El síndrome de La Habana: ¿una operación de espionaje que se convirtió en un ataque encubierto?

La teoría principal apunta a que fue provocado por rayos de microondas dirigidos a edificios y residencias gubernamentales

Los altos funcionarios reiteraron que las investigaciones no son concluyentes. (EFE)
Los altos funcionarios reiteraron que las investigaciones no son concluyentes. (EFE)

El Gobierno de Estados Unidos tiene claro que hay afectados por el llamado "síndrome de La Habana" pero sigue dudando sobre el origen del trauma. La oficina de la Directora Nacional de Inteligencia (DNI), Avril Haines, emitió este lunes un comunicado en el que informa de la reunión mantenida el viernes sobre lo que llama, sin mayores detalles, "incidentes de salud anómalos", abreviándolo por sus siglas en inglés, "AHI".

La escueta nota refiere que la reunión incluyó "sesiones informativas de una amplia gama de expertos" y que en ella "acordaron unánimemente apoyar los esfuerzos interinstitucionales liderados por el Consejo de Seguridad Nacional" para resolver los "incidentes".

Además, el texto asegura que "es una prioridad principal identificar la causa de los AHI, brindar el más alto nivel de atención a los afectados y prevenir que tales incidentes continúen", y concluye que todos los participantes en la reunión "apoyarán a los afectados por los AHI para asegurarse de que se les crea, se les escuche y se les respete".

"Es posible que comenzara como un trabajo de espionaje y que se convirtiera en el instrumento de un ataque encubierto"

Este domingo, The New York Times publicó un reportaje en el que revelaba la reunión gubernamental del viernes, que en principio había sido convocada como "clasificada".

El diario neoyorquino, con fuente en altos funcionarios bajo condición de anonimato, detalló que en la reunión estuvieron presentes el secretario de Estado, Antony J. Blinken; el fiscal general, Merrick B. Garland, el director de la CIA, William J. Burns, y el director del FBI, Christopher A. Ray.

Los expertos convocados a la reunión, escribe el Times, dijeron que la teoría principal del llamado síndrome de La Habana –detectado por primera vez en diplomáticos destinados en la capital cubana entre 2016 y 2017– es, como apunta un informe de diciembre de 2020 realizado por la Academia Nacional de Ciencias, que fue provocado por rayos de microondas dirigidos a edificios y residencias gubernamentales, ya fuera involuntariamente, como parte de una labor de espionaje, o como un ataque deliberado.

Sin embargo, los altos funcionarios reiteraron que las investigaciones no son concluyentes.

"Es posible que comenzara como un trabajo de espionaje y que se convirtiera en el instrumento de un ataque encubierto", declaró al Times una fuente cercana a la investigación, que aventuró que "los enemigos de EE UU utilizaron la tecnología de microondas para tratar de reconstruir documentos mediante la detección de las emisiones de las máquinas de escribir, después de los teclados de las computadoras y, más tarde, de las comunicaciones vía teléfonos celulares".

"Pero lo decepcionante es que todavía no hay una conclusión definitiva que le permita al presidente expulsar a los rusos por la forma en que han llevado a cabo los ciberataques", dijo el mismo funcionario.

"Los enemigos de EE UU utilizaron la tecnología de microondas para tratar de reconstruir documentos mediante la detección de las emisiones de las máquinas de escribir"

Rusia no es el único sospechoso, puntualiza el periódico estadounidense: "Irán puede ser responsable de algunos de los ataques, pero la atención también se centra en Cuba, China y otros países".

Junto a ello, está la presión sobre el Gobierno por parte de las víctimas. El jueves, Blinken dijo en una carta a todo el personal del Departamento de Estado que había "escuchado crecientes preocupaciones de muchos de ustedes sobre incidentes de salud inexplicables que han afectado a los empleados del Gobierno de Estados Unidos y sus familias" y agregó que "esta es una de las principales prioridades para mí, el Departamento de Estado y el Gobierno".

Las fuentes que hablaron con el Times aseguran que los funcionarios de la Administración de Biden están sorprendidos "de lo caótica que había sido la respuesta del Gobierno durante los últimos cuatro años, porque los departamentos no tenían una forma centralizada de compartir informes de episodios y porque muchos de los objetivos eran oficiales de inteligencia cuyas identidades y ubicaciones no podían ser públicas".

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