Los inversores extranjeros podrán negociar con empresas privadas cubanas

En su desesperación por captar capital foráneo, el Gobierno no exigirá la intermediación estatal

El ministro cubano de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca. (EFE/Ernesto Mastrascusa/Archivo)
El ministro cubano de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca. (EFE/Ernesto Mastrascusa/Archivo)

En medio del II Foro Empresarial Cuba-2021, que concluye este jueves, el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, reconoció rotundamente la crudeza de la situación. "Los resultados en la inversión extranjera están muy por debajo de las necesidades del país", admitió ante el Consejo de Ministros.

Este año, la cartera de oportunidades que presentó el propio Malmierca intenta captar 12.500 millones de dólares en un total de 678 proyectos, principalmente en los sectores alimentario, biofarmacéutico, turístico y energético. El sector con mayor representación es la producción de alimentos, con 164 opciones.

El ministro explicó que se pretende "atraer al capital extranjero de manera más proactiva, facilitando los negocios, eliminando burocracia y promoviendo nuevas oportunidades". Pero la única novedad que ha presentado hasta el momento es la posibilidad de negociar con las nuevas empresas privadas y la autorización para que las cooperativas agropecuarias formen parte de las asociaciones económicas internacionales. Hasta este momento era obligatorio que en este tipo de negocios participara una entidad estatal.

El ministro explicó que se pretende "atraer al capital extranjero de manera más proactiva, facilitando los negocios, eliminando burocracia y promoviendo nuevas oportunidades"

En paralelo, Carlos Fernández de Cossío, director general de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores, intervino en el foro para recordar, como cada año, que no está prohibido que los cubanoamericanos inviertan en Cuba y que, en todo caso, es Washington con sus sanciones quien impide que los estadounidenses pongan dinero en proyectos cubanos. "De no existir el bloqueo, las posibilidades de desarrollarnos serían innegables", subrayó tras repasar la habitual lista de agravios.

Lejos de las declaraciones de Fernandez de Cossío y a la espera de ver si hay algún efecto a partir de ahora en la autorización para formar empresas privadas y la eliminación de la doble moneda, los problemas de Cuba para captar inversión extranjera no están al otro lado del Estrecho, sino en la propia Isla.

Las cifras oficiales indican que Cuba necesita atraer anualmente 2.500 millones de dólares para su desarrollo, pero los datos indican que no se alcanzan ni siquiera los 1.000. En concreto, la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, proyecto estrella destinado a la captación de capital foráneo por sus condiciones especiales, apenas ha llegado a los 2.800 millones de dólares en los ocho años que lleva en funcionamiento. Muy lejos de los 20.000 que se preveía para este plazo.

El economista cubano Omar Everleny Pérez sostenía en un artículo firmado el pasado año que, aunque el embargo ejercía cierta función disuasoria, las causas internas estaban claras. Uno de los argumentos que más aportaban los inversores era la dificultad para repatriar los beneficios, debido a la falta de liquidez del país, lo que provocaba que muchos empresarios se quedaran sin otra opción que mantener su capital en la Isla con la esperanza de poder resarcirse algún día.

Otro de los argumentos aportados por las empresas es la vigencia de la autorización, ya que el Gobierno cubano expide licencias durante un plazo, tras el cuál, si no se renueva, hay que extinguir la empresa en la que se ha puesto tiempo y dinero, no solo para el propio negocio, sino para la capacitación del personal. Este último sería otro factor denunciado por los inversores: la obligación de contratar a los trabajadores a través del Estado y, además, pagar a la intermediaria y no al propio empleado.

"En los negocios aprobados bajo la Ley de la Inversión Extranjera, tampoco se permite que los socios extranjeros paguen gratificaciones a los trabajadores cubanos, aparte de lo que el negocio conjunto pague a la entidad empleadora", argumenta el economista, que desgrana la falta de posibilidades que tiene el inversor para estimular al trabajador si no puede negociar aspectos salariales directamente con él.

"No existe información fiable y creíble que oriente las decisiones de los inversores que protegen sus capitales, como no podría ser de otro modo"

Elías Amor es otro de los economistas que han alertado de motivos que traban la inversión en Cuba sin tener que cruzar el Estrecho. "Primero, la falta de credibilidad de la economía, cuyos indicadores no reflejan la realidad de los datos –argumenta–. No existe información fiable y creíble que oriente las decisiones de los inversores que protegen sus capitales, como no podría ser de otro modo".

El economista cubano afincado en España también alude a razones éticas para que el flujo de dinero no fluya desde quienes podrían tener motivos para que su país prospere. Este mismo año, más de 25 empresarios cubanos radicados en Miami publicaron un manifiesto en el que se comprometían a no invertir en la Isla mientras durase "la tiranía". "No nos interesa invertir en Cuba mientras exista en el poder el régimen del terror impuesto en el país por la familia Castro, el Partido Comunista y una claque militar corrupta", decía el texto.

Los problemas bancarios y burocráticos, la inseguridad jurídica y las deudas no pagadas son otros de los motivos que aducen con frecuencia los posibles inversores para evitar poner dinero en Cuba.

Más allá de las complejidades normativas, el ejemplo más claro de los problemas que conlleva invertir en Cuba lo publicó el diario Girón el pasado mes de octubre al desgranar las mil y una peripecias de un inversor de origen sirio que, tras residir casi 30 años en la Isla y con toda la fe puesta en el sistema, decidió poner dinero para una fábrica de mascarillas al inicio de la pandemia.

Después de muchas trabas, problemas para asociarse con la parte cubana, para traer la maquinaria, lograr que se montara correctamente, capacitar al personal y ver mermada la capacidad de la planta por cuestiones tan peculiares como la falta de una climatización que permita rendir a las máquinas correctamente sin romperse, las escasas mascarillas fabricadas siguen en un almacén porque es imposible distribuirlas. Poco estimulante para atraer capital extranjero.

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