Los olores de Cuba en cinco latidos

El Teatro del Generalife fue testigo del estreno mundial de la obra de teatro y danza '¡Oh Cuba!', espectáculo que llenará las noches granadinas hasta el 26 de agosto

TEATRO Y DANZA Los olores de Cuba en cinco latidos  Anoche el Teatro del Generalife fue testigo del estreno mundial de la obra de teatro y danza '¡Oh Cuba!', espectáculo que llenará las noches granadinas hasta el 26 de agosto Los olores de Cuba en cinco latidosLos olores de Cuba en cinco latidos Los olores de Cuba en cinco latidos ALBA RODRÍGUEZ Granada, 19 Julio, 2017 - 08:28h FACEBOOK  TWITTER  GOOGLE-PLUS  Hay olores que llegan al centro, que invaden cada centímetro de epidermis y se instalan en su trinchera por siempre jamás. No en vano la memoria olfativa es la que más perdura. El centro cortical, donde se desarrolla este sentido, está repleto de instantes, de noches sin acabar, del perfume de toques ácidos que emana del cuello de alguien cuando cambia la brisa en verano. El olor es el centro de nuestra historia.  Anoche se pudieron recuperar las fragancias de la Cuba de Federico García Lorca. La ropa recién lavada, el guiso, el olor a ladrillo y humedad de la Habana vieja, los campos de tabaco y caña o el del vaso de guarapo fresco. Desde algo después de las diez de la noche horas y gracias a la magia de la sinestesia, el público del Teatro del Generalife pudo cruzar el Atlántico y poner pie en la Mayor de las Antillas a base de música, danza y luz.  POESÍA, DANZA Y MÚSICA CONFORMARON TODA UNA RAZÓN ESCÉNICA ANTE UN AUDITORIO LLENO ¡Oh Cuba! es eso: pulsos, latidos y sentidos de un poeta traídos al presente gracias a sus propios textos y al sentir que dejó en Cuba cuando partió. (Cortesía)
¡Oh Cuba! es eso: pulsos, latidos y sentidos de un poeta traídos al presente gracias a sus propios textos y al sentir que dejó en Cuba cuando partió. (Cortesía)

Hay olores que llegan al centro, que invaden cada centímetro de epidermis y se instalan en su trinchera por siempre jamás. No en vano la memoria olfativa es la que más perdura. El centro cortical, donde se desarrolla este sentido, está repleto de instantes, de noches sin acabar, del perfume de toques ácidos que emana del cuello de alguien cuando cambia la brisa en verano. El olor es el centro de nuestra historia.

Anoche se pudieron recuperar las fragancias de la Cuba de Federico García Lorca. La ropa recién lavada, el guiso, el olor a ladrillo y humedad de la Habana vieja, los campos de tabaco y caña o el del vaso de guarapo fresco. Desde algo después de las diez de la noche horas y gracias a la magia de la sinestesia, el público del Teatro del Generalife pudo cruzar el Atlántico y poner pie en la Mayor de las Antillas a base de música, danza y luz.

¡Oh Cuba! es eso: pulsos, latidos y sentidos de un poeta traídos al presente gracias a sus propios textos y al sentir que dejó en Cuba cuando partió. Todo en esta obra que firma Francisco Ortuño es Lorca, y todo gira en torno a la palabra del poeta -publicada, dicha, cantada o escrita- en la Isla caribeña. De esta manera anoche, poesía, danza y música, tanto cubana como flamenca, conformaron toda razón escénica ante un auditorio repleto en este primer día del ciclo Lorca en los jardines del Generalife.

Antes de que empezara el espectáculo en un teatro lleno, Federico miraba a su público desde una pantalla en la que su rostro se fundía con la espuma del mar que rodea la Isla

Antes de que empezara el espectáculo en un teatro lleno, Federico miraba a su público desde una pantalla en la que su rostro se fundía con la espuma del mar que rodea la Isla. El poeta, su Cuba y una maleta en el centro del escenario. Nada más.

El pulso de bienvenida, -primera parte de la obra que se divide en dos pulsos y cinco latidos- descubrió las palabras de fascinación de Lorca al llegar a la Isla. Un primer encuentro que se plasmó en forma de zapateado de tangos de los bailarines maleta en mano. Fue la llegada racial del poeta. Entró entonces el duende lorquiano de Cuba interpretado por Loles León que trajo al presente aquella alegría y fascinación en forma de verso que inundaron al poeta. Ella fue su voz.

Llegó el turno de la guajira Ay Cuba linda que trajo sabor a caña de azúcar en los labios y alboroto por el despertar aún tímido del cuerpo. De la unión cósmica entre Andalucía y Cuba. Como cantara más tarde Carlos Cano.

Solo faltaban cuatro pulsos, dos latidos y la historia de Federico García Lorca en una Isla que le revitalizó, que calentó su sangre y le hizo ser consciente de su cuerpo y del cuerpo de otros

Solo faltaban cuatro pulsos, dos latidos y la historia de Federico García Lorca en una Isla que le revitalizó, que calentó su sangre y le hizo ser consciente de su cuerpo y del cuerpo de otros. La música fue la reina del mundo orgiástico que ayer desplegó las alas en los jardines de la Alhambra. Seguiriyas, zorongos, bulerías lorqueñas, son flamenco, folklor afrocubano, clásico contemporáneo, tanguillos, rumbas y alegrías de Córdoba cantaron la leyenda de García Lorca en la Isla de sus sueños gracias a los bailarines e intérpretes que fueron cuerpos reales y no actores, como el poeta quería que fueran.

Latido a latido, golpe a golpe. Empezando por el de los orígenes en el que el duende nocturno del mar de Cuba llena los pulmones del granadino, pasando por el latido clásico y el del mulato, movimiento que cuenta cómo conoció la poesía de vanguardia cubana y con ello a Carpentier y a Guillén.

Sexo, oscuridad, sangre, pulsos que aceleran y desaceleran y vitalidad: eso fue ¡Oh Cuba!. Un espectáculo redondo en el que la poesía trató con el mismo cariño a la danza, el teatro y la música. Y en el que con una carga explosiva de sensibilidad tanto en el montaje, como en la música en directo, la interpretación y el guión, Lorca pisó su Granada en uno de los mejores y más originales homenajes que se le han podido hacer.

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Nota de la Redacción: Este texto salió  este miércoles  en el diario español Granada Hoy. Lo reproducimos con la autorización del medio.


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