El pomo de plástico nos invade

En otras naciones han surgido campañas para disminuir la presencia de envases de polietileno tereftalato (PET), pero en Cuba esa estrategia no acaba de despegar

Desagües que se atascan, peces que comen plástico y ríos sucios son algunos de los problemas que generan en el país las botellas hechas con polietileno tereftalato. (14ymedio)
Desagües que se atascan, peces que comen plástico y ríos sucios son algunos de los problemas que generan en el país las botellas hechas con polietileno tereftalato. (14ymedio)

Junto a los enseres de cocina, Dagmary tiene varios envases de plástico que una vez tuvieron refresco. "Estos pomos los usamos para guardar agua o conservar leche", explica a 14ymedio esta matancera residente en La Habana. Los llamados "pepinos" forman parte del paisaje doméstico pero también han invadido las vías públicas, las costas y los campos.

Desagües que se atascan, peces que comen plástico y ríos donde los envases cubren parte de la orilla son algunos de los problemas que generan en el país estas botellas hechas con polietileno tereftalato (PET). Aunque en otras naciones han surgido fuertes campañas para disminuir su presencia, en Cuba la estrategia para reducirlos no acaba de despegar.

"Cada mañana cuando llego a poner la caña esto es una nata de pomos plásticos", lamenta César, un pescador de 48 años que amanece bien temprano en la entrada de la bahía de La Habana. "Hace unos años tener una botella plástica era casi un lujo y la familias las guardaban para hacer un montón de cosas, pero hoy las botan por todas partes", señala.

"He encontrado pequeños peces trabados dentro de estos pomos y una vez pesqué uno que se había comido un pedazo de tapa", recuerda César.

La FAO confirma que se ha encontrado presencia de microplásticos en 800 especies de moluscos, crustáceos y peces

Un informe de 2016 publicado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) confirma que se ha encontrado presencia de microplásticos en 800 especies de moluscos, crustáceos y peces.

Un estudio realizado en Cienfuegos por la bióloga Arianna García Chamero confirmó la presencia de estos microplásticos en la bahía de Jagua. "Me ha impactado que sus niveles a veces son similares, incluso superiores, a los rangos que revelan estudios en ecosistemas de sitios muy industrializados en el planeta", precisó la científica a la prensa local.

En Cuba está vigente la Ley 1.288 que obliga a todas las entidades estatales a entregar los desechos, especialmente los plásticos, a las Empresas de Recuperación de Materias Primas pero la mayoría de estos residuos terminan en los basureros. En el sector residencial ocurre otro tanto, debido a la falta de un mecanismo para separar la basura y a la ausencia de una educación para el reciclado.

Los recolectores particulares hurgan en los contenedores de basura en la vía pública en busca de estos productos para llevarlos a los más de 310 locales estatales de recogida de materias primas que hay en el país. En las zonas turísticas también se les ve acopiar botellas de agua dejadas por los visitantes y las latas de refresco o cerveza.

"Todo lo que nosotros no vemos a tiempo para sacar del latón, termina en los basureros", explica José Carlos, un jubilado que tras trabajar cuatro décadas en la empresa del gas dedica sus jornadas a bucear en la basura en busca de algo que pueda serles útil. "Prefiero buscar las latas y las piezas de metal porque Materias Primas nos compra por el peso de la mercancía y los plásticos pesan mucho menos", cuenta.

"A veces recojo botellas plásticas que no tengan ningún daño, que no estén escachadas ni sucias para venderlas a productores de yogur que las pagan bien", comenta. "Pero si no es así no recojo pomos, aunque cuando hay algún concierto al aire libre y venden botellitas de refresco pequeñas, ese día sí hago el pan", dice con una sonrisa.

En la Isla no hay restricción para la venta de envases plásticos en lugares públicos, ni cercanos a parques naturales como si se ha implementado en varios países europeos y de América Latina

En la Isla no hay restricción para la venta de envases plásticos en lugares públicos, ni cercanos a parques naturales como si se ha implementado en varios países europeos y de América Latina. Para la mayoría de los cubanos, una botella plástica sigue siendo un símbolo de estatus o de solvencia económica en lugar de un problema medioambiental.

"Pasamos de ser un país donde lo único que la gente tenía para guardar algo eran pomos de cristal –a veces duraban años en una cocina– a que los padres quieren mandarle cada semana una botellita plástica nueva con agua al niño en las escuela", opina César, el pescador. "Después, todo eso termina aquí", señala la basura sobre las aguas de la bahía habanera.

El 2017 quedó instalada una trampa experimental en el río Almendares, al oeste de la la capital cubana, para atrapar los animales, troncos, botellas de plástico y restos de envases que flotaban en las aguas. El obstáculo impide que lleguen hasta la desembocadura pero la recogida de la basura debe hacerse de manera manual por lo que no es un sistema que pueda aplicarse a gran escala.

"Un cambio solo puede venir desde la educación, que todas las personas se involucren no solo limpiando y recogiendo el plástico sino también usando menos botellas desechables", explica Oliver González, un joven bioquímico que está promoviendo junto a un grupo de amigos una campaña por "un litoral libre de plásticos". "Hay que empezar desde las casas porque si la gente no ayuda desde sus hogares poco se puede hacer".

"Hemos recorrido varios negocios privados para hablar con los propietarios y decirles que compren menos agua embotellada para sus clientes y ofrezcan más agua tratada en los mismos negocios", cuenta. "Pero muchos responden que los turistas quieren un agua segura y así el ciclo continúa".

Hace dos años se realizó un estudio para aplicar en Cuba algunas de las tecnologías de reciclaje que se han probado con éxito en otros países, según declaró a la prensa oficial Estela Domínguez, vicedirectora general de negocios de la Unión de Empresas de Recuperación de Materias Primas (UERMP). El proyecto debe comenzar por La Habana y con la clasificación de desechos en las propias casas, pero la compleja situación económica de la Isla ha frenado su puesta en práctica.

"La tarea es titánica y se necesitan recursos de los que ahora no disponemos, como vender a precios subsidiados los contenedores domésticos para categorizar los desechos", asegura un funcionario

"Teníamos todo preparado, incluso una campaña de difusión en los medios nacionales para crear una mayor conciencia y que la gente comiencen por separar la basura en sus hogares y a usar menos plásticos desechables", explica a este diario un funcionario de la UERMP que prefirió el anonimato. "Pero la tarea es titánica y se necesitan recursos de los que ahora no disponemos, como vender a precios subsidiados los contenedores domésticos para categorizar los desechos y cambiar conceptos de envasados".

"En el caso de los envases de plástico tenemos un problema porque ha crecido este tipo de basura con el aumento del turismo, porque se utilizan mucho para el agua envasada y los refrescos".

"Hay que bajar al pomo plástico del altar en el que lo hemos puesto", dice, "y hacer ver a los cubanos que trae más problemas que beneficios".

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