Amelia Calzadilla: “No basta con denunciar, hay que pensar el país que viene”

Cuba

La activista lanza desde su exilio en Madrid un nuevo Partido Liberal Ortodoxo Cubano

Conocida por sus denuncias en redes sociales sobre la crisis en la Isla, Amelia Calzadilla apuesta por estructurar una propuesta de país para un escenario post-dictadura.
Conocida por sus denuncias en redes sociales sobre la crisis en la Isla, Amelia Calzadilla apuesta por estructurar una propuesta de país para un escenario post-dictadura. / 14ymedio/Cortesía
Luz Escobar

28 de abril 2026 - 12:11

Madrid/Desde el exilio en España, la activista cubana Amelia Calzadilla ha dado un paso que marca un giro en su trayectoria: el lanzamiento de un proyecto político propio, el Partido Liberal Ortodoxo Cubano. Conocida por sus denuncias en redes sociales sobre la crisis en la Isla, ahora apuesta por estructurar una propuesta de país para un escenario post-dictadura.

La propia Calzadilla sitúa este paso como resultado de una evolución personal marcada por el conflicto con el poder. En un mensaje reciente en sus redes sociales (con más de 17.000 reacciones y 2.000 comentarios), recuerda que en 2022 no se consideraba opositora ni activista, sino una madre inconforme ante la realidad del país. Así mismo lo contó también en una entrevista con 14ymedio, recién llegada a España, hace más de dos años.

Sin embargo, sostiene que el hostigamiento, las amenazas y las campañas de descrédito en su contra terminaron empujándola hacia el activismo político. Ese proceso, afirma, desemboca ahora en la creación de este partido, que define como una propuesta de centro-derecha liberal, con énfasis en el ideario martiano, la justicia, la dignidad y el libre mercado, aunque el detalle de su programa y las personas que se han unido a él, dice, lo revelará el próximo 19 de mayo.

“El que se quiera agregar tiene que saber que estamos en cero y que tendremos que pensar el mecanismo para hacerlo viable con esfuerzo propio”

Para el proyecto, asevera, no ha pedido financiamiento a nadie. “No hay un peso, literalmente”, confiesa. “El que se quiera agregar tiene que saber que estamos en cero y que tendremos que pensar el mecanismo para hacerlo viable con esfuerzo propio”.

Pregunta. ¿Por qué crear un nuevo partido político en lugar de integrarse en uno ya existente? ¿Y por qué hacerlo ahora?

Respuesta. No ha sido una decisión contra otros proyectos, sino una necesidad personal y política. Aunque existen varias iniciativas dentro de la oposición, muchas veces no son lo suficientemente visibles, o sus propuestas no llegan con claridad a la población. En Cuba se conoce más a los líderes que los programas políticos, y eso deja un vacío importante.

Crear un partido es, en esencia, organizar ideas de país y ponerlas sobre la mesa. No garantiza gobernar, pero sí permite que los ciudadanos tengan opciones reales entre las que elegir en un futuro democrático. También responde a la necesidad de romper con la idea de que solo una élite puede hacer política. Cualquier ciudadano debería poder construir y defender un proyecto.

El momento también influye. Percibo que el sistema está en una fase de agotamiento y que es necesario prepararse para el “día después”. No basta con enfrentar al régimen; hay que pensar cómo se va a reconstruir el país cuando ese cambio ocurra.

P. El nombre de su partido incluye el término “ortodoxo”, que remite a la historia política cubana. ¿Qué significa en su caso?

R. El término no tiene relación con el Partido Ortodoxo de los años 40 ni con figuras históricas concretas. Se usa en su sentido original: volver a las bases, en este caso a los principios del liberalismo clásico. La intención es dejar claro que se trata de un proyecto centrado en ideas como la libertad individual, no en corrientes ideológicas del pasado ni en movimientos de izquierda. Si existiera alguna coincidencia de nombre con otras organizaciones, no sería un problema modificarlo. No es una cuestión de protagonismo, sino de coherencia.

Es un proyecto pensado para una Cuba en democracia, no para la transición inmediata

P. ¿Cuáles son los principios fundamentales de su propuesta política?

R. Es un proyecto pensado para una Cuba en democracia, no para la transición inmediata. Parte de la idea de limitar el papel del Estado y potenciar el libre mercado, la propiedad privada y la iniciativa individual.

También reconoce que el país atraviesa una crisis profunda, por lo que cualquier transformación requerirá un periodo de reconstrucción complejo. Aun así, el objetivo es evitar que se perpetúe la dependencia del ciudadano respecto al Estado, porque eso condiciona su libertad, incluso a la hora de votar.

En el fondo, se trata de apostar por una sociedad donde las personas puedan desarrollarse sin ataduras económicas o políticas, y donde las decisiones se tomen desde la libertad real. Los puntos principales del programa van a ser presentados el día 19 de mayo para que todo aquel que quiera militar lo pueda hacer.

P. ¿A qué sectores de la población busca llegar su partido?

R. No está dirigido a un grupo específico. La idea es que sea un proyecto para todos los cubanos, dentro y fuera de la Isla. La defensa de la libertad individual y el desarrollo económico debería beneficiar a toda la sociedad, independientemente de sus diferencias. Es cierto que muchas personas se acercan inicialmente por afinidad personal, algo común en política, pero la intención es que el respaldo se base en el contenido del proyecto, no en la figura de quien lo impulsa. El objetivo es pasar de la denuncia a las soluciones concretas.

La existencia de múltiples proyectos no debería verse como un problema, sino como una expresión natural de la pluralidad

P. ¿Cómo se posiciona su iniciativa frente a otros actores de la oposición y proyectos como el Consejo para la Transición Democrática, con el que usted colabora?

R. La existencia de múltiples proyectos no debería verse como un problema, sino como una expresión natural de la pluralidad. En una democracia pueden coexistir distintas propuestas e incluso colaborar en objetivos comunes.

En mi caso, puedo coincidir con otros actores en temas como la defensa de los derechos humanos o la liberación de presos políticos, pero eso no implica que todos los proyectos tengan que integrarse o ser compatibles en su totalidad. Este partido no está diseñado para la transición, sino para un escenario posterior.

Al final, será la ciudadanía quien decida qué proyecto le representa. Lo importante es que existan opciones reales y que se rompa con la idea de que el futuro de Cuba depende de una sola estructura o liderazgo.

P. ¿No le parece ingenuo iniciar un partido político sin dinero?

R. Sí, toda la razón. ¿Pero sabe qué es lo que pasa? Que si yo no creo en esto, nadie va a creer, y normalmente lo que pasa es que uno inicia determinados proyectos sin tener fondos y los fondos van apareciendo. Yo no puedo hablarle, ahora mismo, a miembros o potenciales miembros del partido sin yo haberles presentado una propuesta de dinero. Porque eso es surrealista: la gente no confía en ti ni te da dinero porque sí; la gente sensata escucha tus propuestas, se identifica o no con ellas y si se identifica con ellas pues entonces hace sus respectivas aportaciones.

Por otra parte, yo tengo la dualidad y ventaja de mi comunicación. Yo quiero hacer crecer mis canales de comunicación para que también el dinero que eso genere me permita tener mayor disponibilidad de recursos para poder utilizarlos también para el partido. Como una forma de autofinanciamiento. No es la idea loca de una persona que dice “bueno, vamos a pensar esto y vamos a ver qué pasa”, sabiendo yo que todo lleva recursos. Ahora, tengo la suerte de que hay personas alrededor mío con buena voluntad dispuestas por el momento a no ganar un dinero de este partido y aun así querer contribuir a él. Eso solo te habla de la necesidad que tenemos los cubanos de participar.

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