"La Habana y Miami son mis dos ejes, mis puntos de partida y llegada"

Conversación con la escritora Daína Chaviano, a más de 40 años de su primer libro y a más de 30 años de su salida de Cuba

Daína Chaviano conversó con '14ymedio' durante su paso por la Feria Internacional del Libro de Miami. (D.C.)
Daína Chaviano conversó con '14ymedio' durante su paso por la Feria Internacional del Libro de Miami. (D.C.)

El panorama de la literatura cubana no podía ser más gris cuando apareció en La Habana, en 1980, Los mundos que amo. Ese libro de cuentos, premiado el año anterior, se convirtió enseguida en un incontestable éxito editorial y comenzó a hacer de Daína Chaviano una autora de culto desde muy joven.

Si más de cuatro decenios después el suceso sigue resultando asombroso, en aquel momento fue sencillamente un encuentro cercano con un nuevo mundo literario que parecía venido desde los antípodas del cosmos.

"Todo lo imaginado puede ser real", diría luego la escritora, que terminaría formando parte de la llamada "trinidad femenina de la ciencia ficción de habla hispana", junto a la argentina Angélica Gorodischer y a la española Elia Barceló. Una revista estadounidense describiría a Daína Chaviano con trazos elocuentes: "Es como si Ray Bradbury se hubiera casado con Michael Ende y coqueteara a veces con Anaïs Nin".

Una revista estadounidense describiría a Daína Chaviano con trazos elocuentes: "Es como si Ray Bradbury se hubiera casado con Michael Ende y coqueteara a veces con Anaïs Nin"

A aquel primer libro le siguieron otras publicaciones durante el decenio que vivió todavía la autora en Cuba. Marcharse a Estados Unidos significaría la definitiva consagración internacional de Daína Chaviano con novelas como El hombre, la hembra y el hambre, La isla de los amores infinitos o Los hijos de la Diosa Huracán, entre otros títulos, y la multiplicación de los premios que mereció.

Subrayemos que la trayectoria de esta devota escritora combinó siempre la ciencia ficción con lo que se ha dado en llamar "neofantástico", pero su literatura devendría en una exploración mítica, histórica y cultural de un fantasma. O sea, una indagación muy personal y alejada de fórmulas manidas sobre Cuba, que la autora llama "un fantasma que alimenta mi literatura".

Si el país que la escritora había dejado atrás padecía un régimen esmerado en la censura, la mentira y el adoctrinamiento, ella, desde el exilio, se volvió hacia su tierra de origen con la intención de "dar una imagen coherente para recomponer aquella realidad incompleta que me mostraron".

En la reciente Feria Internacional del Libro de Miami, Daína Chaviano, con la amabilidad que la caracteriza, accedió a responder unas preguntas para 14ymedio.

Pregunta. ¿Qué diferencias hay entre la Daína de Los mundos que amo y la de Los hijos de la Diosa Huracán?

Respuesta. Hay cuatro décadas de diferencia. La joven con una gran avidez por conocer el universo se convirtió en alguien que observa con más calma (y algo de escepticismo) los cambios que se producen a su alrededor.

Sigo manteniendo el interés por muchos temas que me fascinaron en la adolescencia, pero he sumado otros. También creo tener una mejor perspectiva para entender y prever lo que va a ocurrir, a partir de ciertas observaciones personales. En otras palabras, no me dejo arrastrar por el entusiasmo alocado de la mayoría. En cierto sentido, soy menos crédula frente a algunas cuestiones, especialmente la política.

Al haber tenido la oportunidad de viajar a lugares que nunca pensé visitar, como Escocia o Israel, he conocido una gama de culturas que han cambiado mi percepción del mundo

Otra diferencia entre ambas es que, al haber tenido la oportunidad de viajar a lugares que nunca pensé visitar, como Escocia o Israel, he conocido una gama de culturas que han cambiado mi percepción del mundo.

P. En Cuba, alcanzó una enorme popularidad a pesar de que la ciencia ficción no era una prioridad de la política cultural. ¿Cómo sintió que la recibían los escritores e intelectuales establecidos de la "élite" oficial?

R. Hubo de todo. Desde veteranos que me recibieron con simpatía y cariño hasta jóvenes que me miraron con cierto escepticismo y condescendencia. Pero han sido muchos más los amigos que gané, y que he mantenido a lo largo de los años, que aquellos que no me tomaron en serio al principio.

P. ¿Se imagina qué otra carrera hubiera seguido de no haberse dedicado a la literatura?

R. Hubiera podido ser arqueóloga, bailarina, programadora, paleontóloga, criminóloga, arquitecta o astronauta.

P. ¿Cuál es el libro suyo donde más se siente reflejada, en el que puso más de sí misma?

R. Siempre me esfuerzo al máximo en cada uno de mis libros. Si tuviera que diferenciarlos, sería por sus temas y la experiencia que tenía cuando los escribí.

Mis libros más recientes ( La isla de los amores infinitos y Los hijos de la Diosa Huracán) me han llevado más tiempo y esfuerzo que otros por las investigaciones que requirieron. A medida que pasan los años, me he vuelto más exigente con el lenguaje y los detalles, especialmente si se trata de novelas relacionadas con la historia.

P. ¿Qué significan La Habana y Miami en su vida y su literatura?

R. Son mis dos ejes, mis puntos de partida y llegada. Aunque escriba con otros referentes geográficos, haber pasado las dos mitades de mi vida en cada una de esas ciudades me ha convertido en el ser humano que soy. En ambos sitios he tenido experiencias sorprendentes que me han influido como persona y como escritora.

P. ¿Ve la literatura infantil como parte de su obra o no establece diferencias entre literatura para niños y para adultos?

R. No establezco diferencias de edad a la hora de escribir. Si algunas de mis obras han sido clasificadas para jóvenes, es porque las editoriales las catalogaron así. Es algo que ocurre con muchísimos libros que brindan diferentes niveles de lectura.

Aunque escriba con otros referentes geográficos, haber pasado las dos mitades de mi vida en cada una de esas ciudades me ha convertido en el ser humano que soy


Para poner un ejemplo, El pequeño príncipe siempre ha sido leído por niños, jóvenes y adultos, pero en cada etapa sus lectores han hecho lecturas diferentes.

Otro ejemplo. La primera vez que leí Rebelión en la granja, de George Orwell, tendría unos diez años y pensé que era un libro para niños. A lo largo de los años, cada vez que volvía a leerlo, llegué a otros estratos de comprensión de esta sátira que, obviamente, no es literatura infantil.

P. En su larga experiencia en ferias del libro, ¿qué le parece que tenga de positivo para el escritor y, tal vez, qué de negativo?

R. Lo mejor de las ferias del libro es el encuentro entre lectores y escritores. Personalmente las disfruto mucho porque me dan la oportunidad de conversar con los lectores y conocer a otros autores. Creo que se trata de un intercambio mutuo y enriquecedor.

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