María Corina Machado intenta volver a Venezuela pese a la oposición de EE UU, que considera "inoportuno" su regreso
Venezuela
Aumentan las críticas hacia Delcy Rodríguez y las FF AA de Venezuela por la improvisación y la falta de medios para rescatar a las víctimas de los sismos del 24 de junio
Caracas/La líder opositora de Venezuela, María Corina Machado, aseguró este domingo que "ha llegado el momento" de regresar a su país tras los terremotos del pasado miércoles que han dejado 1.450 muertos, 3.150 heridos y 12.721 familias damnificadas, por lo que "muy pronto" estará con su pueblo. Sin embargo, el reclamo al parecer no es bien visto en Washington, según señalan varios medios.
"Ha llegado el momento, es mi deber acompañar a mi pueblo, necesitamos estar juntos para abrazarnos, para llorar, para guardar luto juntos, pero también para darnos fuerza mutuamente en este momento tan difícil", dijo la Premio Nobel de la Paz de 2025 desde el exilio, en una entrevista con la cadena Fox.
La líder venezolana indicó a Fox que en este momento la prioridad absoluta es salvar vidas y "consolar y ayudar a quienes se han visto afectados". "Muy pronto estaré de regreso en Venezuela, junto al pueblo venezolano", afirmó.
Dos funcionarios de la Administración del presidente Donald Trump aseguraron a The New York Times que Machado ha pedido ayuda a Washington para regresar a su país pero el reclamo es visto como "inoportuno" por los dos funcionarios, que no se identifican, e incluso uno lo considera un "truco político".
"Apoyamos su regreso a Venezuela, pero, ¿tiene que ser 24 horas después de una catástrofe humanitaria masiva en la que el número de muertos sigue aumentando?"
"Apoyamos su regreso a Venezuela, pero, ¿tiene que ser 24 horas después de una catástrofe humanitaria masiva en la que el número de muertos sigue aumentando?", dijo también un alto funcionario de la Casa Blanca a la agencia británica Reuters.
Machado, que regaló su premio Nobel al presidente Trump, ha querido volver a Venezuela durante meses. Sin embargo, een una reunión en la Casa Blanca que se llevó a cabo el pasado marzo varios líderes estadounidenses manifestaron su preocupación por la seguridad de Machado ya que consideran que el Gobierno de EE UU ha priorizado el trabajo con el Gobierno interino que encabeza la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Entretanto, las críticas van emergiendo contra el Gobierno de Venezuela, que este domingo confirmó el rescate de 33 personas con vida, gracias al despliegue de equipos especializados del país, pero, sobre todo, extranjeros. Precisamente ayer, cuatro días después del doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5, llegó el primer equipo cubano de búsqueda y salvamento, acompañado de tres canes, que acompañarán a los médicos en Venezuela.
Delcy Rodriguez, dijo que el país se encuentra en un periodo crucial para el hallazgo de sobrevivientes, cuando ya se han cumplido cuatro días desde el terremoto. “Estamos en las horas críticas de poder salvar vidas, y nosotros, quienes no estamos en las labores como ustedes, estamos en oración para que podamos encontrar personas con vida”, añadió.
“A los sitios donde ustedes llegaron, llegó esperanza, y se unieron al extraordinario trabajo que los rescatistas venezolanos han estado haciendo desde el primer minuto”, dijo a los rescatistas internacionales, con los que estuvo.
Leonela Delgado, quien continúa buscando a su hijastro entre los escombros de un edificio desplomado en Playa Grande, cuenta a EFE que las expectativas se apagan poco a poco. "La esperanza es lo último que se pierde, pero ya no tenemos muchas esperanzas", dice. "Las personas que estaban con vida en el momento en que nosotros llegamos y los días siguientes ya no tenemos señales de ella. Igual, ojalá sí podamos recuperar a alguien todavía vivo, pero la verdad es que al pasar el tiempo la esperanza disminuye ¿no? también por la circunstancia en las que quedó la edificación", añadió Delgado, de 38 años.
Su hijastro estaba con su mamá en el edificio Belo Horizonte de Playa Grande, del que quedaron solo unos cuatro de los 17 pisos en pie. "Desde el día que llegamos había muchas personas que estaban vivas (...) y como pudimos tratamos de mover algunas cosas, mover escombros, pero bueno, no tuvimos éxito", relata Delgado, convertida, por las circunstancias, en una rescatista más, aunque sin las herramientas ni el conocimiento adecuado.
El viernes, por ejemplo, sacó de los escombros a personas fallecidas que antes le habían pedido ayuda. "Estaban bajo losas muy pesadas y no teníamos ni las herramientas ni la maquinaria ni el equipo adecuado para poder sacar y mover a esas personas", relató.
Delgado denunció, como muchas personas de esta comunidad ubicada justo frente al mar, que no han tenido ayuda, salvo la que ha llegado de civiles, pequeños equipos de bomberos, Protección Civil y grupos rescatistas de Italia y Ecuador.
"La policía viene, toma un video, toma la foto y se van. Ahorita lo acaban de hacer y ese ha sido el factor recurrente desde que ocurrió el siniestro (...) todo ha sido de manera voluntaria, no ha sido ningún plan de contingencia que haya llevado a cabo ningún ente gubernamental", sostuvo.
El terremoto del miércoles es el más mortífero que ha vivido Venezuela en el último siglo, tras superar el millar muertos. Cincuenta y nueve años antes, en julio de 1967, se produjo en las proximidades de Caracas un sismo en el que murieron 245 personas, miles sufrieron heridas y los daños materiales fueron muy cuantiosos.
Pero el deslave ocurrido en 1999 en La Guaira, antes conocida como Vargas, ha sido la peor catástrofe natural que ha vivido Venezuela con estimaciones de entre 10.000 y 30.000 muertos.
Para entonces, hubo cientos de denuncias de falta de personal capacitado para responder al desastre y se criticó al Gobierno del fallecido Hugo Chávez (1999-2013) porque rechazó la ayuda de Estados Unidos.
Denuncias similares ocurren hoy, con la diferencia de que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha aceptado y recibido la ayuda de todos los países que se la han ofrecido, especialmente la de Washington, a quien tiene como aliado tras la captura del pupilo de Chávez, Nicolás Maduro.
"Lamentablemente hay personas que han perdido la vida por falta de rescatistas, por falta de personal capacitado, tenemos personas que están ya en estado de descomposición, cuerpos como es el de mi familiar, donde lamentablemente no hemos tenido (...) respuesta del Gobierno", indicó la enfermera Diana Guzmán. La enfermera viajó a Venezuela desde España, inmediatamente después de conocer la noticia de los terremotos y lo que se encontró fue a familiares "sin ningún tipo de conocimiento" sobre rescates realizando la labor.
"Todo lo que hacen lo hacen de manera empírica por el deseo de querer recuperar su familiar con o sin vida", sentenció Delgado, tras denunciar que el Gobierno "lo que ha hecho es poner trabas" para que llegue la ayuda. Aún así, tanto Delgado como Guzmán reiteraron el llamado a las autoridades para que atiendan el desastre.
Y aunque el desespero invade y el trabajo no para, el riesgo para las personas que permanecen en estas zonas también está latente, porque entre la hilera de edificios, hay estructuras que en cualquier momento podrían terminar de caer con las réplicas.
En La Guaira, precisamente, ha surgido un campamento improvisado en el estacionamiento de una farmacia y dos baños para cientos de personas donde sobrevive uno de los muchos grupos de damnificados que sigue sin protección.
Se alimentan gracias a las donaciones de grupos de apoyo, y preparan sus comidas en sus propias cocinas, que algunos pudieron rescatar entre los restos de sus edificios y que pueden encender con fuego gracias a cilindros de gas que han traído.
Sus casas son ahora carpas o sábanas extendidas al aire libre que sirven para protegerse del sol y los zancudos, que abundan en este estado costero, donde el calor y la humedad afecta también las labores de rescate.
“No ha llegado nadie del Gobierno a decir ‘Vamos a ver dónde los podemos ubicar’. No. Los que nos han prestado el apoyo han sido los mismos venezolanos. Nosotros mismos sobreviviendo y guerreando. Estamos como abandonados”, dice Socorro Sánchez a EFE.
Sánchez, que sobrevive al deslave de 1999, dice que le da gracias a Dios.“Por algo nos está dando una oportunidad. Pero mi familia me dice: si Dios te está dando tanta oportunidad, vas a tener que salirte de ahí (de la Guaira)”.
A unos metros, se encuentra otro refugio con otros cientos de damnificados, quienes usan recipientes de plástico y bolsas para sus necesidades. El olor a heces y orine es ineludible.
“Nos hace falta por lo menos un baño, porque tenemos que estar buscando los huequitos y ya no se da abasto. Aunque sea unos baños portátiles. Entiendo que fue muy grande lo que pasó, pero nos hace falta”, dice Yajaira Alvarado, de 75 años, quien subraya que tiene cálculos en los riñones.
“Esto es horrible. Les pedimos que por lo menos nos manden unos (baños) portátiles. Ya nosotros nos encargaremos de limpiarlos”, pide en entrevista con EFE
Para asearse, Alvarado pide ayuda a otras personas, quienes extienden sábanas a su alrededor para darle un poco de intimidad mientras ella se vierte agua en su cuerpo con un recipiente de plástico para lavarse, una práctica común desde hace años en Venezuela por fallas en los servicios públicos.
“Esto es horrible. Les pedimos que por lo menos nos manden unos (baños) portátiles. Ya nosotros nos encargaremos de limpiarlos”, pide en entrevista con EFE.
En su refugio no tienen cocinas. Y aunque agradece la comida que llevan los voluntarios, Alvarado extraña preparar su café y su propio desayuno. Y extraña también bañarse, sobre todo bañarse. Como antes: entre paredes.
Allí, los rescatistas continúan trabajando. A medida que excavan, los profesionales colocan soportes de madera para estabilizar la estructura y prevenir derrumbes que puedan poner en riesgo su seguridad.
En Corales, Javier Erken, parte del grupo de 40 bomberos peruanos que llegó el pasado viernes a Venezuela, dijo a EFE que en las últimas horas rescataron a una mujer de 60 años que había quedado atrapada en un edificio de seis pisos. El equipo de Perú trajo a una perra que ladra o se sienta para identificar personas fallecidas o con vida en este estado costero, donde Erken subraya que la temperatura incomoda las labores de búsqueda de supervivientes y recuperación de cuerpos.
“Lo que está diferenciando acá (en La Guaira), y nos está pegando muchísimo, es la temperatura. La temperatura complica las operaciones, primero por la deshidratación del personal; lo segundo es la descomposición rápida de los cadáveres”, subrayó Erken.
El olor a muerte es tan intenso en algunas partes que incluso se percibe con mascarillas, en un contexto de edificios colapsados, quemados, inhabitables y desalojados por la destrucción.
El rescatista peruano se mostró positivo sobre la posibilidad de rescatar personas aún con vida, a pesar de que han transcurrido casi 100 horas del terremoto: “Una cosa es lo que diga la teoría y otra es lo que dice la experiencia”.
En la misma zona, el jefe de la misión brasileña de rescatistas que llegó a Venezuela el viernes, Armin Braun, dijo a EFE que a partir de este lunes funcionará un hospital de campaña de la Marina de Brasil con 48 personas para prestar atención.
Aparte de este número, también tienen a 80 brasileños como personal de búsqueda y rescate para un total 128 brasileños en misiones en La Guaira. Aquí confluyen rescatistas, supervivientes y un alto número de militares y policías de distintas instituciones que controlan las vías terrestres.
Miles de motocicletas hacen tanto ruido que, de vez en vez, funcionarios piden que apaguen los motores para escuchar los posibles gritos de sobrevivientes bajo los escombros.
En los últimos días, han ocurrido saqueos en numerosos comercios de La Guaira, tanto que se puede leer el mensaje “Ya fue saqueado” en carteles o pintas en las afueras de varios negocios. Los comercios permanecen cerrados o destruidos y la poca venta que hay es de trabajadores informales que tienen puestos de bebidas o de aceites para automóviles.