60 años de guerra permanente

La verdadera guerra que ha asolado esta nación es la que sostiene ese grupo contra su propio pueblo desde hace seis décadas

Fidel Castro entrando a La Habana el 8 de enero de 1959
Fidel Castro entrando a La Habana el 8 de enero de 1959

Un grupo de hombres -no una generación, sino la llamada "dirigencia histórica" junto con sus sucesores elegidos a dedo-, cumple esta semana 60 años en el poder sin haber concedido nunca a la población el derecho a elegir otra opción.

Lo celebran sin recato alguno, cuando más bien deberían avergonzarse. En su propio programa oficial de Historia injurian a un presidente de los años 30 porque pretendió prorrogar su mandato por tres o cuatro años más, un presidente que industrializó al país, embelleció las ciudades con hermosos edificios y calzadas, y que cuando se marchó, dejó, a lo que era una factoría azucarera con trabajo semiesclavo y en manos foráneas un país moderno y próspero que desde entonces fue la admiración de todos los extranjeros que lo visitaban, y que en muchos renglones estuvo a la cabeza de toda Latinoamérica.

Ese presidente había sido elegido democráticamente, mientras que los que hoy celebran seis décadas de poder ininterrumpido llegaron mediante la violencia

Ese presidente había sido elegido democráticamente, mientras que los que hoy celebran seis décadas de poder ininterrumpido llegaron mediante la violencia, ejecutando, sin garantías procesales, a cientos de militares, y perpetrando una vil traición a los ideales de muchos de sus propios compañeros que habían dado su sangre por restituir la Constitución abolida tras el cuartelazo del 52, además de celebrar las elecciones libres que aquel golpe había impedido. El caudillo mismo había dado un portazo en el rostro de todos esos mártires al preguntar durante una concentración pública: "¿Elecciones para qué?"

Este grupo ha hecho todo lo contrario de lo que hizo aquel presidente. Ha convertido a su pueblo en uno de los más pobres del continente, como si acabara de salir de una devastadora guerra, con ruinas por doquier, entre ellas, las de la mayoría de los centrales azucareros, después de haber sido el primer país del mundo en esa industria. Hoy ese pueblo tiene que hacer largas colas por un pedazo de pan y multitudes en las calles forcejeando por acceder a cualquier vehículo para trasladarse, porque el transporte público casi ha desaparecido.

El dinero obtenido por los altos precios del azúcar de los años 70 y luego por los precios preferenciales de la Unión Soviética -¿decenas de millones, cientos, miles de millones?- fueron derrochados en guerras de otros continentes para satisfacción del narcisismo de ese caudillo, mientras su pueblo sufría precariedades de todo tipo.

¿Qué clase de bloqueo es ese que, a su pesar, Cuba ha mantenido relaciones comerciales con casi todos los países del mundo, y hoy, hasta con los granjeros de los propios Estados Unidos?

¿Todo era culpa del enemigo del Norte y su bloqueo? ¿Qué clase de bloqueo es ese que, a su pesar, Cuba ha mantenido relaciones comerciales con casi todos los países del mundo, y hoy, hasta con los granjeros de los propios Estados Unidos? El embargo estadounidense sólo sirvió de coartada para justificar todos los desastres provocados por los caprichos de un gobernante omnímodo.

¿Qué guerra es esa? ¿A qué enemigo enfrenta ese pueblo? Porque se ha pasado la vida en estado de sitio indefinido, en perpetua suspensión de garantías constitucionales, y en zafarranchos de combate, uno tras otro. en espera de una invasión extranjera que supuestamente llegaría para asolar el país y apoderarse de nuestra patria. Se advertía que, de realizarse, ese enemigo sólo recogería "el polvo de nuestro suelo anegado en sangre".

¿Llegó esa invasión alguna vez? Para casi todo el mundo nunca se llevó a cabo. Pero yo les digo que sí, que esa invasión ya se hizo desde el primero de estos 720 meses, y todavía, hasta hoy, continúa asolando al país. Porque el enemigo de esta nación es ese grupo en el poder. El verdadero bloqueo contra este pueblo lo tiene impuesto ese grupo con todas sus trabas burocráticas, sus prohibiciones, su censura, sus persecuciones y expropiaciones a cientos de miles de trabajadores independientes, e incluso la explotación semiesclava de decenas de miles de empleados y profesionales a quienes les arrebata más del 80% de sus salarios.

Todo se ha hecho en nombre de "la Revolución". Durante esos 60 años se ha estado hablando constantemente de "defender la Revolución", se le da vivas a la Revolución, la Revolución ante todo, "dentro de la Revolución, todo, fuera de la Revolución, nada", etcétera.

El enemigo de esta nación es ese grupo en el poder. El verdadero bloqueo contra este pueblo lo tiene impuesto ese grupo

De acuerdo con la definición más en boga de esa palabra, "cambio violento en las instituciones políticas de una nación", esa revolución se produjo en Cuba en los primeros nueve años. Es decir, hace más de 50 que se acabó, a pesar de que se sigue hablando de ella en presente, algo que ya no existe -o que nunca existió si tenemos en cuenta que fue fruto de una traición-, un fantasma que se presenta por todas partes como un cadáver embalsamado del que se pretende que creamos que aún vive, como cuando Juana La Loca arrastraba los restos de su amado Felipe el Hermoso por todo el reino de España. Es hora de desnudar la mentira de una vez y para siempre. Aquí ya no hay ningún revolucionario y menos en la élite del poder, sino un grupo de reaccionarios en una cúpula dictatorial intentando perpetuar un modelo insostenible que hasta el propio caudillo, poco antes de morir, reconoció que era inviable: "Este modelo no sirve ni para los cubanos".

La verdadera guerra que ha asolado esta nación es la que sostiene ese grupo contra su propio pueblo desde hace seis décadas con sus decretos demenciales. Y de continuar en el poder probablemente se haga realidad la citada advertencia y de nuestro país no quede otra cosa que eso: el polvo de nuestro suelo anegado en sangre.

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