Víctimas y verdugos del estalinismo comparten tumba en Kommunarka

Entre los verdugos convertidos en víctimas destaca el nombre de Guenrij Yagoda, el temible jefe de la policía secreta ejecutado en 1938

 Kommunarka, lugar de ejecución de las víctimas de la represión política, Moscú. (Wikimedia)
Kommunarka, lugar de ejecución de las víctimas de la represión política, Moscú. (Wikimedia)

(EFE).- El campo de fusilamiento de Kommunarka, escenario de ejecuciones masivas durante la URSS, se ha visto involucrado en una polémica por poner juntos a víctimas y verdugos del estalinismo en el recién inaugurado Muro de la Memoria.

"No se trata de un monumento a víctimas inocentes, sino de una lista de personas cuyos cuerpos yacen aquí, independientemente de los motivos de la condena, de que fueran rehabilitados o no y de si pertenecieron a estructuras gubernamentales o antigubernamentales", dijo a Efe Yan Rachinski, cofundador de la organización Memorial.

Entre los verdugos convertidos en víctimas destaca el nombre de Guenrij Yagoda, el temible jefe de la policía secreta, NKVD, ejecutado en 1938, que tenía en el bosque de Kommunarka una "dacha" o casa de campo.

Aparte de Yagoda, en Kommunarka yacen también los restos de decenas de otros agentes de seguridad de la URSS que participaron en las represiones hasta compartir, por ironías del destino, la suerte de sus víctimas.

"He aquí una lista con los nombres de 88 agentes de los órganos de seguridad estatales que participaron de forma directa en la política represiva del Estado y cuyos restos descansan en Kommunarka", dice un escrito pegado a un árbol frente al memorial a los represaliados.

El movimiento patriótico ruso Regimiento Inmortal fue uno de los primeros en criticar el Muro de la Memoria y exigir "la retirada de los nombres de los verdugos" del monumento porque no merecen ser mencionados en el mismo lugar que sus víctimas.

Se les sumaron otros expertos como el conocido teólogo e historiador Andréi Zúbov quien tachó el memorial de una "insoportable vergüenza" y lamentó que los activistas rusos hayan puesto en la misma lista a "gente decente" y a "los canallas del NKVD".

El monumento recoge los nombres de un total de 6.609 represaliados, aunque, según expertos, en esas tierras, reposan los cuerpos de más víctimas


El monumento, inaugurado a finales de octubre, recoge los nombres de un total de 6.609 represaliados, aunque, según expertos, en esas tierras, con toda seguridad, reposan los cuerpos de más víctimas.

"Desconocemos todavía los lugares donde fue enterrada parte de los fusilados en los años 1942-1946", señaló Rachinski al tiempo que agregó que a falta de datos no se puede descartar que algunas de estas personas se encuentren en bosques de la zona.

Situado en el suroeste de Moscú, el campo de Kommunarka, a diferencia de otros lugares de ejecuciones sumarias, se convirtió durante las purgas estalinistas en un cementerio para miembros de las elites caídas en desgracia.

"La mayoría de las personas sepultadas aquí son dirigentes soviéticos de diversos rangos", reza un cartel a la entrada en la zona boscosa, donde se encuentra el memorial.

Personalidades de la Rusia zarista, ministros de la URSS, dirigentes militares, jefes de servicios secretos, diplomáticos, directores de fábricas e instituciones científicas, redactores jefes de periódicos... La máquina de la represión no se apiadaba de nadie, indiferentemente de su estatus social.

Gran parte de las víctimas fue condenada por el Colegio Militar de la Corte Suprema de la URSS como "miembros del complot trotskista derechista", sin abogado y derecho a recurrir la sentencia.

La gran mayoría de los ejecutados eran hombres, sin que haya información "completa" sobre la edad que tenían, pues las fichas de las víctimas como regla general no incluían ese dato, según explicó Rachinski.

Hasta la caída de la URSS el campo de Kommunarka era un "lugar secreto" y pasarían años hasta que los activistas delimitaron el territorio donde de los enterramientos


Hasta la caída de la URSS el campo de Kommunarka era un "lugar secreto" y pasarían años hasta que los activistas lograron delimitar el territorio donde se llevaron a cabo los enterramientos.

Uno de los avances más importantes fue conseguido recientemente, merced a una fotografía de archivo tomada por un piloto alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

La imagen, realizada en 1942, permitió a investigadores rusos conocer con más precisión el emplazamiento de las fosas comunes en Kommunarka, ayudando, de esa forma, a reducir el territorio de la búsqueda.

De todas formas, los especialistas tienen aún mucho trabajo por delante, como la identificación de las víctimas en cada fosa, que se ve dificultado por la "falta de acceso libre a los archivos del NKVD", precursor del KGB, según Memorial.

"Supe que mi abuelo está enterrado aquí solo hace 2 años", dijo Natalia quien vino a Kommunarka en compañía de su hijo.

Ambos recorrieron en silencio los nombres en el "Muro de la Memoria", hasta dar con el de su familiar.

"Mira, aquí está", dijo Natalia señalando con el dedo la lista.

"Pensábamos que había muerto en una cárcel, solo con la Perestroika se pudo conocer lo que realmente le pasó", explicó la moscovita a Efe.

Agregó, visiblemente emocionada, que después de su desaparición, el NKVD también se llevó a su abuela, que estuvo 10 años en un Gulag como miembro de la familia de un "enemigo del pueblo".

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