"Soy un desobediente pacífico dispuesto a pagar las consecuencias"

El médico y activista cubano Fernando Vázquez emprende la quijotesca tarea de defender a los presos políticos bajo las amenazas de la Seguridad del Estado

Fernando Vázquez pulió sus habilidades como comunicador en los días que animaba espectáculos para turistas en la Marina Hemingway, ocupación a la que se dedicó tras haber trabajado en Argentina. (14ymedio)
Fernando Vázquez pulió sus habilidades como comunicador en los días que animaba espectáculos para turistas en la Marina Hemingway, ocupación a la que se dedicó tras haber trabajado en Argentina. (14ymedio)
Reinaldo Escobar

31 de julio 2023 - 13:34

La Habana/Al doctor Fernando Vázquez no se le reconoce en Cuba por su destreza como médico sino por su valor como activista de la causa a favor de los presos políticos. En medio de este caluroso verano y acosado por la policía política, abre sus puertas a 14ymedio para hablar de su peculiar camino vital que va de la Salud Pública al turismo para desembocar, finalmente, en el civismo.

Todavía hoy es posible que sus vecinos omitan el dato de que Vázquez es médico y se limiten a decir que hace de jardinero en el edificio donde vive en El Vedado o que en ocasiones se dedica a vender aguacates. Ocultarán su profesión porque a los cubanos que tienen un título de medicina se les prohíbe trabajar en actividades relacionadas con el turismo y él les pidió discreción sobre ese tema cuando aspiraba a ser animador turístico, desde que en 2001 canceló sus vínculos laborales con el Ministerio de Salud Pública.

Su experiencia como médico la inició en 1990 cuando fue enviado a cumplir una "misión internacionalista" en Livingstone, Zambia.

"Debajo de la escalerilla del avión nos estaban esperando funcionarios de la embajada cubana, creía que para darnos un recibimiento, pero no. Solo estaban allí para retirarnos el pasaporte"

"Cuando aterrizamos en el aeropuerto de Lusaka me emocionó ver que justo debajo de la escalerilla del avión nos estaban esperando funcionarios de la embajada cubana, creía que para darnos un recibimiento, pero no. Solo estaban allí para retirarnos el pasaporte porque el reglamento nos prohibía movernos de la ciudad a donde seríamos destinados".

Como activista por la liberación de los presos políticos, Vázquez realizó su primera acción pública el 14 de junio de este año cuando, luego de anunciarlo en su muro de Facebook, intentó una marcha pacífica desde el parque Lennon, en la calle 17, entre 6 y 8, del municipio Plaza de la Revolución, hasta las oficinas de la dirección de prisiones del Ministerio del Interior, en la misma barriada de El Vedado.

"Aunque yo no convoqué a nadie, los agentes de la Seguridad del Estado que me detuvieron y me interrogaron me advirtieron que podía ser procesado por el delito de incitación a delinquir. El documento que quería entregar no solo era breve sino suave, casi dulce, donde les imploraba, les rogaba a quienes mantienen en prisión a los manifestantes del 11 de julio que los liberaran cuanto antes".

En sus frecuentes alocuciones en Facebook, Vázquez insiste en que todas sus actividades obedecen a una motivación estrictamente personal. "No pertenezco a ninguna organización política", repite cada vez. En sus transmisiones se conduce con soltura, nunca parece irritado y, cosa poco común, pronuncia todas las letras de todas las palabras.

Sus habilidades como comunicador las pulió en los días que animaba espectáculos para turistas en la Marina Hemingway, ocupación a la que se dedicó tras haber trabajado en Argentina.

"Salí rumbo a Argentina en 1995 como turista, luego de que en el policlínico donde laboraba me dieron un permiso por un mes. Allá conseguí que me contrataran como asesor en una clínica, pero en aquel momento, según las leyes migratorias cubanas, no podía estar fuera del país por más de once meses. Cuando regresé por primera vez, con la intención de no perder mis derechos como cubano, supe que para poder salir de nuevo necesitaba otro permiso firmado por el ministro. Así fue como dejé de tener un vínculo laboral con el Ministerio de Salud Pública. ¿Por qué no me quedé a vivir allá? Porque quería estar junto a mi madre en sus últimos años de vida y porque mi corazón sigue aquí, especialmente en las Minas de Matahambre, donde viví de niño".

El lunes 24 de julio se sentó en el Malecón habanero y oró por la libertad. La Seguridad del Estado le advirtió de que si vuelve a hacerlo será procesado por desobediencia

Vázquez no solo habla frente a una cámara. Desde que defiende la libertad de los presos políticos ha visitado a los familiares de muchos de ellos. Ha tocado casi todas las puertas en el reparto La Güinera donde un manifestante fue asesinado por un policía, viajó a Santiago de Cuba para conocer de cerca a la familia de José Daniel Ferrer en el reparto Altamira y le ha dado voz a madres y esposas de varios presos políticos. El lunes 24 de julio se sentó en el Malecón habanero y oró por la libertad. La Seguridad del Estado le advirtió de que si vuelve a hacerlo será procesado por desobediencia.

Muchos de sus numerosos seguidores destacan el carácter quijotesco de sus acciones, pero si Alonso Quijano enloqueció por una sobredosis de lecturas de novelas de caballería, el doctor Vázquez sostiene su conducta en otras lecturas que han nutrido su lucidez. Allí tienen un lugar especial toda la obra de José Martí y el Sermón de los Montes de Jesús de Nazaret, pero también Gandhi, Emerson, John Ruskin, Tolstoi y Henry David Thoreau, quien le enseñó el concepto de la desobediencia civil.

"Si tuviera que definirme en pocas palabras, diría que soy un desobediente pacífico dispuesto a pagar las consecuencias por luchar contra la injusticia."

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