El viaje frustrado de los deportados

Un grupo de cubanos protesta en Paso Canoas, en la frontera de Costa Rica con Panamá. (Álvaro Sánchez/cortesía/El Nuevo Herald)
Un grupo de cubanos protesta en Paso Canoas, en la frontera de Costa Rica con Panamá. (Álvaro Sánchez/cortesía/El Nuevo Herald)

Estaban ya sentados en la última fila cuando los pasajeros entraron al avión. El vuelo 131 de la aerolínea Cubana despegó este jueves de México DF con cuatro deportados a bordo. La burocracia cubana los llama "retornados por aire", y representan apenas una porción de quienes son repatriados en la ruta hacia Estados Unidos.

En los últimos meses ha aumentado la cifra de cubanos quesalen hacia el Norte, pero también de quienes son interceptados y devueltos a la Isla. La mayoría no se disuade después de un retorno forzado y lo intenta nuevamente. Su peor pesadilla no son los oficiales de inmigración, sino que se ponga fin a la Ley de Ajuste cubano.

Del 1 de octubre de 2014 al 30 de septiembre pasado llegaron 43.159 cubanos a Estados Unidos. Los puntos principales de entrada fueron las zonas fronterizas de El Paso y Laredo (Texas), Tucson (Arizona) y San Diego (California).

"Este era mi tercer intento, el primero fue en una balsa y en el segundo me viraron en Panamá", cuenta Clara, de 48 años, y quien fuera devuelta en octubre pasado desde México. Su regreso a la Isla lo define como una verdadera catástrofe. "Lo había vendido todo para irme y cuando me repatriaron llegué aquí sin un centavo en el bolsillo, ni casa donde vivir", explica.

“Lo había vendido todo para irme y cuando me repatriaron llegué aquí sin un centavo en el bolsillo, ni casa donde vivir”

Clara duerme ahora en el sofá de un familiar en San José de las Lajas, Mayabeque. "Sólo tengo lo que llevaba en mi equipaje de mano", agrega. Su viaje se frustró en el Aeropuerto Internacional Benito Juárez, cuando fue considerada como una potencial migrante hacia Estados Unidos. Llegaba desde La Habana, donde logró el visado para tierra azteca, pero la familia en Miami se quedó con la mesa puesta y las ilusiones frustradas.

"Me llevaron para un salón que estaba lleno de cubanos que también iban a ser devueltos", cuenta Clara, rememorando ese fatídico día. "Allí esperan a que los vuelos de Cubana tengan capacidad para regresarnos", detalla. La mujer portaba consigo una reserva de hotel para siete días en el DF. "Ya sabía que si me preguntaban tenía que decir que no visitaría ninguna zona fronteriza". La verdad es que al otro día partiría hacia Nuevo Laredo para desde allí entrar a Estados Unidos.

Los consejos pasan de boca en boca. "No te pongas nerviosa, no hables demasiado, sólo di respuestas breves", le había advertido su hija, quien también hizo el mismo recorrido y ahora vive en la Pequeña Habana. Pero Clara era un manojo de nervios cuando indagaron por el motivo de su viaje. "Empecé a tartamudear y eso fue sospechoso". Después le tocó declarar cuánto dinero llevaba consigo.

Clara era un manojo de nervios cuando indagaron por el motivo de su viaje. “Empecé a tartamudear y eso fue sospechoso”

"Tenía 200 dólares y me dijeron que eso era una prueba de que no iba a estar una semana en México, porque era muy poco". No pudo hacer una llamada telefónica para advertir a sus parientes de la situación en que se hallaba y pasó el resto de la noche en un salón con decenas de compatriotas. "Todos estaban en mi caso: no los iban a dejar entrar, pero no querían volver".

Algunos emigrados cubanos realizan en territorio extranjero la primera protesta de sus vidas. Los motines, huelgas de hambre y enfrentamientos con autoridades se han vuelto práctica común cuando se quedan varados en aeropuertos, puntos fronterizos y centros de detención para inmigrantes. Este viernes un grupo de ellos bloqueó la carretera interamericana, en la frontera entre Costa Rica y Panamá, para reclamar que les dejaran seguir camino. Si son devueltos a la Isla, ya no serán los mismos que partieron.

"Regresé bocona, no me callo nada", cuenta Clara, que dice haberle "cogido el gusto a la libertad" en sus tres intentos de salida. Para las autoridades cubanas el mejor final de gente como ella es que se vuelvan a ir, "porque ya no cabemos aquí y ellos lo saben", dice mientras señala con el dedo índice hacia arriba. "Yo lo que quiero es irme, así que no voy a ponerme a arreglar esto que no tiene solución".

“Yo lo que quiero es irme, así que no voy a ponerme a arreglar esto que no tiene solución”

En el vuelo de regreso a Cuba, Clara acordó darle diez dólares a otra pasajera para que le prestara el móvil nada más aterrizar. Un empleado de la aerolínea estatal, en su doble papel de sobrecargo y custodio de los deportados, le dijo que no podía bajarse hasta que no descendieran todos los viajeros. "Tuvimos que esperar que nos fueran a buscar y a que le entregaran nuestros pasaportes a dos uniformados", cuenta.

Después, la llevaron a una oficina en el Aeropuerto José Martí, donde anotaron todos sus datos y le hicieron algunas advertencias. Las sillas de un salón continúo se iba llenando con los deportados que llegaban en otros vuelos. "No paraba, a cada rato había más, venían de Panamá, Ecuador, Colombia y México".

Cuando salió de allí, logró hacer la llamada. "Me viraron", le dijo a su hija. Al otro lado de la línea telefónica se escuchó un gemido largo. El viaje fallido le había costado 3.000 dólares a la familia, meses de planificación y el estrés de cada minuto en que no supieron dónde estaba Clara.

La madre de familia se estremece al recordar aquel día en que un oficial de inmigración se interpuso entre ella y sus sueños. Pero no se da por vencida: "Ya nada me importa aquí, nada me atrae, sólo pienso en salir de nuevo".

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