Para Melissa, cubana de Santa Clara, el viaje terminó en México

La muchacha es una de los miles de cubanos que en 2020 optó por pedir refugio en México, algo que se ha disparado en los últimos años

Melissa Barreto Gálvez, cubana de Santa Clara residente en Monterrey. (Cortesía)
Melissa Barreto Gálvez, cubana de Santa Clara residente en Monterrey. (Cortesía)

Cuando Melissa Barreto Gálvez abordó el avión en La Habana que la llevaría a Nicaragua, por en su mente solo estaba su hijo Mylan Kahled de tres años. Lo dejaba atrás, bajo el cuidado de la abuela, pero él era su motor impulsor para dar el gran salto y convertirse en inmigrante.

"Dejar a mi pequeño en Cuba, a lo que más amo en la vida, me provoca un dolor cada día más fuerte, que no me deja casi respirar. Es como si el mundo se te fuese a caer encima", dice conmovida a 14ymedio esta santaclareña de 22 años.

Melissa es una de los miles de cubanos que en 2020 optó por pedir refugio en México. Este trámite se ha disparado en los últimos cuatro años entre los nacionales de la Isla, que se han colocado como la tercera nacionalidad que más lo solicita, por detrás de hondureños y haitianos.

Aquí llegó en julio pasado, en medio de la crisis sanitaria en toda la región, esquivando retenes, policías corruptos, lidiando con estafadores y algunos miedos. "Salí de Cuba con otras personas. Cuando llegué a Nicaragua, a ciegas, conseguí mi renta sola y una forma de sustentarme", rememora la joven, que dejó a medias la carrera de Medicina en Cuba para buscar un futuro mejor.

"Pasé días muy difíciles porque al final los coyotes nos quitaban dinero cada vez que podían. Nos dejaron 15 días en una casa, casi sin comida porque, según ellos, era difícil la pasada, pero todo lo hacían para pedirnos más plata"

"Como todo cubano se conoce por nuestro acento y hasta por la forma de vestir, en mis salidas a trabajar conocí a dos cubanos. Comenzamos a compartir e hicimos gran amistad". Al igual que ella, los muchachos también querían brincar las fronteras hasta México, y eso hicieron juntos.

A Melissa y sus amigos le facilitaron el contacto de unos coyotes. A los pocos días, habían emprendido el camino. Los 1.200 dólares de la tarifa inicial del viaje acabaron siendo 3.500. "Pasé días muy difíciles porque al final los coyotes nos quitaban dinero cada vez que podían. Nos dejaron 15 días en una casa, casi sin comida porque, según ellos, era difícil la pasada, pero todo lo hacían para pedirnos más plata. La mayoría de la gente llega a Chiapas en cuatro o cinco días, yo pasé 26 días y fueron los peores".

La joven, que nunca perdió la esperanza de llegar a México, asegura que sintió mucha desconfianza al inicio "por las cosas que escuchaba" sobre la travesía. "Pero en el camino fui perdiendo el miedo, porque también sabía que mis amigos no me abandonarían".

Al día siguiente de pisar suelo mexicano, el 12 de julio, se presentó en la oficina de la Comisión de Ayuda a Refugiados (Comar). "Todo lo hice muy rápido y fácil, no había colas. En esos meses casi nadie estaba entrando al país, principalmente porque Honduras y Guatemala tenían sus fronteras cerradas por el covid".

"Al tercer mes de haber ido a la Comar, me llamaron para hacerme la entrevista del proceso de asilo. A los pocos días me comunicaron que fuera a buscar la resolución que me reconocía como refugiada en los Estados Unidos Mexicanos"

"Al tercer mes de haber ido a la Comar, me llamaron para hacerme la entrevista del proceso de asilo. A los pocos días me comunicaron que fuera a buscar la resolución que me reconocía como refugiada en los Estados Unidos Mexicanos". Ya está en trámites para obtener la residencia permanente.

El panorama migratorio en México para los cubanos ha cambiado mucho de unos años para acá. Lo habitual, antes, era la deportación inmediata para los nacionales de la Isla, un procedimiento interrumpido durante unos meses, hace poco más de cinco años, cuando, ante la inminente eliminación por parte del Gobierno de Obama de la política de pies secos/pies mojados, se produjo una avalancha de cubanos que entraron por la frontera de Chiapas con la intención de llegar por tierra a Estados Unidos. Entonces, recibían expeditamente un "oficio de salida" del Instituto Nacional de Migración, que les permitía permanecer en el país legalmente durante 15 días, hasta que alcanzaran la frontera norte.

Melissa ahora vive en Monterrey. Pasó unos días sin empleo, pero pudo encontrar uno para seguir adelante. Afirma que lo importante es trabajar y lo ha vivido desde el sur hasta el norte del país, dentro de una comunidad cubana que crece cada día. Y también encontró el amor en otro cubano, joven igual que ella, con deseos de "echar pa' lante", asegura.

Si todo mejora en la frontera norte, ¿piensa solicitar asilo en Estados Unidos? "Mi hijo no está aquí conmigo y no tengo planes de irme a EE UU todavía. Tal vez el día de mañana, cuando tenga a mi hijo, te pueda responder, pero la verdad quiero estar aquí, en el hermoso país que me ha acogido".

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