Día 2: Las familias se lanzaron a lavar todo lo acumulado

En la retórica oficial estamos atrapados, como mismo lo estaremos pronto dentro de nuestras casas

Mantener las escuelas abiertas a todos los niveles ha sido una de las decisiones oficiales más cuestionadas por los ciudadanos. (EFE)
Mantener las escuelas abiertas a todos los niveles ha sido una de las decisiones oficiales más cuestionadas por los ciudadanos. (EFE)

Es domingo y las tendederas del edificio están a punto de reventar por el peso de la ropa. Esta mañana encendieron la bomba de agua temprano y las familias se lanzaron a lavar todo lo acumulado durante la semana. Los uniformes escolares son la prioridad, aunque muchos albergan la esperanza de que pronto cancelen las clases ante el avance del Covid-19 en la Isla.

Mantener las escuelas abiertas a todos los niveles ha sido una de las decisiones oficiales más cuestionadas por los ciudadanos. Los funcionarios comenzaron diciendo que en el país "nunca se han cerrado" centros docentes ante ninguna epidemia, después explicaron que una suspensión traería estrés y con ello "una baja del sistema inmunológico" y, por último, han matizado con que "cada jornada" se revisa cómo proceder con la enseñanza.

Pero todo indica que no pueden garantizar la enseñanza a distancia en un país donde la informatización de la sociedad está lastrada por las limitaciones tecnológicas y los altos precios

Pero todo indica que no pueden garantizar la enseñanza a distancia en un país donde la informatización de la sociedad está lastrada por las limitaciones tecnológicas y los altos precios de la conexión a internet; pero tampoco tienen la flexibilidad para recomponer el modelo centralizado de educación y garantizar en las comunidades el cuidado de los hijos de quienes trabajan en sectores esenciales.

Así que en la retórica estamos atrapados, como mismo lo estaremos pronto dentro de nuestras casas. 

Finalmente pude comprar las papas. "Las que quedan están chiquitas", dijo con cierto regusto el empleado cuando este domingo llegué ante la tarima donde venden solo siete libras del producto por cada persona. "Ayer conseguí los huevos y hoy las papas, así que toca tortilla española", pensé, en homenaje a todos mis amigos que ahora mismo luchan contra la pandemia en la “Madre Patria".

Una vecina tiene la teoría de que ahora llegarán a los mercados productos que ni imaginamos. "Como no vendrán más turistas, seguro que la comida de los hoteles nos la venden a los cubanos", asegura, pero su hipótesis no acaba de convencerme. "Si vemos llegar las toronjas, los camarones y la carne de res a las tiendas es que eran las ’reservas para extranjeros’", concluye con entusiasmo.

Me cuesta creer que haya un repunte en la venta de alimentos, los presagios van más bien en la otra dirección. Esta mañana, el cercano mercado del Ejército Juvenil del Trabajo de la calle Tulipán estaba "más pelado que un plátano", al decir de un cliente que entró y salió con la bolsa igual de vacía. A un pequeño negocio privado, que está a pocos metros, se le habían prácticamente agotado el pan y las galletas a media mañana.

Antes de las nueve logré terminar mi tapaboca, pero no me ha quedado estéticamente muy presentable. Poco importa. Sirve para cubrir parte de la cara y será de mucha utilidad a la hora de entrar en el pequeño ascensor de fabricación rusa que traslada hacia abajo y hacia arriba al más de medio millar de personas que viven en este edificio. Los hay que entran hasta fumando a la apretada caja de metal, así que mi nasobuco cumplirá una doble función.

También tengo algunos vecinos que parecen haberse graduado de epidemiólogos en una semana y dan consejos como si hubieran ejercido la medicina por años. Otros sacan cuentas y tratan de encontrarle provecho a la situación. "Nos vamos a hacer ricos vendiendo el interferón alfa 2B", repite un jubilado militante del Partido Comunista que pasa largas horas en los bajos del edificio.

Poco le importa si alguien le advierte que ese antiviral fue descubierto por un suizo en 1979 en la Universidad de Zurich y que es uno de los 30 medicamentos que se están empleando para tratar el Covid-19, pero no hay nada concluyente sobre su efectividad a la hora de combatir la enfermedad. El hombre sigue repitiendo que "nos vamos a hacer ricos", mientras sacude su libreta de racionamiento en una mano.

A pocos metros de nuestro bloque de concreto, una hija emigrada pudo mandarle un paquete con alimentos y útiles de aseo a la familia. El envío incluye pañales desechables para los dos ancianos postrados que hay en la casa, cuidados por su hija, que también supera los 60 años. Trato de no pensar en qué pasará con esas tres personas solas y vulnerables si el virus se expande.

En medio de la incertidumbre por los suministros, en casa ahora tenemos "una boca más". Llegó el viernes y es una perra sata y pequeña que ya no podía permanecer en el hogar de tránsito donde estaba. Un amigo me pidió que la cuidara por unos días, pero creo que se va a quedar aunque mi gata Totí y mi perra Tinta no acaban de aceptarla todavía. Le íbamos a poner "Corona", pero es un nombre muy grande para tan diminuto animal.

Entre las víctimas colaterales de toda esta situación están los miles de animales abandonados que hay por toda la Isla

Entre las víctimas colaterales de toda esta situación están los miles de animales abandonados que hay por toda la Isla. Si normalmente se exponen al maltrato, la muerte violenta y el hambre, ahora se suma el hecho de que muchas personas que los alimentan no quieren salir de casa por temor al contagio. Los bulos también les hacen mucho daño.

Hace unos días, un periodista oficial avivó los temores. En un programa de Telecubanacán preguntó a un especialista invitado si los animales afectivos transmitían la enfermedad, pero cuando no recibió la respuesta que deseaba agregó por su cuenta: "yo de todas formas no los acariciara tanto". Poco después, los protectores comenzaron a llenar las redes de fotos acariciando a sus perros y gatos, pero el daño ya estaba hecho.

En las próximas semanas puede crecer el número de mascotas abandonadas ante el temor del contagio y por los problemas para conseguir alimentos. La perrita que hemos recogido, aún sin nombre, no tiene la menor idea de lo que se avecina. 

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