El calendario cubano se ha llenado de días de los Derechos Humanos

Después de años en alerta por esta fecha, al castrismo se le han multiplicado las jornadas adversas

Varios policías arrestan a un hombre mientras se manifestaba en La Habana, el pasado 11 de julio. (EFE/Ernesto Mastrascusa)
Varios policías arrestan a un hombre mientras se manifestaba en La Habana, el pasado 11 de julio. (EFE/Ernesto Mastrascusa)

¿Qué fue de aquella estudiante que justificó con vehemencia el acto de repudio contra activistas en un parque de Lawton el 10 de diciembre de 1998? Por una semana, esa adolescente y sus aguerridos colegas de escuela fueron mostrados como el joven rostro de la intransigencia revolucionaria y hasta se jactaban de haber roto una cámara de la prensa extranjera.

Casi un cuarto de siglo después, probablemente muchos de los que participaron en aquella jornada represiva ya emigraron, se desengañaron del sistema o sobreviven actualmente gracias a prácticas corruptas. Pero el régimen que los usó como tropa de choque sigue dispuesto a adueñarse del Día de los Derechos Humanos, no permitir reclamos públicos de la ciudadanía y aplastar con violencia a quien se atreva a exigir en las calles la libertad de los presos políticos.

Los regímenes autoritarios saben que siempre pueden encontrar gente dispuesta para atacar a otra, son hábiles en el manejo de las bajas pasiones humanas, pero lo cierto es que se nota el desgano de los cubanos ante las convocatorias oficiales para "enfrentar al enemigo". Aunque hay algunos que se toman fotos con el garrote en la mano o fingen disparar a un contrincante sin siquiera saber cómo colocar el fusil, la gran mayoría evita involucrarse en la maquinaria opresiva.

Si hace unas décadas aquella muchacha vestida con uniforme escolar se pavoneaba en la televisión de haber disuelto una marcha opositora con gritos y golpes, hoy sus hijos podrían ser de los que van arrastrando los pies cuando los llevan desde la escuela a una "falsa feria", en un parque donde previamente se lanzó una convocatoria para protestar por la falta de libertades. Al entusiasmo de ella lo enfrió la realidad; la apatía de ellos es una forma de rebeldía.

A pesar del poco ímpetu de sus seguidores, el oficialismo sigue desplegando su vieja maquinaria propagandística y policial en esta jornada en la que se conmemora la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

A pesar del poco ímpetu de sus seguidores, el oficialismo sigue desplegando su vieja maquinaria propagandística y policial en esta jornada en la que se conmemora la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en el ya lejano 1948. El "paquete" lleva desde intentar apropiarse del concepto inundando la prensa de supuestos logros sociales del sistema y secuestrar las etiquetas de reclamo en redes sociales, hasta las prácticas más burdas del arresto, los mítines de odio y el corte del servicio telefónico a opositores.

Pero el almanaque se le ha vuelto un problema al castrismo. Si antes debía concentrar sus mayores esfuerzos de vigilancia y control alrededor de la jornada de los derechos humanos, ahora le han salido fechas por todas partes. Las protestas populares del pasado 11 de julio demostraron que los cubanos han ido ganando en civismo en la misma medida en que también acumulaban malestar social. La militarización para impedir la Marcha Cívica del 15 de noviembre añadió otra marca al calendario.

La Plaza de la Revolución tiene que vivir cada día con el mismo sobresalto que hace unos años le provocaba esta jornada de diciembre. Todas sus 24 horas, desde que sale el sol hasta que se pone, está permanentemente en la desgastante estrategia de apagar focos de inconformidad, evitar disturbios, atemorizar a los potenciales manifestantes, convencer a los aliados de que al Partido Comunista le queda una eternidad frente a los timones de la nación, desviar recursos del presupuesto nacional para robustecer su policía política y rezar... sí, rezar, para que la gente no se vuelva a lanzar a las calles.

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