Ante la inacción de las autoridades, los cubanos se movilizan contra el coronavirus

Los llamados a la calma se suceden en los medios oficiales, que culpan a las redes sociales de generar un "alarmismo" innecesario

Numerosos restaurantes privados han cerrado sus puertas ante la llegada del coronavirus a Cuba. (Tripadvisor)
Numerosos restaurantes privados han cerrado sus puertas ante la llegada del coronavirus a Cuba. (Tripadvisor)

Pendientes del televisor, los cubanos ven pasar los días sin que las autoridades decreten el cierre de las fronteras, la suspensión de las clases o medidas más estrictas de cuarentena. Mientras la vida parece seguir su rumbo normal en la Isla, muchos ciudadanos y negocios privados empiezan a tomar medidas por su cuenta ante la inacción del Gobierno.

Según el balance oficial, 16 personas, incluyendo un turista italiano fallecido, han dado positivo al Covid-19, y las autoridades seguían apostando por una serie de medidas preventivas sin llegar a cerrar las fronteras, como lo han hecho varios países. Los llamados a la calma se suceden en los medios oficiales, que culpan a las redes sociales de generar un "alarmismo" innecesario.

Frente al discurso de aparente normalidad que transmiten la televisión y la radio, las redes sociales se han convertido en un hervidero de reclamos y reportes. En un país donde la mayoría de la población recela de las cifras oficiales, que por décadas han sido sistemáticamente maquilladas, muchos confían más en las informaciones sobre presuntos contagios que llegan desde varios puntos de la Isla.

La preocupación se extiende y varios negocios privados han echado el cierre hasta que la crisis amaine

La preocupación se extiende y varios negocios privados han echado el cierre hasta que la crisis amaine. "No estamos brindando servicios, disculpe las molestias", rezaba este jueves un cartel en una céntrica paladar de La Habana Vieja. El famoso restaurante La Guarida también cerró preventivamente, pero las cafeterías y restaurantes estatales siguen abiertos al público.

"No tenemos ninguna orientación de cierre y tampoco nos dejan usar tapabocas", cuenta a este diario una empleada de la Plaza de Carlos III que despacha pizzas y sándwiches en la planta baja de ese populoso mercado. “Nos han dicho que debemos reportar si nos sentimos mal, pero hay mucho miedo entre los empleados”.

Entre los trabajadores han comprado cloro, algo de jabón y preparado en una botella un líquido para mantener las manos limpias. “Nos turnamos para pasar al baño y lavarnos bien”, explica la empleada. “Mi hermana trabaja en el hospital La Covadonga y está en las mismas, lo que tienen para protegerse lo han llevado ellos mismos”.

Por su parte, los estudiantes de la carrera de medicina han sido convocados a realizar pesquisas casa por casa. "Aquí vino uno preguntando cuántas personas viven en esta aquí y si había alguno con fiebre o dolor de garganta", dijo a 14ymedio una vecina de un edificio multifamiliar en Nuevo Vedado. "Le respondimos a través de la puerta, porque no queremos arriesgarnos a abrir y que nos contagie".

Estos alumnos deben llevar sus propios medios de protección. Un video que se ha hecho viral en las redes muestra a una estricta profesora de medicina que le exige a un estudiante que se quite el nasobuco durante una reunión donde imparten “orientaciones”. En la grabación, hecha con un teléfono móvil, se escucha la protesta de varios jóvenes: “No te lo quites, no le hagas caso”.

Algunos de los pocos nasobucos que se ven en las calles son comprados en el mercado negro, pero las mulas cubanas han recibido un duro golpe con la crisis. Varios de sus destinos favoritos: Panamá, Estados Unidos y Dominicana han cerrado fronteras o restringido vuelos. El constante flujo de mercancías que llegaba con estos pequeños comerciantes hacia el mercado informal se ha reducido drásticamente y comienza a notarse.

"Volaron rapidísimo las vitaminas, las mascarillas, los complejos nutricionales y todos los productos de higiene que traje en febrero", comenta a este diario un cubano de Villa Clara que viajó a la zona panameña de Colón el mes pasado para hacer compras. "Justo a tiempo porque parece que no podré volver a ir en varias semanas".

Quienes tienen contacto con amigos o familiares en Italia y España parecen ser los que más entienden el peligro. El músico Luis Barbería, que vivió un tiempo en Madrid, compartió una foto de una enorme cola este jueves en la esquina del parque Villuendas, en Cienfuegos: "El mundo entero en cuarentena y los cubanos así. Nos creemos los bárbaros y que podemos con todo, solo por ser cubanos. Diganme?".

Un estudio reciente detalla cuánto puede vivir el virus en diferentes superficies y durante un tiempo de cuatro horas puede permanecer en el cobre, que está presente en muchas monedas cubanas

Pero las colas no son el único escenario peligroso. Un estudio reciente detalla cuánto puede vivir el virus en diferentes superficies y durante un tiempo de cuatro horas puede permanecer en el cobre, que está presente en muchas monedas cubanas. En una "sociedad del menudo" donde la mayoría de los clientes no tiene una tarjeta magnética para hacer compras, el dinero metálico es imprescindible.

En las tiendas estatales, que hasta hace poco eran solo en pesos convertibles pero ahora aceptan también el peso nacional, las monedas de 5, 10 y 25 centavos son muy usadas para pagar y dar el vuelto. Hasta ahora, ninguna advertencia en estos locales aconseja extremar las precauciones con el dinero metálico y ninguna cajera lleva mascarilla.

Este jueves, en un ómnibus urbano el conductor llevaba un trozo de preservativo en el dedo pulgar con el que cuenta los billetes pero las monedas caían directamente en su mano. Algunos pasajeros subían al vehículo tomando un helado, otros conversando acaloradamente pero sin mantener distancia entre sus cuerpos, una quimera en un transporte público tradicionalmente abarrotado.

Los viajeros, en lugar de preocupados, parecían más bien imbuidos de una rara "mística de la inmunidad" que ha contribuido a propagar los medios oficiales. Una caricatura muy difundida muestra a una mujer ataviada de enfermera que golpea con un bate al virus para enviarlo bien lejos. Hay quienes todavía creen que la enfermedad, como un temido y caprichoso huracán, cambiará de rumbo y se alejará de la Isla. Pero cada vez son menos.

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