Los cruceros traen muchos turistas pero poco dinero a las calles de La Habana

Los extranjeros gastan una media de 765 dólares. pero si son cruceristas solo unos 50 dólares

La reluciente mole atraca en la bahía de La Habana y en breve comienzan a salir por la puerta de la aduana, con el paso apurado, decenas de viajeros con crema solar y pantalones cortos. Los esperan varios ómnibus para hacer un recorrido de la ciudad que está pagado de antemano.

Desde que el barco se perfila en el horizonte es un ir y venir constante en el entorno de la Terminal de Cruceros Sierra Maestra, donde los guías turísticos con carteles en inglés y francés presentan sus ofertas, como ese programa con “salsa, ron y un buen habano”.

Un pescador mira la escena con aburrimiento. “Desembarcan, pasean un poco y vuelven al barco”, cuenta el hombre que dice llamarse Sergio y una vez trabajó como electricista. “Ese tipo de visitantes no tiene tiempo ni para conversar un rato, por eso ni me esfuerzo, prefiero los que vienen con más calma”.

Una mañana, con su vara de pescar frente a las oscuras aguas de la bahía, no solo le reporta a Sergio algún que otro pequeño pescado para poner sobre el plato, sino también regalos que le hacen los turistas que quieren sacarle una foto o hablar de las especies de peces que hay en sus países.

“Ese tipo de visitantes no tiene tiempo ni para conversar un rato, por eso ni me esfuerzo, prefiero los que vienen con más calma”

Sin embargo, con los viajeros que llegan en grandes barcos no ha tenido tanta suerte. “Un crucero es un hotel flotante que no deja ni basura, mucho menos dinero”, lamenta. “Esa gente no duerme en tierra, casi no come en los restaurantes y nada más que salen del barco los están esperando para meterlos en una guagua y llevárselos a otro lugar”.

La apreciación de Sergio coincide con los datos del Anuario Estadístico de 2016. Un visitante extranjero gastaba entonces una media de 765 dólares, mientras que un crucerista desembolsaba únicamente en torno a 50 . “Por cada 15,3 dólares que gasta un turista que llega a la Isla por avión, el turista que viaja por crucero gasta 1”, agrega un informe elaborado por The Havana Consulting Group (THCG).

“La ganancia para el Estado radica especialmente en la estadía que pagan los barcos en los puertos cubanos pero en cuanto a servicios, claro está, dejan muchas menos ganancias”, comenta Rodobaldo, un guía que trabaja especialmente con cruceristas canadienses.

“El cliente que llega por esta vía no necesita mucho de afuera del barco porque tiene entretenimiento a bordo, por eso cuando sale a caminar lo hace por plazos breves y solo quiere moverse hacia lugares donde todo esté seguro y bien organizado para sacarle el mayor partido a sus minutos en tierra”, detalla.

“Por cada 15,3 dólares que gasta un turista que llega a la Isla por avión, el turista que viaja por crucero gasta 1”, dice un informe elaborado por The Havana Consulting Group

“Un bar, un lugar para bailar y algún museo, pero no quieren ir más allá ni arriesgarse a meterse en las profundidades de Centro Habana, conocer Alamar, salir un poco de la ciudad a un lugar como el Jardín Botánico ni nada de eso”, explica el guía a este diario. “Es un turismo muy puntual que no quiere riesgos de ningún tipo”.

Algunos comerciantes cercanos al puerto tratan de amoldar sus ofertas a la prisa. En el cercano muelle San José un mercado de artesanías y souvenirs hace meses que tiene ofertas para “clientes apurados”, como llama Liván Ramos a los cruceristas. “Vienen y quieren llevarse algo antes de que suene la sirena del barco, así que cogen cualquier cosa”. 

Sobre la mesa en que vende Liván hay productos de lo más variopinto, como una pareja de ancianos tallados en madera, él con bombín y ella con sombrilla, por unos 5 dólares. “Estos tienen mucha demanda entre los que llegan en cruceros y también los pequeños lienzos con las imágenes de la catedral, la Bodeguita del Medio o el rostro de Che Guevara que se venden a 10”.

“Les tenemos cogidos los horarios a la Royal Caribbean y otras empresas, así que ya sabemos que al menos tres veces a la semana y después del almuerzo caerán por aquí en grupos y con apuro”, detalla Ramos. “No regatean, pagan rápido y hasta la botella de agua que traen en las manos la han sacado del barco”, explica.

Ramos lamenta que la infraestructura alrededor del puerto “todavía no está muy acondicionada para la llegada de tantos turistas”

Ramos lamenta que la infraestructura alrededor del puerto “todavía no está muy acondicionada para la llegada de tantos turistas”. A su juicio “faltan servicios sanitarios, lugares de ventas de bebidas y mayores puntos de información, además de áreas con sombra”. El puerto también necesita “un mantenimiento urgente”, opina.

Una taberna privada, a pocos metros, ha puesto en su puerta una pizarra con las ofertas del día para que pueda ser vista desde la acera de enfrente. Los tragos tienen nombres marinos como “Hola Ola” o “Velero Azul”. "Desde que el cliente se sienta hasta que tiene el trago no pasan tres minutos", se lee en el cartel donde se anuncian los cócteles.

Toda la geografía turística de la zona parece haberse amoldado a un tipo de visitante exprés que gasta poco. Las tapas le ganan la partida a los platos más complejos en los bares y restaurantes más próximos al mar, mientras que las terrazas soleadas también son más demandadas que los locales interiores con aire acondicionado.

“Hay algunos que se bajan del barco y no quieren perderlo de vista, por eso piden sentarse en la terraza”, narra Malcom, dependiente de un pequeño restaurante gestionado por cuenta propia que ha reconvertido sus ofertas a los nuevos tiempos. “Nada de arroz con frijoles, esa gente quiere comida rápida y segura como alguna fruta, croquetas, aceitunas o saladitos con queso”.

En la zona algunos jóvenes deseosos de conectarse a internet esperan a los cruceristas para pedirles las claves de la zona wifi flotante que está habilitada en cada uno de estos barcos

En la zona algunos jóvenes deseosos de conectarse a internet esperan a los cruceristas para pedirles las claves de la zona wifi flotante que está habilitada en cada uno de estos barcos. “Aquí hay gente que sabe que el Royal ha llegado no porque lo vio sino porque con el NanoSation o el Mikrotik (routers inalámbricos) cogieron la señal wifi”, explica Malcom.

“Se necesitan unos datos de usuario para acceder al portal pero cualquier turista te los da y una vez dentro funciona mejor que la internet de Etecsa porque es muy rápida y sin censura”, puntualiza. “No nos dejará mucho dinero pero al menos la gente ahorra unos pesitos que de otra manera tendrían que pagarle a Etecsa”, el monopolio estatal de comunicaciones.

Recientemente se dio a conocer que la corporación cubana Aries Transporte firmó con la turca Global Ports Holding (GPH) un contrato para ampliar y gestionar el puerto de cruceros de La Habana. El acuerdo incluye aumentar a seis las dos terminales de cruceros que operan actualmente. Los detalles revelados no incluyen, sin embargo, otra infraestructura que no sea la de atraque y procesamiento migratorio de las naves.

La bahía habanera todavía tiene grandes zonas muy deterioradas, con muelles de los que solo queda una vieja estructura oxidada y una estrecha vía que serpentea alrededor de su costa y que hace muy difícil el tráfico de ómnibus grandes, como en los que se mueven los turistas. El aumento de la llegada de cruceros está dejando aún más en evidencia esos problemas.

El arribo masivo a la zona comenzó tras iniciarse el deshielo diplomático entre Washington y La Habana, a finales de 2014. Estados Unidos flexibilizó algunas restricciones para que los buques que tocaban su territorio pasaran también por la Isla y las autoridades cubanas suavizaron las anteriores posiciones de Fidel Castro, que satanizaba a los cruceros diciendo que solo dejaban “su basura” por los sitios donde pasaban.

La bahía habanera todavía tiene grandes zonas muy deterioradas, con muelles de los que solo queda una vieja estructura oxidada y una estrecha vía que serpentea alrededor de su costa

El año pasado el puerto de La Habana recibió a unos 328.000 pasajeros y para finales de 2018 se esperaba que la cifra creciera hasta los 500.000, pero los primeros meses de este año no trajeron buenas noticias para el turismo en la Isla. El informe de THCG asegura que el primer semestre “ha sido traumático y demoledor para la industria turística cubana”.

Los factores para la caída van desde una disminución en el interés de viajar a la Isla, reforzada por las advertencias que ha hecho el Gobierno estadounidense a sus ciudadanos, pasando por los daños dejados por los fenómenos climatológicos, hasta llegar a la dura competencia de otros países del área, con ofertas más baratas y de mayor calidad en los servicios.

Sin embargo, en medio de ese escenario sombrío “el turismo por crucero tuvo un aumento de 3% en la cuota de mercado en comparación con igual semestre del año anterior, al pasar del 12% al 15% de cuota de mercado”, señala el informe de THCG dado a conocer por el economista Emilio Morales.

La subida en el número de cruceristas se debe, entre otros motivos, a la medida anunciada por la Administración de Donald Trump de prohibir a sus nacionales hospedarse en los hoteles o comer en restaurantes gestionados por las Fuerzas Armadas, que controlan gran parte de estos servicios a través de grupos como la poderosa empresa militar Gaviota.

La subida en el número de cruceristas se debe, entre otros motivos, a la medida anunciada por la Administración de Donald Trump de prohibir a sus nacionales hospedarse en los hoteles gestionados por las fuerzas armadas cubanas

Las compañías de cruceros han visto un nicho de mercado y desde hace más de un año empresas como Carnival, Norwegian Cruise Line y Royal Caribbean agregaron decenas de nuevos itinerarios a la Isla, incluso nuevos puertos de partida en las ciudades de Tampa (Florida) o Charleston (South Carolina).

La compañía Royal Caribbean lanzó un barco más grande para sus viajes a la Isla. El enorme Majesty of the Seas tiene 880 pies de eslora y realiza viajes de entre cuatro y cinco noches desde Tampa a La Habana que incluyen estadías diurnas o nocturnas.

Con una capacidad para 2.700 pasajeros, la reluciente ciudad flotante ha pasado a ser parte del paisaje de La Habana Vieja en sus entradas y salidas de la bahía. En uno de los viajes organizados por la compañía naviera llegó esta semana Samantha, una joven de Indiana que hacía su primera visita a la Isla.

Contó a 14ymedio que venía especialmente interesada en el casco histórico y en un viaje a la finca Vigía, como parte de un recorrido organizado en el lugar donde vivió el escritor y Premio Nobel Ernest Hemingway. No tiene planes de volver a la Isla para un viaje con más tiempo porque prefiere “recorrer varios países de una sola vez con esta modalidad”.

Al sector privado de la Isla, que vive del pequeño comercio, las 'paladares' y los alojamientos, no le gusta este tipo de turistas que no gastan nada. Un sector del exilio ve, además, en esos cruceros un instrumento para “fortalecer el totalitarismo” y ha lanzado la campaña “No ayude a la represión” que califica esa forma de turismo de “ilegal e inmoral”.

A pesar de todo, el número de cruceros que llegan a Cuba va en aumento y algunas compañías han anunciado nuevas rutas. Es el caso de la naviera de lujo Seabourn, que operará rutas desde Miami y San Juan a partir de noviembre de 2019, en las que incluirá noches en La Habana y paradas en Cienfuegos y Santiago.

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