Mujeres distintas, la misma desigualdad

Pocas mujeres en la Isla se su suman al llamamiento internacional a paros convocado para este 8 de marzo contra la desigualdad de género

Independientemente de su procedencia social las mujeres afrontan la misma desigualdad en la Isla. (Luis Montemayor)
Independientemente de su procedencia social las mujeres afrontan la misma desigualdad en la Isla. (Luis Montemayor)

Lucy y Maité representan dos caras distintas de la misma sociedad. Una es trabajadora en un negocio privado y la otra prostituta. Ambas trabajan en el poblado costero de Guanabo al este de La Habana. Este jueves ninguna de las dos se sumará al llamamiento internacional a paros convocado para este 8 de marzo, aunque cada sufre las consecuencias de la desigualdad de género

Maité nació en Esmeralda, en Camagüey, poco después de que la Isla se abriera al turismo internacional y al dólar. De niña soñaba con ser actriz pero cuando decidió mudarse en la capital cubana se tropezó con un problema. "Tenía que casarme para obtener la residencia", cuenta a 14ymedio.

Maité fue chantajeada por el hombre con el que había pactado un matrimonio de conveniencia, que la amenazaba con divorciarse y denunciarla por residir ilegalmente en la ciudad si no se acostaba con él. Apenas tenía 20 años.

"Así fue como empecé en este mundo", cuenta ahora con una falda minúscula y sentada en una cafetería de Guanabo, donde encuentra a sus clientes, la mayoría de ellos italianos, canadienses o españoles.

Maité fue chantajeada por el hombre con el que había pactado un matrimonio de conveniencia, que la amenazaba con divorciarse y denunciarla por residir ilegalmente en la ciudad si no se acostaba con él

A pocos metros del lugar, dos policías patrullan las calles del municipio turístico. Aunque la prostitución en Cuba no está prohibida, con frecuencia las mujeres son procesadas por delitos como "peligrosidad predelictiva", "acoso al turista" o son internadas en granjas de trabajo para ser "reformadas".

De manera obligatoria las trabajadoras sexuales deben trabajar entre uno y dos años en la agricultura, pero también reciben sesiones de terapia y cursos con la idea de alejarlas de la prostitución, un objetivo que frecuentemente no se consigue.

Maité ya estuvo en una de esas "prisiones a cielo abierto", como las llama. Después de eso buscó la ayuda de un proxeneta. "Las muchachas que están en esto y no tienen un hombre que las defienda lo pasan muy mal", asegura. El chulo cobra una parte y "mantiene a la policía a raya".

Las jóvenes que laboran en la zona, la mayoría llegadas de otras provincias, no están organizadas a través de asociaciones y el movimiento sindical está controlado por el Gobierno. "Eso es candela, nada más que a alguna se le ocurra hacer un grupo o formar una organización la sacan de la calle", advierte Maité.

Hacer una huelga le parece a Maité y sus colegas "jugar con fuego" aunque tienen una larga lista de reivindicaciones. "Cuando he ido a hacer alguna denuncia a una estación de policía, lo menos que hacen es burlarse de mí o amenazarme con meterme unos días en el calabozo".

Hacer una huelga le parece a Maité y sus colegas "jugar con fuego" aunque tienen una larga lista de reivindicaciones

El Gobierno tampoco contempla la prostitución entre las licencias de trabajo privado que se han autorizado a lo largo de las últimas décadas. "Soy como una cuentapropista pero sin permiso, sin sindicato y sin derecho a tener algún día una jubilación", se queja Maité.

A pocos metros, también en la calle principal de Guanabo, trabaja Lucy, la empleada que vende pizzas y bocaditos en un local de comida en el que, durante el verano, llegan a crearse hasta colas por la llegada de miles de veraneantes.

"Llevo casi cinco años en este trabajo y me va bien, aunque las jornadas son duras". Por casi 10 horas Lucy se mantiene de pie detrás de un mostrador vendiendo panes con jamón, batidos de frutas y pizzas. "A veces cuando llego a la casa no me puedo ni quitar los zapatos de tan hinchados que tengo los pies".

Este 8 de marzo, Lucy tampoco se sumará al paro de mujeres. "No puedo, si dejo de despachar me botan y los negocios particulares tienen una fila de gente que quiere trabajar aquí", explica. El propietario del negocio es un hombre que ha habilitado parte de su vivienda como cafetería.

El sector privado cubano está compuesto en la actualidad por un 33% de mujeres, pero al frente de los negocios los rostros femeninos no son tan visibles. "La mayoría de las mujeres no son dueñas, sino contratadas para prestar servicios por parte de los que tienen el capital, hombres, por lo general", precisa la economista Teresa Lara.

El sector privado cubano está compuesto en la actualidad por un 33% de mujeres, pero al frente de los negocios los rostros femeninos no son tan visibles

La especialista también aclara que "las mujeres realizan las actividades de cuidado y gastronómicas". Peluquerías, locales de cuidado de bebés y el despacho de comida son algunas de esas ocupaciones, pero en la transportación de pasajeros o los servicios técnicos prácticamente brillan por su ausencia.

"Los propietarios de estos negocios quieren a mujeres bonitas para atender al público", confirma Lucy. La prensa ha publicado varias denuncias de discriminación por edad, raza o ciertos parámetros estéticos, pero la práctica continúa y cada vez hay más exigencias.

"Tengo que llevar esta saya corta que no me gusta mucho, pero dice el dueño que así vendo más", cuenta Lucy. Curiosamente la falda de Maité también queda a muchos centímetros de la rodilla. Ambas comparten el diminuto tamaño de esa prenda de ropa que deja ver buena parte de sus muslos.

Las dos mujeres tienen algo más en común. Ambas entraron con 14 años a la Federación de Mujeres Cubanas, la organización oficialista que engloba a la mayor parte de las cubanas. "Sigo siendo federada para protegerme si caigo en una redada policial", confiesa Maité. "Yo estoy a punto de darme de baja porque es pura formalidad", agrega Lucy.

Este 8 de marzo, la FMC ha llamado a apoyar a la Revolución desde la trinchera femenina y ha recordado a su fundadora, Vilma Espín, quien fue esposa de Raúl Castro. El logotipo de la organización que este jueves se ve por todas partes, es una mujer vestida de miliciana con un fusil al hombro. Lista para "defender la patria".

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