Todas las térmicas e hidroeléctricas de Ucrania dañadas por ataques rusos

El Gobierno alemán aseguró que su independización de la energía rusa avanza en tiempo récord

Bombardeo ruso sobre la ciudad de Kiev (Ucrania). (EFE/EPA/Sergey Dolzhenko)
Bombardeo ruso sobre la ciudad de Kiev (Ucrania). (EFE/EPA/Sergey Dolzhenko)

(EFE).- Todas las centrales térmicas e hidroeléctricas ucranianas han resultado dañadas en las ocho oleadas de ataques rusos con misiles, informó el primer ministro ucraniano, Denys Schmyhal, quien advirtió de "importantes restricciones" para este invierno.

En un mensaje en Facebook que recoge la agencia Ukrinform, el primer ministro ucraniano subraya que "el sistema energético de Ucrania sufre un importante déficit de energía y precisa que "tras ocho oleadas de ataques con misiles, todas las centrales térmicas e hidroeléctricas del país han resultado dañadas, el 40 % de las instalaciones de la red de alta tensión ha sufrido daños en mayor o menor grado".

"Todos debemos ser conscientes de que este invierno vamos a sufrir importantes restricciones en el consumo de electricidad", advirtió. Añadió que el gobierno dio instrucciones al Ministerio de Energía para que determinara y sometiera a consideración prioridades claras en materia de suministro de electricidad.

En este sentido, precisó que la primera prioridad son las infraestructuras críticas y los hospitales; la segunda, las empresas e instalaciones del complejo militar-industrial; la tercera, las empresas que fabrican bienes y productos de importancia crítica para el país, y la cuarta, el sector de la vivienda.

"Todos debemos ser conscientes de que este invierno vamos a sufrir importantes restricciones en el consumo de electricidad", advirtió

La guerra en Ucrania ha puesto de manifiesto la decisiva dependencia de Rusia en el suministro energético de Alemania, la principal potencia económica europea, que se vio obligada a reorientar su política hacia Moscú mientras surgen dudas sobre las prioridades en sus relaciones con China.

Cuando Rusia invadió Ucrania el pasado febrero, Alemania importaba de Moscú más de la mitad de sus necesidades de gas, principalmente a través del gasoducto Nord Stream 1, así como la mitad del carbón mineral y un tercio del crudo.

No obstante, el entonces recién investido canciller, Olaf Scholz, que muy a regañadientes acababa de paralizar el proceso de certificación de Nord Stream 2 ante la presión de sus aliados, reaccionó declarando una "Zeitenwende" o "cambio de era", término que es el leitmotiv de sus discursos desde entonces.

El socialdemócrata dejó claro desde el principio que un embargo al gas ruso no estaba sobre la mesa, pero encargó al ministro de Economía y vicecanciller, el verde Robert Habeck, la tarea titánica de reducir a contrarreloj esta dependencia, con el objetivo de eliminarla hasta 2024.

Sin embargo, esta meta se alcanzó antes de lo esperado, ya que en junio la rusa Gazprom redujo en un 50 % el flujo de gas por el Nord Stream, aduciendo razones técnicas, y el suministro se redujo de forma progresiva hasta detenerse por completo a finales de agosto, aunque desde entonces Alemania todavía recibe pequeñas cantidades de gas ruso por otras vías.

Berlín ha desplegado este año una actividad frenética, aumentando las importaciones por gasoducto de Noruega, Bélgica y Países Bajos e iniciando la construcción de terminales de gas natural licuado (LNG), las primeras de las cuales estarán a finales de año listas para importar de países como Catar.

Los socios de Gobierno verdes se tuvieron que tragar sapos como la reactivación de una veintena de centrales de carbón que habían pasado a la reserva para ahorrar electricidad y el alargamiento hasta la primavera de la vida útil de los tres últimos reactores nucleares de Alemania, que debían ser desconectados a final de año.

Berlín ha desplegado este año una actividad frenética, aumentando las importaciones por gasoducto de Noruega, Bélgica y Países Bajos e iniciando la construcción de terminales de gas natural

Contra el pronóstico inicial, los esfuerzos del Ejecutivo consiguieron llenar hasta los topes los depósitos de gas, que a inicios de diciembre se encontraban al 98,24 % de su capacidad, y el consumo se redujo de forma significativa, en un 16 % a finales de noviembre, aunque influyeron también las temperaturas inusualmente altas.

A pesar de todo ello, la vertiginosa subida de precios obligó al Estado a rescatar a empresas importadoras de gas en apuros, como Uniper -el principal cliente extranjero de Gazprom- y forzó a parte de la industria a reducir la producción, mientras que los ciudadanos se enfrentan a subidas del 100 % de los costes de calefacción y a una inflación galopante.

La dependencia de crudo ruso también ha proporcionado algún que otro quebradero de cabeza, pero gracias a un acuerdo con Polonia y a la nacionalización de una refinería clave que se encontraba en manos rusas está previsto que sea posible cumplir el embargo europeo.

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