El pollo también será 'cubañol'

La española Kodysa negocia con el Gobierno cubano la creación de una empresa mixta para producir un 30% de pollos para la Isla

El pollo que más se importa a Cuba es estadounidense y brasileño. (14ymedio)
El pollo que más se importa a Cuba es estadounidense y brasileño. (14ymedio)

El pollo es la comida que protagoniza las mesas cubanas, más allá del tradicional cerdo, de la añorada carne de res o del escaso pescado. Con el desabastecimiento de productos que se ha recrudecido en los últimos años, el muslo y el contramuslo de estas aves se han convertido en la principal fuente de proteína animal de muchas familias, un mercado al que ahora entrará una empresa productora española.

El Gobierno cubano se halla en negociaciones con la compañía española Kodysa para crear una empresa mixta que suministrará tres de cada diez pollos que se consuman en la Isla, según se anunció durante la recién finalizada visita oficial del presidente de Gobierno, Pedro Sánchez.

Kodysa es una empresa constructora y de ingeniería que también tiene el sector agroalimentario entre sus áreas de negocio. La multinacional posee complejos avícolas en Andalucía y una empresa dedicada a la elaboración y preparación de platos de aves.

El primer paso ha sido la firma de un memorando de entendimiento para poner en marcha un proyecto de 50 millones de euros mediante la que una empresa de capital mixto

El primer paso ha sido la firma de un memorando de entendimiento para poner en marcha un proyecto de 50 millones de euros mediante la que una empresa de capital mixto producirá semanalmente en el mercado cubano 400.000 pollos frescos a la semana, un producto con una amplia demanda y que se importa mayoritariamente en la actualidad desde de Brasil y Estados Unidos.

La industria avícola cubana atraviesa un mal momento, golpeada en septiembre pasado por el huracán Irma y en mayo último por la tormenta subtropical Michael que dañaron numerosas granjas de cría de pollos a lo largo del litoral norte y en la zona oeste del país. Aunque la mayoría de ellas se destinaba a la producción de huevos.

"Tenemos muy poca producción de pollo para el consumo de su carne por el tema del pienso de crecimiento y engorde, que no se consigue fácilmente", explica vía telefónica a 14ymedio Luis Abreu, de 53 años y empleado en una granja avícola cercana a la comunidad de Las Terrazas en Artemisa. "Aquí nos dedicamos a las gallinas ponedoras pero ahora mismo estamos por debajo de la mitad de nuestras capacidades".

Problemas con el techado de las granjas, el suministro de agua para mantener las naves limpias y el delicado asunto del pienso complica que los animales puedan gozar de "las condiciones mínimas para que pongan todos los huevos que podrían, mucho menos para darle a un pollo una cierta cantidad de libras en poco tiempo", lamenta Abreu.

En la granja, un grupo de seleccionadoras revisa los pollitos recién nacidos y los separa en hembras que irán a las zonas con iluminación especial para suministrarles calor y más tarde a las naves de ponedoras para destinarlas a la producción de huevos. Los clasificados como varones "van a la alimentación de los cerdos", precisa el empleado.

Los españoles se han comprometido a garantizar el suministro de piensos, el punto más flaco de la industria cubana, y al que se debe vigilar con mayor celo

La deprimida industria local obliga a que cada año se deba importar más del 80% de los alimentos que se consumen en la Isla, entre ellos más de 120.000 toneladas de carne de pollo. En 2017, Alberto Ramírez, presidente de la Sociedad Cubana de Productores Avícolas (SOCPA), confirmó a la prensa oficial que "la producción [nacional] de carne es prácticamente nula".

Con el acuerdo con Kodysa, los pollos podrían cubrir hasta un 30% de la demanda local, en la que se incluye no solo el consumo doméstico, sino también parte de lo que necesitan los hoteles y los negocios privados, un sector muy golpeado por el desabastecimiento.

Los españoles se han comprometido a garantizar el suministro de piensos, el punto más flaco de la industria cubana, y al que se debe vigilar con mayor celo. "Uno de los principales problemas que tiene la producción de carne en Cuba es el desvío de recursos desde las empresas estatales hacia el mercado informal", detalla a este diario Maritza Rojas, una villaclareña que trabajó durante dos décadas como contable en una granja avícola.

"Como a los productores privados apenas les venden pienso, entonces este producto se comercializa muy bien en el mercado negro", explica. "En cualquier lugar donde se críen pollos hay que vigilar al pienso más que a las aves, porque va desapareciendo poco a poco". La empleada opina que "sigue siendo demasiado caro producir pollos en Cuba" por "la falta de condiciones en la infraestructura y el robo".

Estados Unidos ha sido, en las últimas dos décadas, el gran suministrador de pollo a la Isla, especialmente las llamadas "partes oscuras" (muslo y contramuslo). En noviembre de 2017, cuando Donald Trump llevaba meses en la Casa Blanca, se vendieron a Cuba más de 21 millones de dólares en productos agrícolas y alimentos, especialmente pollo congelado, con casi 17 millones de dólares.

Brasil también suministra buena parte del pollo entero que termina en las mesas de los cubanos, especialmente de las compañías Frangosul y Perdix, JBS y BRF, aunque las relaciones políticas entre ambos países se han deteriorado

Sin embargo, la compra de estos productos debe ser pagada en efectivo por La Habana pues así lo establece la Ley de Reforma a las Sanciones Comerciales y Fortalecimiento de las Exportaciones (TSREEA por sus siglas en inglés), que el Congreso estadounidense aprobó en el año 2000.

Brasil también suministra buena parte del pollo entero que termina en las mesas de los cubanos, especialmente de las compañías Frangosul y Perdix, JBS y BRF, aunque las relaciones políticas entre ambos países se han deteriorado. La Habana tiene una deuda con el Banco Nacional de Desarrollo brasileño de más de 600 millones que se ha comprometido a saldar, aunque solo este año necesita reprogramar atrasos por un importe de 110 millones de dólares correspondientes a 2018.

Un producción local de pollos aliviaría las facturas de importación y traería a las mesas de los cubanos un producto más fresco, pero el acuerdo con Kodysa aún no tiene fecha para concretarse.

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