Reivindicar al inmortal pelotero Dihigo

El jugador cubano más grande de todos los tiempos debería ser más recordado en la tierra que lo vio nacer

Martín Dihigo no pudo jugar en las Grandes Ligas porque estaba vedado a jugadores de raza negra. (Archivo)
Martín Dihigo no pudo jugar en las Grandes Ligas porque estaba vedado a jugadores de raza negra. (Archivo)

Desde hace unos años se ha comenzado a rescatar tímidamente la figura del pelotero Martín Dihigo, sobre todo desde que el deporte nacional cae a lo más bajo de su historia. El periodista Yodeni Masó Águila realizó recientemente un encomiable documental sobre Dihigo, con las pocas imágenes de archivo que se conservan de él.

Para su trabajo, el realizador se basó en varios testimonios, sobre todo del hijo del insigne atleta, Martín Dihigo Reina, y en el libro El inmortal del béisbol, del historiador matancero Alfredo Santana. También se sirvió del periodista Elio Menéndez, testigo de las hazañas de Dihigo, y de las confesiones de dos grandes jugadores de la etapa revolucionaria, Rigoberto Rosique y Félix Isasi.

El periodista Yodeni Masó Águila realizó recientemente un encomiable documental sobre Dihigo, con las pocas imágenes de archivo que se conservan de él

Hasta el estelar Orestes Minnie Miñoso cuenta que, siendo muchacho, Dihigo lo dejaba cargar sus spikes y su guante, y así podía verlo jugar. "Él fue el máximo responsable de que yo llegara a las Grandes Ligas. Era grande en todos los sentidos: como jugador, como mánager, como maestro, como hombre".

Nacido en 1905 en Matanzas, Martín Magdaleno Dihigo Llanos fue conocido como el Maestro, aunque también le llamarían el Inmortal y el Don por su talento y versatilidad en el terreno.

En las Ligas Negras de Estados Unidos y en varias ligas de América Latina, Dihigo jugó en todas las posiciones -excepto de receptor- pero no pudo llegar a las Grandes Ligas por el estigma del color. No obstante, en cada país donde desarrolló su carrera como pelotero dejó una estela de admiración y fue el primer cubano en ser llevado al Salón de la Fama tanto en Estados Unidos, como en República Dominicana, Venezuela, México y Cuba.

En México, donde se le considera el jugador más completo de todos los tiempos, actuó principalmente como pitcher. El primer partido sin hit ni carreras de la historia nacional fue obra suya, en 1937. Al año siguiente ganó la triple corona de pitcheo —liderando las victorias, la efectividad y los ponches— y obtuvo además el título de bateo, con 387.

Para Buck Leonard era el mejor, blanco o negro, de todos los tiempos: "Lo sabía hacer todo. Es mi jugador ideal. Si él no es el más grande de todos, yo no sé quién podría serlo"

Dihigo golpeaba la bola con una fuerza descomunal, pitcheaba con sereno control y pasmosa velocidad y hacía atrapadas increíbles en los jardines, desde donde su poderoso brazo ponía out a muchos corredores. Además, como si no bastara con eso, llegó a ser un mentor ganador y hasta comentarista deportivo.

El más grande pelotero total, lo han llamado otros grandes. Para Buck Leonard era el mejor, blanco o negro, de todos los tiempos: "Lo sabía hacer todo. Es mi jugador ideal. Si él no es el más grande de todos, yo no sé quién podría serlo", dijo.

Pero en su país no se le recuerda lo suficiente. A su tumba en Cruces, un pueblo de Cienfuegos, peregrinan solo extranjeros, como a la sala dedicada a él en el museo municipal. Un remoto estadio lleva su nombre, y el de Matanzas, provincia donde nació, se encuentra en la avenida Martín Dihigo. Pero no basta.

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