El acuerdo imposible

La Federación Cubana de Béisbol no es una ONG ni defiende los intereses de los peloteros

Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana de Béisbol, firma el histórico acuerdo con las MLB de EE UU. (FCBA)
Momento en el que Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana de Béisbol, firma el acuerdo con las MLB de EE UU. (FCBA)

Era de esperar que el gobierno de Donald Trump cancelara el Acuerdo que habían logrado la Federación Cubana de Béisbol (FCB) y las autoridades de Grandes Ligas (MLB). Desde que se firmó, en diciembre pasado, ya el senador Marco Rubio había anunciado que actuaría para deshacerlo. En honor a la verdad, no tendría que esforzarse mucho para lograrlo.

Apasionamientos aparte, el meollo del asunto está en que, según las leyes del embargo, los equipos de MLB no pueden pagarle ninguna cantidad de dinero al Gobierno cubano. Aunque la administración Obama había considerado a la FCB como organización no gubernamental, para la administración Trump es una institución oficialista más.

Cuando se rubricó el Acuerdo, se hicieron evidentes de inmediato sus dos puntos más débiles. El primero es que la FCB, para legitimar su convenio con MLB, intente compararse con la Liga Japonesa de Béisbol, la Liga China de Béisbol Profesional y la Organización Coreana de Béisbol, que son entidades privadas, independientes de sus gobiernos.

Ante la televisión cubana, Higinio Vélez, presidente de la FCB, para demostrar que la suya es en efecto una organización no gubernamental, utilizó dos argumentos que no prueban nada en absoluto: que la FCB "existe desde hace algunos años" y que "está reconocida por organismos como la Federación Mundial de Béisbol y Softbol, la Confederación Panamericana de Béisbol y otras instituciones internacionales relacionadas con este deporte.

El otro punto débil es la cláusula que permite a esa entidad cobrar un porcentaje por liberar a cada pelotero y por concepto de la formación que le dio. Para ello, es preciso una licencia de la Oficina de Control de Activos Extranjeros -perteneciente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos-, que el Gobierno de Trump no permitirá.

La FCB asegura ser una asociación no gubernamental. O sea, igual que los Comités de Defensa de la Revolución o la Federación de Mujeres Cubanas

La FCB asegura ser una asociación no gubernamental. O sea, igual que los Comités de Defensa de la Revolución o la Federación de Mujeres Cubanas, que el propio Gobierno cubano creó pero que dice que forman parte de la sociedad civil. Sin embargo, el hecho es que la FCB pertenece al Instituto Nacional de Deporte y Recreación, cuya presidencia acaba de ser cambiada por un decreto del Consejo de Estado. Como nota pintoresca, hay que añadir que el segundo al mando de la FCB es Antonio Castro, hijo del fallecido Fidel Castro.

En la declaración de la entidad cubana ante la cancelación del Acuerdo, se condena la actuación de Marco Rubio y del Asesor de Seguridad Nacional de EE UU, John Bolton, y la politización que se ha hecho de este convenio deportivo "mayoritariamente respaldado por las sociedades cubana y estadounidense", sin que al gobierno del Norte le interesen "el bienestar y la tranquilidad de la familia cubana".

Porque ahí estaría entonces la principal razón de que la FCB firmara ese pacto: proteger a nuestros peloteros del tráfico humano, de los riesgos de la emigración ilegal y del "trato humillante y discriminatorio del que han sido víctimas" anteriormente.

Para demostrar su buena voluntad, la federación cubana había aceptado el regreso al béisbol nacional de Yuniesky Riquimbili Betancourt, durante muchos años considerado un desertor, que volvía luego de participar en ligas extranjeras de México, Japón y Estados Unidos, país donde jugó nueve temporadas y pudo, según confesó, realizar su sueño de probarse a sí mismo en el mejor béisbol del mundo.

Casi al mismo tiempo de esta llegada, ocurrió la partida de Víctor Labrada, primer pelotero que le dio la espalda al acuerdo, hace unos días, sin que le importara la posibilidad de pasar dos años sin poder firmar contrato con equipos de MLB, o acaso previendo que ese arreglo con Grandes Ligas no tenía mucho futuro, como acaba de demostrarse.

Casi al mismo tiempo de esta llegada, ocurrió la partida de Víctor Labrada, primer pelotero que le dio la espalda al acuerdo, hace unos días, sin que le importara la posibilidad de pasar dos años sin poder firmar contrato con equipos de MLB

Labrada no esperó a ser "liberado" por la FCB. Había sido elegido entre los más destacados atletas juveniles de 2018 y capitaneó la selección cubana al Panamericano Sub 18 el año pasado. En la última Serie Nacional, Labrada acaparó la atención cuando conectó un jonrón en el primer turno al bate de su carrera y terminó promediando 350. No obstante, prefirió probar por su cuenta y salió legalmente hacia Haití.

Por el momento, todo seguirá como era antes: cada pelotero cubano, para jugar en la Gran Carpa, necesitará una licencia específica del Departamento del Tesoro estadounidense. De hecho, suena absurdo que la FCB creyera seriamente en la posibilidad de que, de haber sobrevivido el acuerdo, podría ella mediar entre cada jugador y el equipo que quisiese contratarlo.

Más absurdo, y muy cínico, suena que las autoridades deportivas cubanas intenten hacer creer que de veras les preocupa la suerte de nuestros peloteros en su peligrosa aventura de buscarse un sitio en el mejor béisbol del mundo.

Si tanto se preocupan por ellos, podrían allanarles el camino renunciando a cobrar ningún por ciento como "organización no gubernamental", dejando que cada uno firme el contrato que consiga y, más aún, permitiendo la creación de un sindicato realmente independiente que vele por los intereses de los peloteros, porque, como sabemos bien, la FCB, diga lo que diga, jamás se ha dedicado a defenderlos.

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