Irán convierte el funeral de Jameneí en una demostración de fuerza frente a EE UU e Israel

Irán

Cuba estuvo representada por el ministro de Educación Superior y un funcionario de Exteriores 

Walter Baluja García y Armando Vergara Bueno, integrantes de la delegación oficial cubana enviada a Teherán.
Walter Baluja García (al centro) y Armando Vergara Bueno, integrantes de la delegación oficial cubana enviada a Teherán. / X / Embajada de Cuba en Irán
14ymedio / EFE

03 de julio 2026 - 17:56

Madrid/Irán inició este viernes en Teherán los funerales de Alí Jameneí con una puesta en escena pensada para mostrar unidad interna, músculo diplomático y desafío frente a Estados Unidos e Israel, por la eliminación del líder supremo el pasado 28 de febrero, en el primer día de la guerra.

La ceremonia, celebrada en la mezquita Mosala de Teherán, reunió a altos cargos iraníes y a delegaciones extranjeras en torno al féretro del religioso, que dirigió los destinos del país durante más de 36 años. El ataúd, envuelto en la bandera iraní, fue presentado con un turbante negro, símbolo de los descendientes de Mahoma, y un pañuelo palestino, en una escenografía cargada de símbolos políticos y religiosos.

Junto al féretro de Jameneí fueron colocados los de cuatro familiares muertos en el mismo ataque, entre ellos una nieta de tres años y la esposa de Mojtaba Jameneí, hijo del fallecido y nombrado nuevo líder supremo el 8 de marzo, pero que no ha sido visto en público desde entonces.

Cuba estuvo representada por Walter Baluja García, ministro de Educación Superior, y por Armando Vergara Bueno, director para el Norte de África y Oriente Medio del Ministerio de Relaciones Exteriores. La delegación llegó a Teherán la noche del 2 de julio y fue recibida en el Aeropuerto Internacional Imam Khomeini por Zahra Ershadi, directora general para las Américas del Ministerio de Exteriores de Irán. Además de asistir a las ceremonias fúnebres, la representación cubana tenía previstas reuniones bilaterales con funcionarios locales, según informó la Embajada de Irán. 

La lista de asistentes extranjeros fue mucho más amplia que la inicialmente divulgada por medios iraníes.
La lista de asistentes extranjeros fue mucho más amplia que la inicialmente divulgada por medios iraníes. / EFE

La presencia cubana se inscribe en la estrecha relación política entre La Habana y Teherán, dos aliados habituales en los foros internacionales y unidos por su confrontación con Washington. Para el régimen cubano, asistir a las exequias supone además un gesto de alineamiento con uno de sus principales socios políticos fuera de América Latina, en un momento de creciente aislamiento diplomático y crisis económica en la Isla.

La lista de asistentes extranjeros fue mucho más amplia que la inicialmente divulgada por medios iraníes. Además de Cuba, participaron o fueron anunciadas delegaciones de Rusia, China, Irak, Siria, Líbano, Afganistán, Marruecos, Catar, Omán, Arabia Saudí, Nicaragua, Pakistán, Armenia, Tayikistán, Georgia, Turquía, India, Bangladesh, Bielorrusia, Kirguistán, Uzbekistán, Namibia, Malasia, Myanmar, Tanzania y Tailandia, entre otros países. Las autoridades iraníes hablaron de la asistencia de delegaciones de alrededor de un centenar de Estados, aunque los actos de alto nivel de este viernes estuvieron encabezados por un grupo más reducido de mandatarios, primeros ministros, presidentes de parlamentos y enviados especiales.

Entre los asistentes destacaron el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif; el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan; los presidentes de Irak y Tayikistán; el vicepresidente turco, Cevdet Yilmaz; y el expresidente ruso Dmitri Medvédev, actual vicepresidente del Consejo de Seguridad de Rusia y enviado especial de Vladímir Putin.

La capital se mantiene bajo máxima alerta, con fuerte presencia policial, vuelos limitados sobre la ciudad y un perímetro de seguridad de kilómetro y medio alrededor de Mosala

Las autoridades iraníes convirtieron la despedida en una reafirmación de lealtad al sistema. El presidente Masud Pezeshkian lloró ante el ataúd, acompañado por el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, y el jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Eyei. Los altos mandos militares aprovecharon la ceremonia para renovar su adhesión a la Revolución Islámica y prometer venganza.

El comandante en jefe del Ejército, Amir Hatami, afirmó que Irán “vengará la sangre del líder mártir”, mientras reaparecía en público Ahmad Vahidi, comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, a quien no se veía desde febrero. Su presencia fue interpretada como un mensaje de continuidad del aparato militar tras los golpes sufridos durante la guerra.

Teherán amaneció blindada. La capital se mantiene bajo máxima alerta, con fuerte presencia policial, vuelos limitados sobre la ciudad y un perímetro de seguridad de kilómetro y medio alrededor de Mosala. El dispositivo busca evitar atentados o protestas en unos funerales que el régimen considera decisivos para proyectar control tras meses de guerra y agitación interna.

Cuando se anunció la muerte de Jameneí en febrero, en varias zonas de Teherán se escucharon celebraciones desde las ventanas al grito de “Jameneí ha muerto”

Los actos se extenderán durante seis días y recorrerán cinco ciudades de Irán e Irak. Tras el homenaje inicial de este viernes, el sábado y el domingo se celebrará un velorio en Mosala. El lunes, el cortejo fúnebre atravesará Teherán; el martes será trasladado a Qom; el miércoles pasará por las ciudades iraquíes de Nayaf y Kerbala, sagradas para los chiíes; y el jueves Jameneí será enterrado en Mashad, en el mausoleo del imán Reza.

Las autoridades esperan una asistencia multitudinaria y han llegado a prever hasta 20 millones de personas solo en Teherán. De cumplirse esa cifra, el funeral superaría al de Ruholá Jomeiní, fundador de la República Islámica, al que asistieron unos 10 millones de personas en 1989 y que hasta ahora era considerado el mayor acto fúnebre de la historia del país.

El lema oficial de las ceremonias, “debemos levantarnos”, aparece en carteles instalados por toda la capital. La consigna resume el mensaje que el régimen quiere transmitir: resistencia, continuidad y desafío frente a sus enemigos exteriores.

Sin embargo, la movilización también intenta cubrir las grietas internas de la República Islámica. Numerosos iraníes rechazan el sistema clerical, reclaman libertades y no olvidan la represión de las protestas de enero, que dejaron más de 7.000 muertos según organizaciones opositoras en el extranjero. Cuando se anunció la muerte de Jameneí en febrero, en varias zonas de Teherán se escucharon celebraciones desde las ventanas al grito de “Jameneí ha muerto”.

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