La Policía de Nicaragua veta a la prensa internacional en el barrio indígena de Masaya

Ortega y su esposa insisten en que  Nicaragua recuperó la normalidad, la paz y la libertad después de que el Gobierno se hiciera con el control de las ciudades que le resultaron más incómodas 

El número de muertos en Nicaragua supera el centenar. El país se desangra y el Gobierno no apuesta claramente por el final del conflicto. (EFE)
Organizaciones que velan por los derechos humanos en Nicaragua sitúan el número de muertos por la represión de Ortega en más de 350. (EFE)

(EFE).- Libertad, justicia, paz y amor. Las palabras insistentemente repetidas por el presidente de  Nicaragua , Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, no se aplican a los periodistas internacionales que trabajan en su país, quienes este sábado fueron reprimidos y expulsados del barrio indígena de Monimbó, en la localidad de Masaya.

Diversas ciudades organizaron marchas antigubernamentales este sábado, pero la población que fue buque insignia durante las revueltas contra el Gobierno, en las que perdieron la vida entre 317 y 448 personas a manos de las fuerzas gubernamentales, fue asediada por antimotines, quienes modificaron los planes de los masayas y de quienes intentaban contar al mundo lo que ocurre en  Nicaragua .

Los manifestantes se vieron obligados a cambiar el punto de partida de la marcha, así como el recorrido, que se vio deslucido a causa de la represión que sufrieron por parte de las fuerzas combinadas del Gobierno, integradas por policías, parapolicías, paramilitares y antimotines.

Y del mismo modo, los efectivos enviados por Ortega, comandados por el comisionado Ramón Avellán, impidieron a la prensa internacional su entrada al icónico barrio de Monimbó, tal y como constató en el lugar un equipo de Acan-efe.

Los manifestantes se vieron obligados a cambiar el punto de partida de la marcha, así como el recorrido, que se vio deslucido a causa de la represión que sufrieron

"De aquí no pasan, váyanse al parque y graben allí", respondió el mando policial sin más argumentos al ser preguntado por qué estaba vetado el paso a la prensa por una calle de libre circulación y de tránsito habitual para la ciudadanía.

Sin embargo, y pese a los vetos que la prensa continúa sufriendo día a día y los impedimentos continuos para realizar su trabajo, el presidente Ortega y su esposa insisten en que  Nicaragua  recuperó la normalidad, la paz y la libertad después de que el Gobierno se hiciera con el control de las ciudades que le resultaron más incómodas durante las protestas.

Pero la tan invocada libertad en las palabras del mandatario y la vicepresidenta no se ha hecho aún efectiva para los profesionales que desarrollan su labor en medios de comunicación, especialmente castigados desde que comenzaron las protestas el 18 de abril del año en curso.

Periodistas, fotógrafos y camarógrafos han sufrido en los últimos meses robos, lesiones, registros y retenciones por parte de las fuerzas combinadas gubernamentales, enviadas a las calles por el presidente Ortega.

La tan invocada libertad en las palabras del mandatario y la vicepresidenta no se ha hecho aún efectiva para los profesionales que desarrollan su labor en medios de comunicación

La profesión periodística efectuó diversas movilizaciones para reclamar al Gobierno que permita a los reporteros realizar su trabajo con libertad para contar lo que pasa en el país, pero el Ejecutivo hace oídos sordos y continúa la presión a los medios.

Varios periodistas han sido capturados y asediados en medio de la crisis, pero la peor de las suertes la corrió Ángel Gahona, que dirigía el noticiario televisivo independiente "El Meridiano" y que hacía transmisiones a través de redes sociales, cuando fue asesinado a tiros el pasado 21 de abril.

Y así es como desde hace más de tres meses periodistas, médicos, personal sanitario en general o profesionales de la educación, entre otros, sufren en el desempeño de su trabajo la presión que el Gobierno nicaragüense aplica de manera arbitraria.

Nicaragua  atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de 1980, cuando también Ortega era su presidente.

Las protestas contra Ortega, y su esposa comenzaron el pasado 18 de abril por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en reclamaciones para que renuncie del mandatario, que lleva en el poder once años ininterrumpidos y a quien acusan sus críticos de abuso y corrupción. 

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