Los arrestos de europeos en China y sus confesiones televisadas generan temor

Tamara Gil

22 de enero 2016 - 14:30

Pekín/(EFE).- Primero fueron a por abogados chinos de derechos humanos, luego a por libreros hongkoneses, dos de ellos con pasaporte europeo, y ahora han arrestado al cofundador sueco de una ONG. Es la lista más reciente de perseguidos por el Gobierno chino y dibuja un panorama sombrío que genera temor y preocupación.

Diplomáticos, trabajadores sociales, abogados o activistas reaccionan con estupor a las últimas y continuas noticias de arrestos en China y a las supuestas confesiones televisadas por medios oficiales tanto de ciudadanos chinos como de extranjeros. Una actuación que evidencia, dicen, una tendencia "preocupante".

El último caso ha sido el del sueco Peter Dahlin, que apareció esta semana en la principal cadena de televisión estatal, CCTV, para confesar sus "crímenes" y asegurar que está recibiendo un trato justo. Sus compañeros consideran la grabación un "absurdo" y sus declaraciones "falsas" y hechas "bajo coacción".

Dahlin, cofundador de la ONG China Action, se disponía a tomar en Pekín un vuelo con su novia rumbo a Tailandia, pero ninguno llegó al aeropuerto. Sus compañeros les dieron por desaparecidos.

Diplomáticos, trabajadores sociales, abogados o activistas reaccionan con estupor a las últimas y continuas noticias de arrestos en China y a las supuestas confesiones televisadas por medios oficiales

Poco después, la policía china acababa con la incógnita: el sueco había sido detenido acusado de poner en peligro la seguridad del Estado, mientras el paradero de su pareja continúa siendo un misterio.

La organización que estableció Dahlin tiene como objetivo promover los derechos humanos y el Estado de Derecho en China apoyando a abogados y académicos, entre otros, y las autoridades argumentan que la ONG recibió dinero del exterior para provocar incidentes y agravar problemas de la sociedad con el objetivo de minar al gobernante Partido Comunista.

Al trabajador sueco le relacionan con el bufete Fengrui, que está en el punto de mira del régimen desde que el pasado verano arrestaran a su director, Zhou Shifeng, y a muchos abogados de derechos humanos que trabajaban o colaboraban con este, como la prominente Wang Yu.

Antes de Dahlin, pero después de los abogados, se sumaron los libreros de Hong Kong. Cinco directivos o empleados de editoriales que publican libros críticos con el Gobierno chino desaparecieron entre el mes de octubre y diciembre del año pasado. Hace poco, se desveló el paradero de dos de ellos: China.

La duda se despejó en el caso de los dos únicos libreros que cuentan con pasaporte europeo, Gui Minhai (sueco) y Lee Bo (británico), que ahora están bajo custodia china.

Como Dahlin, Gui apareció en la pequeña pantalla afirmando que se entregó a las autoridades para "rendir cuentas" por un crimen que cometió hace años; en el caso de Lee, la policía se ha limitado a confirmar que está en territorio chino.

"Es vergonzoso. La justicia, el respeto a la ley, es cada vez peor en China. Estamos retrocediendo", considera en declaraciones a Efe el letrado Yu Wengsheng, quien se muestra seguro de que Gui y Dahlin han sufrido presiones "o torturas" para confesar en televisión. "Yo pasé por lo mismo hace años", recuerda.

Inquieta, y mucho, la nueva ley que planea aprobar Pekín para controlar a las ONG foráneas que trabajan en el país y que "equipara el trabajo de estas organizaciones con crímenes contra el Estado"

En opinión del letrado, se ha producido un cambio fundamental que ha elevado la preocupación. "Antes, el Gobierno quería mantener su prestigio frente al exterior, pero ahora ya no. Con atacar a abogados y a gente de ONG que ayuda a colectivos maltratados no les parecía suficiente. Ahora también a extranjeros que ayuden a la sociedad civil", agrega.

No es el único en mostrar su preocupación. Desde organizaciones sin ánimo de lucro que trabajan por las libertades en el país también señalan a Efe que la situación se complica.

Inquieta, y mucho, la nueva ley que planea aprobar Pekín para controlar a las ONG foráneas que trabajan en el país y que, en el borrador que se ha publicado, "equipara el trabajo de estas organizaciones con crímenes contra el Estado", denuncia una empleada de este colectivo, que pide mantener el anonimato.

Este nuevo trato a los extranjeros también alarma a la Unión Europea. En un reciente encuentro con periodistas, su embajador en Pekín, Hans Dietmar Schweisgut, confió en que esta práctica no se convierta en "algo habitual", aunque señaló que es una "preocupante tendencia".

A ella se suma la expulsión de periodistas. Nada más empezar 2016, ya se ha dado un caso, la corresponsal francesa de la revista L'Obs, Ursula Gauthier.

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