Managua y León despiertan al Gobierno nicaragüense de su sueño de victoria

Unas 20.000 personas volvieron a exigir la renuncia del presidente Daniel Ortega este sábado con masivas protestas en las calles

Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los 80 a consecuencia de unas protestas contra la gestión de Daniel Ortega. (EFE)
Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los 80 a consecuencia de unas protestas contra la gestión de Daniel Ortega. (EFE)

(EFE).- Tras varios días de tímidas manifestaciones, de miedo confeso y de temor a las acciones del Gobierno, los nicaragüenses recuperaron este sábado su lugar en las calles de Managua y León, donde unas 20.000 personas volvieron a exigir la renuncia del presidente Daniel Ortega, quien proclamó en varias ocasiones su "victoria" frente a sus oponentes.

Pero la contramarcha organizada por el sandinismo a la misma hora y en un lugar cercano a la de los autoconvocados, en la que participaron unas 5.000 personas en apoyo a la continuidad del presidente, no amilanó a los capitalinos antigobierno, quienes cuadruplicaron la cifra y recordaron al mandatario que la victoria será del pueblo.

"Dice (Ortega) que logró la victoria frente a nosotros, nos llama golpistas y terroristas, pero esos a quienes él insulta estamos aquí diciéndole que Nicaragua es de los nicaragüenses y la victoria será nuestra", dijo a Acan-efe Katya Guzmán, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN).

"Creo que Ortega se autoengaña y se cree sus propias mentiras, que son las mismas que les cuenta a sus seguidores para tenerlos atados y sus órdenes", agregó la joven, quien explicó que estuvo durante días sin brindar su identidad real, pero "ya no tengo miedo, no dejaré de luchar por una vida mejor para los nicaragüenses".

Unas 15.000 personas en Managua y alrededor de 5.000 en León, en su mayoría jóvenes, volvieron a alzar sus voces y a clamar por la paz y la justicia

Unas 15.000 personas en Managua y alrededor de 5.000 en León, en su mayoría jóvenes a los que parecía habérselos tragado la tierra desde que el Gobierno endureciera las medidas de represión contra ellos y las amenazas a todo aquel que contraviniera su mandato, volvieron a alzar sus voces y a clamar por la paz y la justicia.

Los chavalos, conscientes de que podían correr la misma suerte que otros jóvenes asesinados a manos de las "fuerzas combinadas" gubernamentales, integradas por policías, parapolicías, paramilitares y antimotines, se ocultaron durante varios días, pero su afán de cambiar su país los llevó nuevamente a las calles a seguir su lucha.

Mientras los autoconvocados participaban en la marcha, organizada en señal de apoyo a los obispos por su relevante papel en el contexto de las protestas como mediadores en el diálogo nacional entre el Gobierno y la Alianza Cívica, los sandinistas se afanaban en insistir, con populares cánticos, que "el comandante se queda".

Entre un mar rojo y negro formado por banderas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pancartas con consignas por el amor y la paz, habitual proclama de Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, los manifestantes se negaron a reconocer las muertes que diversas organizaciones de derechos humanos atribuyen al Gobierno.

Carlos Daniel Gámez, manifestante sandinista, quien calificó a los autoconvocados "golpistas asesinos", dijo a Efe que los nicaragüenses que fueron asesinados desde el comienzo de las protestas contra Ortega, "se mataron entre ellos mismos como estrategia para sacar al comandante del poder", negando así las acusaciones al Gobierno.

El día de manifestaciones tuvo su broche de oro en la localidad de León, con la denominada Marcha de la burla, donde se realizaron representaciones en tono burlesco contra el Ejecutivo.

Una caminata en la que participaron unas 5.000 personas, encabezada por los personajes burlescos las Gigantonas y Pepe el Cabezón, los manifestantes clamaron en tono jocoso por la libertad y la paz en el país y, fundamentalmente, por la marcha inmediata de Daniel Ortega del poder.

Con música, personajes populares y cánticos, como si de una fiesta se tratara, los leoneses reivindicaron enérgicamente, hasta que comenzó a anochecer, el respeto a los derechos humanos y la justicia con los caídos

Con música, personajes populares y cánticos, como si de una fiesta se tratara, los leoneses, pobladores de una de las localidades nicaragüenses más castigadas por la muerte y la violencia desde el comienzo de las revueltas, sin perder el humor reivindicaron enérgicamente, hasta que comenzó a anochecer, el respeto a los derechos humanos y la justicia con los caídos.

"Hoy recuperamos la presencia que habíamos perdido y el miedo que en ciertos momentos se apoderó de nosotros, esto no lo podemos negar, ha habido miedo y temor a más muerte y más violencia, pero volvemos a decir en voz bien alta: aquí estamos, Daniel. Vete ya", dijo a Efe Rodrigo Cabrera, un joven del barrio de Sutiaba.

El chavalo, quien se apoya en su "fe en Dios", señaló que "será él (Dios) quien juzgue a Ortega y a todos los que apretaron el gatillo sembrando muerte en nombre del sandinismo", pero "mientras no llega su momento, nosotros seguiremos reclamando su marcha".

Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los 80 a consecuencia de unas protestas contra la gestión de Ortega que comenzaron el 18 de abril pasado, fecha desde la cual fueron asesinadas entre 295 y 448 personas, según diferentes datos de organizaciones de derechos humanos. 

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