El lado oscuro del turismo

turismo cuba, autor: J. V.
Entre las zonas más afectadas por la avalancha de visitantes están el valle de Viñales, la ciudad de Trinidad, el balneario de Varadero y la capital cubana. (J. V. Y.)

A la entrada de la calle Obispo una guía explica a sus clientes las obras de restauración del casco histórico de La Habana. A pocos metros, la cola para cambiar divisas está repleta de extranjeros y en el bar de la esquina se escucha hablar inglés, francés o alemán. El turismo va moldeando el rostro de varias zonas de Cuba y convirtiéndose en un problema para sus residentes.

"En este barrio ya no se puede ni caminar", se queja Idania Contreras, vecina de la calle Obrapía en La Habana Vieja y graduada en Derecho. "Al principio la gente estaba contenta porque la zona mejoró económicamente, pero poco a poco los turistas se han ido cogiendo todos los espacios y esto se parece cada vez menos a un barrio donde vive gente".

"En el mercado una piña no baja de 20 CUP porque los restaurantes privados de la zona pueden pagar esa cantidad, ya que venden a los turistas un vaso de piña colada por tres veces ese precio"

Como consecuencia del aumento del turismo, los precios también han subido. "Ahora comprar frutas en los mercados es un dolor de cabeza porque las acaparan los dueños de casas de rentas", agrega Contreras. "En el mercado una piña no baja de 20 CUP porque los restaurantes privados de la zona pueden pagar esa cantidad, ya que venden a los turistas un vaso de piña colada por tres veces ese precio", explica. En su opinión, los principales afectados son los propios ciudadanos, que no pueden asumir esos gastos.

Contreras, que trabajó unos meses en una oficina de gestión inmobiliaria, asegura que las viviendas también van al alza en el área. "El metro cuadrado se ha disparado alrededor de la Plaza de la Catedral, la Plaza de San Francisco y las calles más rentables para alquilar". Sostiene, además, que esas zonas se empiezan a parecer al centro de Barcelona o Venecia, donde cada vez hay menos familias viviendo.

No obstante, reconoce que todavía "el problema no ha llegado al punto de otras ciudades del mundo que reciben mucho más turismo" pero se muestra preocupada porque no existen "políticas públicas para aliviar los problemas que ya estamos viviendo".

El mayor temor de Contreras es que solo se habla de la parte positiva del turismo, mientras algunas calles de la zona ya muestran síntomas de congestión y l la actividad turística agrava los problemas de tratamiento de residuos y de suministro de agua.

Varias regiones de la Isla enfrentan el reto de absorber un número creciente de viajeros a pesar de la precariedad de su infraestructura. Entre las zonas más afectadas por la avalancha de visitantes están el valle de Viñales, la ciudad de Trinidad, el balneario de Varadero y la capital cubana.

"De noche las discotecas están llenas de yumas con muchachas jóvenes y es un espectáculo realmente lamentable para nuestros hijos"

"Aquí es muy difícil para un nacional alquilar una habitación porque los propietarios de casas prefieren rentar solo a turistas", advierte Gustavo, un vendedor de artesanías en las cercanías de la Casa de la Trova en la ciudad de Trinidad, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1988 y paso obligado de numerosos paquetes turísticos.

"Toda esta zona vive enfocada hacia los extranjeros" asegura. El vendedor, nacido a las afueras de Trinidad, cree que hay mucha gente que obtiene beneficio con el turismo, pero por el camino se ha perdido la ciudad que conoció de niño. "Ahora se ha mercantilizado y todo tiene un precio, hasta las personas", lamenta.

En todos los polos turísticos, junto a los negocios privados también aumenta la prostitución. "De noche las discotecas están llenas de yumas con muchachas jóvenes y es un espectáculo realmente lamentable para nuestros hijos", apunta Gustavo.

"[El turismo] es más positivo que negativo porque hace 30 años esta ciudad tenía casas viejas y bonitas, pero nada más", opina el vendedor pese a sus reservas hacia este sector económico.

En la carretera hacia Viñales viven Carlos y sus dos hijos. Procedentes de una familia de agricultores, ahora venden frutas en un puesto a la vera del camino. "La mayoría de nuestros clientes son extranjeros que vienen o van hacia el Valle", cuenta el campesino. Hace dos años que no va hasta el pueblo porque opina que "no se puede dar un paso con tantos turistas".

"Antes esta era una zona bien guajira, con fuertes tradiciones, pero ahora todo se está perdiendo"

La zigzagueante carretera que lleva hasta Viñales también se resiente con el aumento de vehículos. "Es rara la semana que no hay un accidente en este tramo", cuenta Carlos mientras señala a una de las curvas cercana a su casa. El número de viajeros interesados por la zona parece haber crecido, pero el vendedor destaca que las calles y caminos siguen siendo los mismos y que no se han realizado ampliaciones.

Los vecinos más próximos a Carlos tienen un próspero negocio que ofrece paseos a caballo a los viajeros. Ganan mucho más con estos ecotours que sembrando frijoles o tabaco, otro cambio que se debe a la avalancha de visitantes. "Antes esta era una zona bien guajira, con fuertes tradiciones, pero ahora todo se está perdiendo", cuenta.

A pocos metros, una casa de tabaco se alza con su techo a dos aguas y sus paredes hechas de troncos. En el interior, un campesino muestra a una docena de turistas el secado de las hojas. "Esta casa ha sido preparada para los grupos que quieren ver cómo se hace el proceso, es pura vitrina", asegura Carlos. "En este pueblo ya todo es así".

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