La perseverancia de ‘Cuba Posible’

Entrevista a Roberto Veiga y Lenier González, director y subdirector de un proyecto que insiste pese a las incomprensiones

Roberto Veiga y Lenier Gonález arrancaron el proyecto con Espacio Laical en 2005. (14ymedio)
Lenier González y Roberto Veiga arrancaron el proyecto con Espacio Laical en 2005. (14ymedio)

El proyecto de la sociedad civil Cuba Posible continuará su trabajo a pesar de los intentos de estrangulación realizados por el Gobierno, las incomprensiones de la Iglesia y la suspicacia de los sectores más radicales de la oposición, según explicaron a este diario sus principales gestores.

Roberto Veiga y Lenier González, director y subdirector respectivamente de Cuba Posible, comenzaron esta iniciativa bajo el amparo de la Iglesia católica en el año 2005, cuando ambos asumieron la responsabilidad de la revista Espacio Laical que, más que una publicación religiosa en versión impresa y digital, funcionó durante una década como una "zona de tolerancia para el debate político".

Esto fue posible, según explica Veiga, porque se produjo "en medio del proceso de diálogo entre la Iglesia y el Gobierno, que no solo estuvo auspiciado por la Conferencia de Obispos, sino también por el Vaticano".

'Cuba Posible' se propuso desde el principio abrir sus puertas a la mayor pluralidad posible para promover confianza política interna y debatir tendiendo puentes

En una mirada retrospectiva a los orígenes, el director de Cuba Posible recuerda que "en esos momentos también se estaba produciendo el proceso de acercamiento entre Cuba y Estados Unidos (aunque todavía no era público) y en la Unión Europea ya se discutía retirar la Posición Común".

Una razón que sugiere Veiga para que el Gobierno tolerara este proyecto es que "quizás fue uno de esos gestos que suelen hacerse en este tipo de proceso, donde resulta importante generar confianza entre los interlocutores".

Entre estas movedizas fronteras, Cuba Posible se propuso desde el principio abrir sus puertas a la mayor pluralidad posible para promover confianza política interna y debatir tendiendo puentes.

Ese debate se dio sobre temas muy importantes, entre ellos la reforma constitucional, la del sistema educativo, las relaciones con la emigración, el papel del Ejército y otros asuntos que traspasaron las fronteras de la revista digital o en papel hasta llegar a organizar eventos con la presencia de público muy diverso o solo con invitados.

Pero no fue, como se cree, un camino de rosas. "Aún en ese momento inicial el proyecto sufrió la descalificación del sector más ortodoxo del Gobierno y, aunque nos duela, muchas incomprensiones dentro de la Iglesia, que se concretaron en junio de 2014, cuando se nos confirmó nuestra solicitud de renuncia a la dirección de Espacio Laical, que habíamos entregado como una respuesta ante las indicaciones de que debíamos rebajar lo que se identificó como nuestro excesivo perfil político", reconoce Veiga.

En la situación actual ya es cosa del pasado aquel diálogo entre el Gobierno y la Iglesia donde se hablaba no solo de los presos políticos, sino también sobre la economía y las relaciones internacionales

En la situación actual ya es cosa del pasado aquel diálogo entre el Gobierno y la Iglesia donde se hablaba no solo de los presos políticos, sino también sobre la economía y las relaciones internacionales. Lo poco que se avanzó en el mejoramiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos se ha revertido, pero no solo por la llegada de Trump a la Casa Blanca. Ya desde que finalizó la visita de Obama a la Isla empezó la marcha atrás.

Lenier González añade: "Hubo una década de relativa tolerancia que coincide con diez años de Espacio Laical y los dos primeros de Cuba Posible donde se dan las circunstancias ya mencionadas, más la presencia de Raúl Castro al frente del Gobierno".

González piensa que para Raúl Castro este tipo de proyecto era tal vez algo pequeño, de poca importancia. "Por eso el traspaso de poder acelera la conflictividad hacia Cuba Posible", afirma.

Los primeros ataques públicos al proyecto se produjeron incluso antes de la visita de Obama. Desde entonces aparecieron los argumentos con los que el Gobierno suele atacar, no solo a sus opositores más encarnizados, sino incluso a quienes se apartan levemente de la línea oficial: la pertenencia a la CIA, la subversión, el financiamiento, las intenciones de desestabilizar el país y todo lo que contribuya al fusilamiento de la reputación.

Lenier González recuerda que en esos dramáticos momentos sucedieron varios eventos, entre ellos una reunión del rector de la Universidad de La Habana con todos los decanos y el claustro. Usó su autoridad para informar de que esto era un proyecto de la CIA. Sabemos que uno de los presentes le dijo que una acusación tan seria como esa requería mostrar pruebas y la respuesta del rector fue: "Usted tiene que confiar en la Revolución", cuenta.

"Como consecuencia, algunos de esos colaboradores que teníamos se vieron en la situación de tener que abandonarnos aunque otros se resistieron a cumplir esas órdenes"

Roberto Veiga no es el tipo de persona que quiera fraguarse una reputación de héroe. "Lo que hizo posible que siguiera funcionando Cuba Posible fue el número y la calidad de colaboradores que teníamos en ese momento, tanto dentro como fuera del país. Eso nos permitió continuar de manera independiente con nuestros programas, que cada uno tenía varios círculos concéntricos de colaboradores donde los más cercanos tenían un mayor nivel de compromiso", cuenta.

Se refiere a los programas Fraternidad (temas socioculturales), Pobreza Cero (socioeconómicos), Trabajo Decente (sociolaborales), Ágora (sociopolíticos) y Orbe (internacionales).

De la emisión de opiniones negativas se pasó a criminalizar el trabajo de Cuba Posible. "En una vasta operación de intimidación han visitado todas las universidades, los centros de investigación, las instituciones de comunicación del país, para explicar por qué nadie podía colaborar con nosotros. Como consecuencia, algunos de esos colaboradores que teníamos se vieron en la situación de tener que abandonarnos aunque otros se resistieron a cumplir esas órdenes", afirma Roberto Veiga.

En los últimos nueve meses todos los que resistieron han sido expulsados de sus centros de trabajo y de ese grupo pocos quedan en el país. "Aunque ellos no nos echan la culpa de su situación, nosotros sentimos que tenemos una enorme responsabilidad", refiere Veiga y añade: "Peor aún ha sido el caso de quienes se desempeñan en centros provinciales, donde todo ha sido más opresivo".

"Eran personas que en su mayoría nunca tuvieron la intención de romper con el sistema. Algunos de ellos militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas que han sido sacados de la organización"

"Eran personas que en su mayoría nunca tuvieron la intención de romper con el sistema. Algunos de ellos militantes de la Unión de Jóvenes Comunistas que han sido sacados de la organización, incluso en contra de la opinión de su Comité de Base. Se les creó una difícil situación con su familia, en su barrio y por ser profesionales con buenos contactos en el extranjero optaron por marcharse".

"El primer y el segundo círculo de colaboradores se mantiene intacto. Son personas que a pesar de haber recibido tentadoras ofertas en el extranjero han decidido permanecer en el país colaborando con Cuba Posible aunque ahora tienen que trabajar bajo nuevas condiciones especialmente por estar sometidos a un proceso de desestabilización, de desarticulación, de estrangulamiento".

En un primer momento estos ataques fueron percibidos por los miembros del proyecto como acciones aisladas del sector más dogmático del Gobierno, pero en febrero del año pasado Miguel Díaz-Canel, siendo todavía vicepresidente, reconoció que había dado la orden de cortar todas las vías de financiamiento a Cuba Posible. "Confirmamos entonces –afirma Veiga– que se trataba de una posición oficial. Paradójicamente eso tuvo más impacto inmediato en instituciones del extranjero que entre nuestros colaboradores en la Isla".

Lenier González apunta que en el verano de 2017 se coordinó la estrategia y se hizo una ofensiva pública fuerte, concentrada en el debate sobre "el centrismo"

Lenier González apunta que en el verano de 2017 se coordinó la estrategia y se hizo una ofensiva pública fuerte, concentrada en el debate sobre "el centrismo" donde "sacaron a sus acorazados para dar la impresión de que aquello sería el fin de Cuba Posible".

La decisión de González y Veiga de seguir trabajando "irritó mucho" y, también, creó un dilema para los responsables de Cuba Posible.

"Todo esto indicaba que lo más responsable que pudiéramos hacer era decretar el cierre de Cuba Posible porque estábamos dañando a nuestros colaboradores donde una mayoría quería mantener una posición positiva dentro del sistema, pues anhelaban la evolución del sistema sin llegar a una ruptura. Unos con más moderación y otros con menos. La permanencia en Cuba Posible los conducía a una ruptura con quienes no querían romper. Personas que disfrutaban de lo que hacían en las instituciones donde trabajaban y nosotros teníamos una responsabilidad con esas personas".

"Tenemos una responsabilidad con el país, con los colaboradores y con nuestras familias. Por eso Cuba Posible no va a cerrar. Ni siquiera haremos un alto para luego recomenzar. Sin detener el trabajo crearemos las condiciones para seguir existiendo en medio de esta falta de claridad".

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