'Esa secreta sinfonía', la disidencia poética de Holguín

La antología, con selección de Beatriz Torrente y editada por Orlando Coré, pasa revista a los autores más significativos de la provincia

Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Delfín Prats, Rafael Vilches, Luis Yusef y Jamila Medina. (Collage)
Reinaldo Arenas, Guillermo Cabrera Infante, Delfín Prats, Rafael Vilches, Luis Yusef y Jamila Medina. (Collage)

Holguín existe gracias a una plaga de hormigas y bibijaguas. Es la región más extraña y enigmática de la Isla. Por ella entró Colón a Cuba y en Nipe –la bahía más grande del archipiélago– fue hallada la Virgen de la Caridad. En esa provincia, según Cabrera Infante, se formaba un peligroso "triángulo de las Bermudas": Banes, Birán y Gibara. De Banes era Batista, Birán era el feudo gallego del cual saldrían los hermanos Castro y en Gibara había nacido el propio escritor.

A esa lista de holguineros –tanto brillantes como funestos– habría que añadir al general Calixto García, al pianista Frank Fernández, al gran poeta Gastón Baquero, a Arnaldo Ochoa –el fusilado más célebre de la revolución– e incluso al actual primer ministro, Manuel Marrero Cruz.

Holguín, con su calor y su misterio, es también la ciudad de los poetas "rebeldes", los incómodos, presos y exiliados por excelencia, como Reinaldo Arenas y Delfín Prats. Ambos han pasado a la historia por su vocación disidente y porque no guardaron silencio ante el poder. Los dos fueron marginados y privados –en su tiempo– del lugar que les correspondía en la literatura nacional.

Arenas –el mejor novelista cubano después de Carpentier– abrió las posibilidades de una voz inconforme y dura, que encarnó todas las marginaciones: la homosexualidad, la "incultura" según los parámetros de sus censores, el drama, la pulsión hacia la muerte, y su procedencia oriental y guajira. Como un fantasma protector de los suyos, el ejemplo de Arenas retornó a su tierra y fue fecundo.

De esa tradición disidente de la escritura holguinera da testimonio Esa secreta sinfonía. Más de 30 poetas "herederos" se agrupan en torno a un espacio común e imaginario: la patria íntima, la ciudad de la Cruz y los parques, y las tierras y pueblos que la rodean.

Este libro no cumple solamente el papel de colección poética, sino que representa el espíritu de ese mapa amarillento de la ciudad

La antología, con selección de Beatriz Torrente y editada por Orlando Coré, pasa revista a los autores más significativos de la provincia, cuyas generaciones se perfilan claramente: la primera, inaugurada por el propio Arenas, involucra a poetas ya clásicos y reconocidos, como Delfín Prats, que vivieron su juventud en los inicios del castrismo.

La segunda es la de los "hijos de la revolución" –como Ghabriel Pérez, Rafael Vilches o Luis Yussef–, que ven caer el muro de Berlín y escriben durante el Período Especial, con apagones y carencias.

Y la tercera es la de los que hoy tienen 30 o 40 años, nacidos del desengaño, y muchos de ellos exiliados o a punto de serlo: Moisés Mayán, Javier L. Mora, Camilo Noa, Yunior García Aguilera y Jamila Medina, quizás la voz más relevante de esta época.

Más allá de los temas habituales –el tiempo, la sexualidad, la muerte, las pasiones–, todos comparten una meditación sobre la Historia que a menudo se convierte en ansiedad: "Cicutas, horcas, crucifixiones, hogueras, destierros, castraciones, fusilamientos y torturas, y ustedes impasibles", reclama Arenas en el poema que abre el libro.

Pero aun cuando se le exige la denuncia, la profecía, el poeta recuerda que lo vigilan y lo vendrán a buscar, sin que nadie lo defienda: "Cómo hablar de olores y tiempos –de otro terror– / cuando ahí en la esquina / perennemente un carro patrullero se estaciona".

Otros poetas, como Orlando Coré, transforman la memoria personal en escritura, y ofrecen evidencias de su juventud en la capital: "De la Universidad de La Habana expulsaban / a pájaros y a diversionistas. / Furtivamente, los / unos, se reconocían; / subrepticiamente, los otros, se / pasaban los títulos proscritos: / conspirábamos".

El motivo del Gran Viaje, el Viaje de Iniciación –de oriente a occidente, de "la loma" a "el llano"– es frecuente en los escritores de provincia, pero las generaciones posteriores a Arenas y Coré buscan su horizonte en el exilio.

Holguín, al igual que Cuba, está disperso en el globo. Como anota Yunior García: "No somos una isla, coño / Somos un archipiélago / Uno que va aguantando con hilos quebradizos / Sus partes inconexas / Uno que ya ha perdido islotes en la noche / Y cayos en la niebla".

Los antólogos colocan entre las páginas de Esa secreta sinfonía un mapa antiguo de Holguín. En ese espacio simbólico se reúnen los poetas, vivos y muertos, exiliados o insulares, que comparten su memoria adolorida. Este libro no cumple solamente el papel de colección poética, sino que representa el espíritu de ese mapa amarillento de la ciudad: una brújula con la cual encontrar la voz holguinera, profunda, lúcida y angustiosa, que también es cubana.

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Nota de la Redacción: Esa secreta sinfonía. Poetas cubanos de Holguín, selección de Beatriz Torrente y edición de Orlando Coré, Loma de la Cruz Ediciones. Holguín-Miami, 2022, 312 páginas.

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