En sus marcas, listos, fuera

Los taxistas privados y estatales compiten por el cliente habanero sin que esto haya supuesto, por ahora, ventajas para el usuario

Una lucha entre taxis privados y estatales se desarrolla en las calles de La Habana. (14ymedio)
Una lucha entre taxis privados y estatales se desarrolla en las calles de La Habana. (14ymedio)

Las autoridades cubanas tratan de mantener a raya a los taxis privados que hacen las rutas en las calles de La Habana. En diciembre pasado regularon las vías por las que deben transitar los almendrones, el mecanismo para que compren el combustible y hasta las piqueras en que esperan a los clientes. Pero el golpe más duro para estos conductores ha sido la llegada de una numerosa flotilla de microbuses estatales que compiten por los clientes.

Esa rivalidad debería beneficiar a los pasajeros, pero todavía los resultados positivos no son tan evidentes. Las largas filas para subir a uno de los vehículos estatales desmotivan a muchos que terminan pagando un taxi particular por el doble del precio del pasaje oficial con tal de llegar a tiempo a su destino. Los conductores de los viejos carros, la mayoría con más de 60 años, siguen manteniendo un pulso con el Gobierno y han fraccionado sus rutas, con importes por tramos, para mantener las ganancias y evitar las multas.

"En cuanto les deje de ser un negocio recoger pasajeros se dedicarán a otra cosa", vaticina sobre los conductores de almendrones Luis, chofer de uno de los flamantes microbuses recién llegado de China

Ambos bandos, estatales y particulares, esperan que la contraparte se canse. "En cuanto les deje de ser un negocio recoger pasajeros se dedicarán a otra cosa", vaticina sobre los conductores de almendrones Luis, chofer de uno de los flamantes microbuses recién llegado de China. "Todo empieza con mucho entusiasmo pero después de unos meses o faltan las piezas de repuesto o les han robado hasta las ruedas", profetiza Juan Alberto, al timón de un Chevrolet de los años 50.

En el medio, los azorados habaneros, prefieren que la batalla no se dé para aplastar al contrincante o hacer prevalecer una de las formas de gestión, sea privada o estatal. La lucha que los pasajeros desean que se libre es contra las dificultades de movilidad que la capital lleva décadas padeciendo. El enemigo no es un almendrón ni un microbús sino la grave crisis del transporte.

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