Europa no cumple con los cubanos

 En su viaje a La Habana la alta comisionada se entrega al Gobierno y desprecia al ciudadano

La alta comisionada de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, y el canciller cubano, Bruno Rodríguez, expresan su satisfacción al final de la reunión bilateral en La Habana.
La alta comisionada de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Federica Mogherini, y el canciller cubano, Bruno Rodríguez, expresan su satisfacción al final de la reunión bilateral en La Habana.

Nadie sabe lo que se habló en los custodiados salones de Protocolo de El Laguito mientras se revisaba el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre Cuba y la Unión Europea. Lamentablemente los medios oficiales y las agencias internacionales se han limitado a narrar lo que los debatientes acordaron hacer público, y la prensa independiente no fue invitada.

Habrá que esperar a que Federica Mogherini se decida a escribir sus memorias luego de que deje su puesto de alta representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea. Mientras tanto habrá que conformarse con la retórica de las declaraciones oficiales.

El resumen positivo se reduce a los pasos dados en la cooperación en temas de notable importancia como la seguridad alimentaria, la adaptación al cambio climático, las energías renovables y el intercambio de experiencias para la modernización de la economía cubana.

Lo negativo es que el "mejoramiento de las relaciones" parece haberse pactado de forma incondicional con el argumento de que el diálogo político se realiza "sobre bases de respeto mutuo, reciprocidad e igualdad".

El respeto debe ser mutuo cuando los que se sientan a la mesa a discutir son igualmente respetables. Solo de ahí debe partir la reciprocidad

El respeto debe ser mutuo cuando los que se sientan a la mesa a discutir son igualmente respetables. Solo de ahí debe partir la reciprocidad.

Una comunidad de 28 naciones democráticas que se ufana de respetar los derechos humanos es mucho más respetable que una dictadura. No es que fuera necesario posicionarse con una arrogancia eurocéntrica para dictarle cómo debe conducirse al pequeño país aferrado a su soberanía. 

Bastaba que los europeos, a través de su alta representante, expresaran públicamente su deseo de que las autoridades cubanas respeten a sus propios ciudadanos, de la misma manera que lo hacen las democracias del Viejo Continente con los suyos. Que al menos no los repriman porque disienten; que los dejen entrar y salir de su propio país sin condicionamientos ideológicos; que les permitan prosperar económicamente; que no se les prohíba expresarse o asociarse según sus diferentes tendencias.

Muchos quisieran imaginar que, detrás de lo públicamente expuesto, la parte cubana se comprometió a "de ahora en adelante" ser más tolerante con sus opositores pero con la condición de no dejarlo por escrito.

Será fácil comprobar si semejante compromiso tuvo lugar. Habrá que descontar a todos los que resultaron reprimidos durante los breves momentos que duró la visita.

La próxima detención arbitraria, la próxima prohibición de salida del país servirá para desmentir a los optimistas. Si se notara una moratoria en las actividades represivas podría pensarse que los que mandan en Cuba han cedido en algo o quizás hayan decidido hacerlo creer.

Estaremos observando.

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