Los agentes cubanos siguen en Chile “y son una amenaza para la democracia”
Chile
Los servicios de inteligencia cubanos se han infiltrado en el gobierno, la prensa, la academia, los sindicatos, los movimientos sociales, en organizaciones y empresas, sostiene el ex agente Enrique García
La Habana/La intervención del régimen cubano en Chile “no es un episodio aislado de la Guerra Fría", sino que ha sido "una política de Estado" sostenida desde hace cinco décadas. La afirmación la hace Enrique García con conocimiento de causa, pues fue oficial de la inteligencia cubana entre 1978 y 1989. En un artículo para el medio El Líbero este lunes, el ex agente advierte que los agentes de la Isla siguen en el país y “representan una amenaza para la democracia chilena”.
“Sé que Cuba ha trabajado por décadas para influir, penetrar, financiar, orientar y aprovechar conflictos internos chilenos para colocar gobiernos o influir en ellos en favor de sus intereses estratégicos y planes de llevar la revolución a toda la región”, asegura García, quien fungió en su momento como vicecónsul en Bolivia y representante comercial en Ecuador, posiciones que servían de fachada para su labor de agente encubierto.
El último ejemplo de la influencia cubana en el país que recuerda fue el estallido social de octubre de 2019, cuando se registraron masivas movilizaciones que exigían profundos cambios estructurales en el sistema económico chileno. “No debe verse solo como un fenómeno espontáneo”, pues asegura que antes de aquello hubo “muchas expresiones de desestabilización, métodos, redes y narrativas" que afirma conocer "muy bien". En ese entonces, se registraron incendios en el Metro de Santiago. Fueron incendiadas 25 estaciones y siete fueron quemadas parcialmente, con un total de 118 estaciones dañadas de 136. Peritajes demostraron que se utilizaron artefactos de ignición programada en algunas estaciones.
García llamó al presidente entrante de Chile, José Antonio Kast, a que llevara “a los tribunales a todos los subversivos que trataron de destruir Chile en 2019”
Con el cambio de Gobierno en el país, García llamó al presidente entrante de Chile, José Antonio Kast, a que llevara “a los tribunales a todos los subversivos que trataron de destruir Chile en 2019”. En una entrevista en enero pasado, también con El Líbero, aseveraba que “Cuba, de alguna manera, tuvo que ver en los desmanes que se realizaron en Chile, cuando destruyeron el Metro y quemaron la ciudad de Santiago. Yo creo que, en todo ese tipo de hechos, las personas que participan responden a los intereses cubanos”.
Aunque la Fiscalía de Chile negó la presencia de agentes cubanos o venezolanos en las movilizaciones –pese a que medios locales lo aseguraron–, remarca que la “limpieza de la casa” mediante mecanismos legales es la única vía para neutralizar a los agentes desestabilizadores cubanos que siguen presentes en el país, muchos fuertemente enquistados en la gestión de Gabriel Boric, “en el gobierno, la prensa, la academia, los sindicatos, los movimientos sociales, en organizaciones de todo tipo, en empresas y a todo nivel”, pero que datan desde la década de 1960, cuando se crearon el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, “dirigidos y financiados por los servicios cubanos”.
García, quien durante su trabajo como agente tuvo acceso a expedientes secretos, a la identidad de agentes operando clandestinamente al servicio de La Habana y a la información sobre las operaciones subversivas, explica que “Salvador Allende recibió apoyo de Cuba durante años, incluido el financiero. En su entorno operaban agentes y relaciones de confianza de la inteligencia cubana”. La CIA llegó a documentar que 54 agentes reportaban al propio Fidel Castro desde Santiago de Chile.
La CIA llegó a documentar que 54 agentes reportaban al propio Fidel Castro desde Santiago de Chile
Al llegar a la presidencia, recuerda el ex funcionario de inteligencia, “Castro no se conformó con respaldarlo, sino que intentó dirigirlo. Cuba instaló en Santiago una estructura de inteligencia de gran tamaño, otra estructura dedicada al trabajo subversivo y una guarnición de tropas especiales dentro de la embajada. Eso no era diplomacia, sino una plataforma de intervención”.
En su texto, recuerda que, tras la visita de Castro a Chile, en 1971, hubo una ruptura entre ambos líderes. “Fidel presionó para crear una milicia popular, apoyarse en el MIR y avanzar hacia un autogolpe para abrir paso a una revolución socialista. Allende no lo aceptó. Cuando Allende se resistió al modelo exigido por Castro, comenzó a ser visto como un obstáculo y la presión aumentó; se enviaron recursos, se enterraron armas y se impartieron instrucciones al MIR al margen de Allende para avanzar en la creación de milicias. Mientras públicamente se hablaba de solidaridad, en la práctica Cuba empujaba a Chile hacia un escenario insurreccional. Lo cierto es que Fidel denominó a Allende un traidor por negarse a romper con la legalidad chilena”, sostiene.
Sobre esas diferencias, el medio chileno La Tercera señaló en un reportaje de 2023 que fueron ventiladas por el propio Allende, quien llegó a contar al filósofo francés Regis Debray que fue “amigo del Che”, y le mostró la dedicatoria de su libro La guerra de guerrillas: “A Salvador Allende, que por otros medios trata de obtener lo mismo. Afectuosamente, Che”.
Tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, “la operación cubana no terminó, sino que cambió de forma”
Casi dos años después, tras el golpe militar del 11 de septiembre de 1973, “la operación cubana no terminó, sino que cambió de forma”, dice García. “Se rompieron las relaciones con Cuba, pero la inteligencia reorganizó su trabajo desde el exterior y continuó organizando, entrenando y financiando actividades subversivas, como el atentado contra (Augusto) Pinochet, que fue organizado en La Habana. Se siguió reclutando agentes, especialmente entre exiliados chilenos, un trabajo que se construye a largo plazo. Cuba opera sin límites típicos de las democracias y espera años para recoger los frutos de una infiltración clandestina”, agrega.
A pesar de que La Habana tiene hoy menos influencia en Chile, Enrique García advierte que “se han entrenado incontables chilenos para hacer revolución, tanto en lucha armada como en subversión ideológica y política”, y agrega que el objetivo de La Habana sigue siendo “influir en la vida política chilena, penetrar sus instituciones y empujar procesos de radicalización funcionales a los intereses de Cuba”.