Los jóvenes realizadores se cuelan a través de la cerradura institucional

Luz Escobar

06 de julio 2017 - 12:50

La Habana/Las instituciones "tienen que dejar la paranoia y permitir a la gente crear", asegura categórica Yaima Pardo. La realizadora del documental OFF LINE (2013) forma parte de una generación que se distancia de los caminos oficiales y prefiere la producción independiente, una ruta plagada de obstáculos y de gratificaciones.

El número de producciones del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) no ha hecho más que disminuir desde el fin de los subsidios soviéticos. En contraposición, los caminos alternativos laten llenos de creatividad aunque con escasa, o casi nula, cobertura legal. La rivalidad entre lo alternativo y los estatal libra una dura batalla en el séptimo arte.

En la última década las nuevas tecnologías han impulsado a los directores noveles, pero acceder a ellas no es tampoco tarea fácil. Yaima Pardo (1979) recurre frecuentemente al alquiler de cámaras aunque también se ha comprado algunos equipos "con trabajo, sacrificio y mucho ahorro", cuenta a 14ymedio.

"Si veo una oferta por internet aviso a mis amigos que viven fuera de Cuba para que la compren y luego les hago llegar el dinero", explica la directora, galardonada con el Premio Noemi de la Fundación Brownstone por su documental Al final del Camino (2012).

En la última década las nuevas tecnologías han impulsado a los directores noveles, pero acceder a ellas no es tampoco tarea fácil

El portal Amazon no hace envíos a la Isla y los nacionales tampoco tienen tarjetas de crédito para pagar online. A eso se le suma que el embargo estadounidense no permite que los residentes en Cuba hagan uso del servicio de PayPal, una situación que limita la adquisición de servicios y programas que deben adquirir a través de familiares o amigos en el extranjero o en el mercado negro, que está muy bien surtido.

Pardo detalla que las pequeñas productoras privadas que trabajan de manera ilegal cuentan con una amplia variedad de recursos. En esas redes se puede encontrar hasta un dron, un dispositivo muy controlado por las autoridades que regulan estrictamente su importación.

Alejandro Alonso Estrella es otro de los muchos creadores que apuesta por filmar por su cuenta. En su caso ha debido vencer varias barreras, entre ellas la dificultad geográfica de realizar la mayor parte de su trabajo en Pinar del Río, una de las provincias más empobrecidas de la isla. Aún así, al realizador no le gusta sentirse en desventaja por no vivir en la capital, aconseja a otros creadores que no se impongan "limitaciones ni obstáculos geográficos" y advierte de que "la primera barrera que hay que destruir es la mental".

Alonso se asomó al audiovisual gracias a la casa taller del artista Pedro Pablo Oliva. "Allí empecé a dar mis primeros pasos y a tener un encuentro con un cine diferente", cuenta a este diario. Antes de entrar en la escuela de cine, se formó de "manera autodidacta y descargando tutoriales". En su carrera ha sido "muy importante leer y ver mucho cine".

La falta de comprensión, las prohibiciones y la estigmatización son piedras en el camino del audiovisual independiente, especialmente las relacionadas con el origen de los fondos que respaldan cualquier producción paralela al camino institucional.

Los obstáculos, sin embargo, no terminan cuando se obtienen los recursos y se logra filmar. La distribución sigue siendo el talón de Aquiles de la producción independiente

Para Alonso, las ayudas del fondo para la cinematografía cubana que otorga Noruega a través su embajada son como una "designación divina". Pardo, por su parte, atribuye que esas aportaciones se deben a que algunos patrocinadores "pudieron percibir la creatividad de los jóvenes cubanos". Sin embargo, desde la esfera oficial son frecuentes las críticas a ese tipo de financiación.

A Alonso no le preocupa el origen foráneo del dinero, sino que el cine alternativo cubano está obligado a hacerse "con este tipo de fondos" porque "no hay una voluntad institucional de crear un mecanismo" al que -de manera libre y transparente- puedan apelar "todas las personas que tengan un proyecto".

Pardo cree que el temor de las autoridades a las ayudas del exterior está motivado por la pérdida de control que tienen sobre las producciones. "La gente tiene en sus manos los temas y la capacidad de hacer" y eso "a las instituciones no autónomas, estatales, le crea un conflicto al no poder controlar lo que se está produciendo desde el cine", sostiene.

Los obstáculos, sin embargo, no terminan cuando se obtienen los recursos y se logra filmar. La distribución sigue siendo el talón de Aquiles de la producción independiente que rara vez encuentra espacios en el circuito nacional y brilla más en festivales internacionales que en su propia tierra.

El paquete "tiene el poder de llegar a miles de personas, a millones de personas", opina Alonso, quien opta frecuentemente por esa vía de difusión y lamenta que sus obras apenas se vean un día en la Muestra de Jóvenes Realizadores o en el Festival de Cine "con suerte". El cineasta vive gracias al salario que percibe por su trabajo en la Escuela de Cine, un recurso muy habitual para estos realizadores que deben distribuir sus trabajos de forma gratuita y sobreviven con otras colaboraciones y edición de vídeos domésticos.

Pardo cree que el temor de las autoridades a las ayudas del exterior está motivado por la pérdida de control que tienen sobre las producciones

Pardo no ha tenido mucha suerte con el paquete, por la conflictividad de algunos temas tratados y considera censores a quienes elaboran estos compendios audiovisuales. "A la policía no le hace falta tener a la Seguridad del Estado en un lugar específico" ya que el mismo dueño del negocio controla el contenido "porque eso le garantiza la continuidad".

La directora, que se considera activista, está desarrollando una productora bajo el nombre Creactivo. "Es una necesidad vincular la creatividad a la trasformación social, al activismo", reivindica.

Tanto Pardo como Alonso han seguido de cerca las demandas del grupo G-20 que impulsa la creación de una Ley de Cine en Cuba que proteja el trabajo de los realizadores y abra la puerta a las productoras independientes. Sin embargo, después del empuje inicial, la iniciativa ha perdido fuerza.

"La gente se cansa. Cuando se lucha y no hay ningún resultado la gente se va atomizando y separando, eso es normal, la falta de resultados tiende a paralizar a las personas", opina Pardo.

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