario", señaló en una entrevista realizada en febrero en la que mostró su disconformidad con el Gobierno del argentino de Mauricio Macri y llegó a afirmar que le costaba cubrir sus gastos a fin de mes.

Nacido en 1935 en Ramallo, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia humilde de origen italiano, Luppi nunca bajó la voz, un perfil que lo llevó a ser criticado por sus posturas más "kirchneristas" y le valió numerosas críticas.

Su compromiso con la democracia le empujó a enfrentarse con la última dictadura cívico-militar argentina (1976-1983), lo que provocó que fuese censurado por el régimen y le llevó a viajar a España para trabajar, país que se convirtió en su hogar en 2002 y donde consiguió la nacionalidad.

Luppi nunca bajó la voz, un perfil que lo llevó a ser criticado por sus posturas más "kirchneristas" y le valió numerosas críticas

Estudió en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, dibujo y escultura, pero finalmente prefirió el mundo interpretativo, cuyos cursos se pagó trabajando de administrativo, corredor de seguros y empleado de banca, mientras actuaba en locales nocturnos bonaerenses.

Debutó en el teatro con Ha llegado un inspector, donde hizo de galán, papel que repetiría en diferentes ocasiones, y posteriormente, en 1965, en el cine, con la película de Leonardo Fabio Romance de Aniceto y la Francisco.

Su elección profesional definitiva fue acertada: se convirtió en el intérprete argentino en poseer el mayor número de premios Cóndor de Plata al mejor actor -seis en total- y en uno de los rostros más reconocidos de la escena cinematográfica hispanohablante.

Todo ello arrancó con su aparición en películas como La revolución (1973), de Raúl de la Torre; Tiempo de revancha (1982), de Adolfo Aristarain; No habrá más penas ni olvido (1983), de Héctor Olivera; o La vieja música (1985), de Mario Camus.

Su elección profesional definitiva fue acertada: se convirtió en el intérprete argentino en poseer el mayor número de premios Cóndor de Plata al mejor actor

En 1992 volvió a rodar con Aristarain en Un lugar en el mundo, que fue Concha de Oro en el Festival de San Sebastián y Goya a la mejor película extranjera de lengua hispana

Luppi logró el reconocimiento internacional en 1993 de la mano de Guillermo del Toro con Cronos (1993), distinguido con una decena de galardones, entre ellos, el Premio al Mejor Actor del Festival de Sitges. Con Del Toro repetiría en El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del Fauno (2006).

En 1995 rodó las dos películas que le valdrían otras tantas nominaciones a los premios Goya: Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto de Agustín Díaz Yanes, como mejor actor protagonista y La ley de la frontera, de Aristarain, como secundario.

Pero uno de sus papeles más alabados por la crítica llegó en 1997, de nuevo a las órdenes de Aristarain en la coproducción hispano-argentina Martín (Hache), donde dio vida a Martín Echenique, un director de cine argentino que odia su país natal y que es visitado en Madrid por su hijo.

Aquel personaje, con el Luppi hizo gala de su elegancia y magnetismo ante las cámara, le valió la Concha de Plata del Festival de cine de San Sebastián.

Su filmografía es interminable: también apareció en Las huellas borradas (1999), cinta que narra la historia de un emigrante español (Luppi) que regresa de Argentina a su pueblo natal, en León; así como en Divertimento (2000), protagonizada junto a Francisco Rabal; El espinazo del diablo (2001), de Del Toro; o El último tren (2002), de Diego Arsuaga, con Héctor Alterio y José Soriano.

Pero uno de sus papeles más alabados por la crítica llegó en 1997, de nuevo a las órdenes de Aristarain en la coproducción hispano-argentina 'Martín (Hache)'

Les siguieron, películas como La luna en botella (2007), Verano amargo (2009), y sus últimas apariciones: Magallanes (2016), Al final del túnel (2016), la peruana Siete semillas, donde compartió escena con Javier Cámara, o Nieve Negra (2017), dirigida por Martín Hodara.

Debutó como director con el largometraje Pasos (2005), sobre un guión de su mujer (Susana Hornos), que narra el divorcio de una pareja afincada en una pequeña ciudad durante la transición española, días después de la intentona golpista de 1981.

De su primer matrimonio tuvo un hijo y una hija. Después mantuvo una relación de diez años con la actriz Haydée Padilla, que le acusó de violencia machista, y después otra con la actriz uruguaya, Brenda Accinelli.

Estaba casado desde 25 de enero de 2003 con la actriz y guionista española Susana Hornos, 37 años más joven que él.

En abril pasado, el actor sufrió un tropiezo que le ocasionó un golpe en el brazo y la cabeza y le produjo un hematoma que tuvo que ser drenado.

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