Además de caro e inútil, el pasaporte cubano no se come

Los internautas han repetido una polémica instalación de Art Basel pero en lugar de un plátano usan su documento de viaje

 Con una vida útil de solo seis años, el pasaporte cubano debe ser renovado dos veces. (Collage)
Con una vida útil de solo seis años, el pasaporte cubano debe ser renovado dos veces. (Collage)

El buen arte no deja a nadie impasible, en especial si mezcla irreverencia, burla y cotidianidad, como ha quedado demostrado este diciembre con la instalación de un plátano maduro pegado con cinta adhesiva a la pared en la feria Art Basel. La composición de Maurizio Cattelan no solo atrajo una gran atención sino que se vendió por 120.000 dólares. Un precio que ha hecho a muchos internautas repetir la obra en sus casas con aquello que les resulta más valioso o ridículo.

Así fue como le llegó el turno al pasaporte cubano, uno de los más caros del planeta, por el que un emigrado debe pagar más de 450 dólares si lo solicita desde Estados Unidos. Con una vida útil de solo seis años, el documento que acredita que alguien es nacional de esta Isla debe ser renovado dos veces, lo que eleva su precio unos 320 dólares más. Algo que no han dejado de observar quienes en las redes sociales han publicado fotos del librito azul con el escudo de la república pegado en un muro.

"Cattelan se quedó corto. Pobre gente la que cree que comprar en 120.000 dólares un plátano pegado a una pared por un ‘artista’ es la mayor estafa", ironizó el periodista independiente Henry Constantín

"Cattelan se quedó corto. Pobre gente la que cree que comprar en 120.000 dólares un plátano pegado a una pared por un ‘artista’ es la mayor estafa", ironizó el periodista independiente Henry Constantín en su cuenta de Facebook.  El reportero considera que peor resulta pagar por un pasaporte cubano "que no se puede ni comer, y que a veces, como en mi caso, no sirve para viajar (ni para más nada)".

"Y ahora cómetelo para completar el acto artístico", comentó una internauta tras leer el texto de Constantín y en alusión al destino final del plátano en Art Basel, donde un hombre arrancó la fruta de la pared y se la comió para sorpresa de unos y regocijo de otros. Poco después, un empleado de la galería buscó otro plátano, tomó una nueva tira de cinta adhesiva y lo pegó en la pared. Nada había cambiado y con el pasaporte cubano tampoco.

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