Ho Chi Minh, de semidiós a reclamo turístico medio siglo después de su muerte

Tras ponerlo a punto para los fastos del 50 aniversario de su muerte, los científicos certificaron que el cuerpo “está en muy buenas condiciones y se ha conservado muy bien”

Mausoleo de Ho Chi Minh en Vietnam. (EFE)
Mausoleo de Ho Chi Minh en Vietnam. (EFE)

(EFE).- Adorado durante décadas como un semidiós, el héroe nacional vietnamita Ho Chi Minh, de cuya muerte se cumplen este lunes 50 años, pierde vigencia entre los más jóvenes, poco interesados en su vida más allá del icono propagandístico y el reclamo turístico de su momia en Hanói.

“Hay propaganda por todos los sitios, estatuas y carteles con sus enseñanzas, pero solo unos pocos jóvenes están realmente interesados. La Revolución no es algo que ellos puedan percibir en su día a día. La vida de Ho Chi Minh, su frugalidad, no tienen atractivo para ellos”, explica a Efe Chuong Chung, profesor emérito del City College de San Francisco.

Un corto paseo por Hanói o por la ciudad rebautizada con su nombre, la antigua Saigón, basta para comprender el icono propagandístico en el que se ha convertido el fundador del Vietnam moderno.

Además de las estatuas y pancartas en la calle, de sus fotografías obligatorias en todas las aulas de instituciones de enseñanza y edificios gubernamentales, muchas familias lucen un retrato suyo en un lugar destacado del hogar e incluso un altar con su busto, al que hacen ofrendas como si fuera uno de sus ancestros.

“Para mis padres es un ídolo, tenemos su foto en casa. Hemos cambiado de casa tres veces y siempre llevamos su retrato. Yo también le admiro, gracias a él tenemos la independencia”, cuenta en español Ngoc Chau, una guía turística e intérprete de 37 años.

La familia de Chau es un claro ejemplo del desgaste que sufre la figura del “tío Ho” (así se refieren a él la mayoría de los vietnamitas) entre las nuevas generaciones.
“Mi hija de 13 años no sabe casi nada sobre él. A la mayoría de los jóvenes no les interesa. En mi época teníamos que estudiar mucho y aprobar un examen sobre él a los 8 años”, se queja esta hija de un veterano de guerra comunista.

Un corto paseo por Hanói o por la ciudad rebautizada con su nombre, la antigua Saigón, basta para comprender el icono propagandístico en el que se ha convertido el fundador del Vietnam moderno. (EFE)
Un corto paseo por Hanói o por la ciudad rebautizada con su nombre, la antigua Saigón, basta para comprender el icono propagandístico en el que se ha convertido el fundador del Vietnam moderno. (EFE)

El profesor Chung sostiene que son los menores de 40 años, que llegaron a la edad adulta en un Vietnam más abierto económicamente y con más acceso a la información procedente del exterior, los que muestran un mayor desinterés por la figura del líder revolucionario.

“Supongo que los jóvenes le siguen respetando, suelo verles haciéndose fotos delante de su estatua. Pero los que tienen más de 40 o 50 años, que formaron parte de las juventudes comunistas, están mucho más interesados”, recalca.

Lien, una joven de 28 años licenciada en Tecnologías de la Información, se siente hastiada de la omnipresencia del “tío Ho” y de su utilización política.

“Estoy cansada de que la gente hable de él como si fuera una leyenda. Lo utilizan como un icono de perfección. Hay mucha gente con el cerebro lavado. Recuerdo que aprobar la asignatura sobre su vida era una pesadilla”, dice.

Pese a la creciente indiferencia por su figura entre los vietnamitas, su mausoleo de Hanói, donde se conserva su cuerpo embalsamado en un sarcófago, sigue siendo uno de los principales atractivos turísticos de la capital vietnamita, con más de dos millones de visitas anuales.

Este flujo se vio interrumpido este año durante casi dos meses, entre junio y agosto, por los trabajos de acondicionamiento liderados por un equipo ruso proveniente del llamado “laboratorio Lenin”, que se encarga de preservar la momia del líder bolchevique fallecido en 1924.

Tras ponerlo a punto para los fastos del 50 aniversario de su muerte, los científicos certificaron que el cuerpo “está en muy buenas condiciones y se ha conservado muy bien”.

Además de las estatuas y pancartas en la calle, de sus fotografías obligatorias en todas las aulas y edificios gubernamentales, muchas familias lucen un retrato suyo en un lugar destacado del hogar. (EFE)
Además de las estatuas y pancartas en la calle, de sus fotografías obligatorias en todas las aulas y edificios gubernamentales, muchas familias lucen un retrato suyo en un lugar destacado del hogar. (EFE)

Aunque pidió en su testamento ser incinerado para que sus cenizas se mezclaran con la tierra del país, las autoridades comunistas del momento recurrieron a sus aliados soviéticos para conservar su cuerpo y ganar un elemento de propaganda y cohesión nacional en tiempos de guerra.

Nacido en 1890 en la provincia central de Nghe An con el nombre de Nguyen Sinh Cung, a los 21 años se cansó de la vida de maestro de escuela y embarcó como fogonero en un mercante rumbo a Francia.

Pasaron 30 años hasta que regresó a su país, tras una vida azarosa que le llevó a vivir en Estados Unidos, Rusia, Hong Kong, Tailandia y sobre todo Francia, donde se empapó de la ideología comunista y pronto destacó por sus ardientes discursos nacionalistas.

Maestro del disfraz, políglota y con innumerables seudónimos, se escabulló de la Policía en diferentes países y logró regresar a su patria en 1941, en plena segunda guerra mundial, haciéndose pasar por un periodista chino.

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