Exterminio en Venezuela, 19 años después

Como en el filme británico, las calles de este país han sido infectadas y, después, se han quedado desiertas

Como en la película 'Exterminio', los venezolanos recorren las solitarias calles y avenidas del país que les vio nacer. (Captura)
Como en la película 'Exterminio', los venezolanos recorren las solitarias calles y avenidas del país que les vio nacer. (Captura)

Son las 6:30 de la mañana. El Maps de Google me indica que el tiempo estimado hasta la oficina es de 39 minutos. "El tráfico es menos denso de lo normal", indica la voz. Y apenas estamos a media semana.

Cuando comencé a escribir este blog, aquel lejano 3 de mayo del 2008, resultaba impensable ir a la oficina a esta hora. Eso significaba no menos de dos horas de tráfico.

Me desvío de mi ruta para buscar a una amiga. Ya hace tiempo es una tarea más, buscarla y traerla. La desaparición del transporte público ha hecho que activemos medidas destinadas a contribuir con los afortunados que aún tienen trabajo, para que lo puedan conservar.

Preservar el trabajo formal es una meta. Al menos mientras puedan llegar, les puedan pagar o, simplemente, no decidan abandonarlo para emigrar o para vegetar a fuerza de "matar tigres" mientras esperan bonos presidenciales y bolsas de miseria , esas cajas de alimentos que reparten los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap).

Preservar el trabajo formal es una meta. Al menos mientras puedan llegar, les puedan pagar o, simplemente, no decidan abandonarlo para emigrar

Mientras conduzco voy escuchando los titulares que va narrando César Miguel Rondón, una de las pocas voces críticas que quedan en el espacio radial. La soledad de la vía me hace recordar una escena que siempre me impresionó de una película del 2002: el protagonista despierta de un coma en un hospital londinense 28 días después de iniciarse una pandemia, registra el hospital, saca de una expendedora de bebidas unas latas y las guarda en una bolsa. Al salir, Jim (así se llama el protagonista) descubre que Londres está desierta.

La película se titulaba 28 days later ( Exterminio, en América Latina). A nuestra realidad de hoy la llamo 19 años después.

En el automóvil la conversación se centra en el terrible impacto de las últimas medidas económicas decretadas por el Gobierno, el llamado paquetazo de Maduro, anunciado en la cadena nacional a mediados de agosto y cuyas Gacetas Oficiales han ido saliendo a cuentagotas. A esta altura, aún no existen reglas claras, lo único seguro es el reconocimiento de la hiperinflación.

El legendario viernes más negro de los viernes negros ha dejado en 15 días negocios y empresas cerradas, desempleo y desaparición de productos de primera necesidad. En ninguna de las medidas se contemplan acciones destinadas a restablecer la producción, pero eso es lógico. Producción implica trabajo y, al parecer, el verdadero socialista no trabaja, solo consume los recursos hasta agotarlos. La producción en el socialismo se impone con criterios esclavistas, después de todo, a China, el gran aliado del Gobierno chavista-madurista, le ha resultado muy bien.

Mientras nos acercamos a la oficina, les comento que el protagonista entra a un templo anglicano, donde se encuentra con unos infectados y sale corriendo del mismo, sin rumbo alguno. Dos personas encapuchadas aparecen lanzando cócteles molotov y haciendo explotar una estación gasolinera, lo rescatan de los infectados y lo llevan a su refugio. Los dos desconocidos se quitan las máscaras y resultan ser dos civiles que sobrevivieron al brote de la infección. Ambos le cuentan cómo la infección empezó a surgir primero en los campos, poblados, aldeas pequeñas y por último en las zonas urbanas de todo el país. Le explican que el bloqueo de las fuerzas armadas nacionales no funcionó, que no hay Gobierno, ni policía, ni Ejército, y que lo último que dijeron las radios antes de cesar sus transmisiones fue que hubo reportes de casos de infección en París y Nueva York, y después ya no se comentó nada.

La infección se convirtió en epidemia en 1999 y comenzó el 'Exterminio'. Primero murió la democracia, luego cayeron la meritocracia, la justicia y la libertad

Pienso que, en nuestra versión, la infección comenzó cuando un "por ahora" (NdlR: alusión a una frase de Hugo Chávez cuando fracasó su intento de golpe, en 1992: "por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados") afectó a una parte de la población venezolana por allá en el año 1992. Se convirtió en epidemia en 1999 y comenzó el Exterminio. Primero murió la democracia, luego cayeron la meritocracia, la justicia y la libertad.

Después llegó el hambre, y con ella la desnutrición, murió la salud, desaparecieron médicos y medicinas, la muerte nunca pudo andar tan tranquila en la patria de Bolívar. Luego llegó el silencio, cayó la libertad de expresión y los medios de comunicación se fueron muriendo. Los que no caían víctimas de leyes infecciosas, sucumbían al capricho de la enfermedad o simplemente eran arrebatados, como arrebatados fueron campos y empresas, para ser consumidos y quedar yermos en fútil existencia.

Al principio, unos cuantos decidieron escapar de la peste. Con el paso de los años se fueron sumando más y más. Hoy los venezolanos somos considerados "la plaga que camina por América Latina". Somos la causa del incremento del sarampión en otras latitudes, así como del incremento de la delincuencia. El venezolano honesto es preparado y trabajador, pero los hay también flojos y acostumbrados al "regalado gubernamental". Cuando emigras, te tienes que partir el lomo y el que es flojo aquí, también es flojo allá. Eso no es nacionalidad, es personalidad.

En Venezuela, quienes no son exterminados, física, moral o económicamente, huyen de la nación con más reservas de petróleo probadas en el mundo. La industria petrolera, otrora buque insignia de la bonanza nacional, se hunde como las gabarras abandonadas en el lago de Maracaibo o la gloriosa flota de ferrys de la empresa margariteña Conferry, que se va llevando al fondo a la paradisíaca isla que en otros tiempos fue punto turístico obligado.

Filas de venezolanos a pie llenan las serpenteantes rutas andinas, ya varios han perecido en los fríos páramos en su huida. Con pocas ropas al hombro, en maletas, cajas o bolsas, asemejan hormigas huyendo del hormiguero inundado. La selva amazónica se ve invadida de refugiados mientras los países vecinos piden ayuda o restringen el paso de los "infectados". Su número les ha desbordado.

La selva amazónica se ve invadida de refugiados mientras los países vecinos piden ayuda o restringen el paso de los "infectados". Su número les ha desbordado

Llegamos a la oficina, 4 minutos antes del estimado por el GPS. Vamos a trabajar porque los espacios vacíos tienen que ser llenados, las necesidades aumentan y los sobrevivientes tratamos de mantener funcionando lo poco que queda.

A diferencia de la película, aún existimos sobrevivientes que resistimos, soñadores y hacedores que apostamos por una nueva Venezuela, luchadores que al igual que aquel lejano y vilipendiado personaje de nuestra historia hemos subido al monte sacro de nuestras conciencias y hemos jurado lograr la libertad de nuestra noble nación.

Muchos esperan que el problema sea resuelto por los herederos de la legendaria Legión Británica al mando del coronel James Rooke, esos que han olvidado que esos hombres murieron "por la patria que había de darle sepultura" [Palabras del coronel, herido en la Batalla del Pantano de Vargas]. Sin embargo, olvidan que la Legión fue parte de un cuerpo mayor formado por venezolanos venidos de todas las regiones, los centauros de Páez o los caribes de Arizmendi, entre tantos otros héroes.

Más de tres millones de almas se han regado por el mundo. Somos una pandemia tricolor, nunca una arepa en tierra lejana había arrancado tantas lágrimas.

Hoy, amanecemos con más del 40% del comercio cerrado, después del absurdo paquete, en un país lleno de viejos y niños porque la juventud se ha marchado. Las ferias artesanales se llenan de madres huérfanas, las empresas han dejado de tener herederos y el sueño de las juventudes no son bienes sino vida.

Es difícil hablar de una huelga general en un país que está prácticamente paralizado.

Los que quedamos somos la resistencia, la fuerza que lucha día a día en contra de los zombis comedores de ideas y sueños

Los que quedamos somos la resistencia, la fuerza que lucha día a día en contra de los zombis comedores de ideas y sueños.

Estamos rodeados por los insaciables zombis que, acorralados por la acción de fuerzas internacionales, se ven obligados a la rapiña, tratando de extraer el jugo de los que quedamos ante su incapacidad de producir. Zombis que entregan la tierra y los recursos a cambio de "la vida eterna", protegidos ya no por el número, sino por su salvajismo y su canibalismo; apoyados por zombis viejos, sobrevivientes de otras pandemias antiguas y que ven en nuestros recursos y vidas alimentos para su propia supervivencia. Zombis cubanos, rusos y chinos tratan de extraer hasta nuestra última gota de sangre esgrimiendo soberanía y protocolos internacionales.

Aquí estamos.

Recorriendo las solitarias calles y avenidas del país que nos vio nacer, el país que recordamos y del cual conocemos sus potencialidades.

Aquí estamos.

De pie ante el exterminio.

19 años después.

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