Los apodos del poder

Los aduladores del poder se empeñan en colocarles calificativos rimbombantes y heroicos a sus líderes, pero la sabia popular se encarga siempre de agregarle un poco de humor al asunto

Pintada este miércoles contra Miguel Díaz-Canel en el barrio habanero de Santos Suárez. (Twitter/@ElRuso4k)
Pintada contra Miguel Díaz-Canel en el barrio habanero de Santos Suárez. (Twitter/@ElRuso4k)
Yunior García

27 de octubre 2022 - 11:23

Madrid/Uno de los primeros motes que recibió Díaz-Canel antes de convertirse en la cabeza visible del régimen cubano fue mientras figuraba como primer secretario del Partido Comunista en Holguín. El sujeto se había empeñado en impedir que los campesinos entraran leche a la ciudad. Su "ley seca" no mejoró la producción y distribución de lácteos en la provincia, pero sí levantó la ira de los escasos ganaderos. Algunos de ellos preferían verter el producto en la tierra, antes que entregarlo a los policías e inspectores que acordonaban las entradas a la ciudad cubana de los parques. Los perros sabuesos de Canel estaban entrenados en olfatear todas las formas del tráfico de leche y castigaban férreamente el pecado onanista. El inquisidor sería ascendido, pero en Holguín fue bautizado desde entonces como Miguel "Díaz-Condón".

Los epítetos existen incluso antes de que Homero los hiciera famosos. Ya en la Epopeya de Gilgamesh, en los Textos de las Pirámides o en el Génesis bíblico, encontramos el uso de apelativos que alternan con el nombre del personaje. Y aunque es cierto que se empleaban generalmente para resaltar cualidades positivas, en tiempos modernos su uso ha sido mucho más peyorativo, sobre todo, en política.

Aunque es cierto que se empleaban generalmente para resaltar cualidades positivas, en tiempos modernos su uso ha sido mucho más peyorativo, sobre todo, en política

Los aduladores del poder se empeñan en colocarles calificativos rimbombantes y heroicos a sus líderes, pero la sabia popular se encarga siempre de agregarle un poco de humor al asunto. Así, el dictador español Francisco Franco, denominado El Caudillo por sus seguidores, otros lo llamaron El Cerillita, por su baja estatura. Pinochet era Pinocho, para quienes sufrieron la dictadura en Chile. Y el dominicano Leónidas Trujillo pasaría a la historia como El Chivo.

Tampoco los adalides de la izquierda latinoamericana se han librado de recibir sobrenombres. A Néstor Kirchner lo llamaban El Pingüino, por su parecido físico con el personaje de Batman. Hugo Chávez era El Innombrable. Su heredero, Maduro, es harto conocido como Maburro, debido a sus continuas meteduras de pata. Daniel Ortega sería bautizado como El Bachi o Mico Mandante. Mientras que su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, es La Chamuca, nombre popular que los nicas le dan a Satanás.

Volviendo a Cuba, casi todos los presidentes de la República fueron distinguidos popularmente con algún alias. Tomás Estrada Palma se ganó la fama de tacaño, y sus enemigos lo nombraron Tomasito, el cicatero. El gobierno de José Miguel Gómez tuvo aciertos y errores, pero la corrupción dominante hizo que el propio caudillo se reconociera como un tiburón. La frase: "Tiburón se baña, pero salpica", es de esas cosas que los escolares recuerdan toda la vida, más allá del excesivo empeño del adoctrinamiento oficial para narrar la República de un modo simplista. Mario García Menocal fue conocido como El Mayoral, Alfredo Zayas como El Chino, y el dictador Gerardo Machado como El asno con garras. Tampoco Grau San Martín se libró del choteo. Aunque sus acólitos lo llamaran El Mesías de la Cubanidad, otros lo renombraron: El Divino Galimatías.

Fulgencio Batista sería El Hombre, para muchos. Sin embargo, el color de su piel hizo que nunca fuese aceptado por las élites, quienes lo llamaban desde El Indio hasta El Negro. Tras el triunfo del 1 de enero, los rebeldes colocarían en la presidencia a Manuel Urrutia, un pobre personaje que, como ni pinchaba ni cortaba, sería apodado Cucharita.

Entonces llegó Fidel Castro para acaparar, además, el récord nacional de motes. 'El Caballo' quizás sea su apodo más famoso, ya que ese animal ocupa el número uno en la charada

Entonces llegó Fidel Castro para acaparar, además, el récord nacional de motes. El Caballo quizás sea su apodo más famoso, ya que ese animal ocupa el número uno en la charada. Pero, casi al final de su existencia, sus acólitos insistirían en llamarlo Caguairán. El pueblo, no obstante, usaría otras formas más ingeniosas para nombrarlo: Fifo, Barba-Truco, Coma-Andante, Comediante en Jefe, El Cenizas o, más recientemente: La Piedra.

Su hermanito, Raúl Castro, tampoco escapó de los apodos. El machismo tropical insiste en llamarlo La China, no solo por ser el lampiño en medio de una familia barbuda, sino también por los incontables rumores sobre su sexualidad. Hasta un converso tardío, como el trovador Ray Fernández, hace alusión a esto en un tema cargado de malicia: "China, búscate un rabo... de nube". Seguramente el "trocador" deberá ajustar su repertorio para ser admitido como cortinero en las actividades culturales del régimen.

Ya, por último, hemos llegado al Diazka, el ratoncito Miguel, Miguel Mario-Neta, el Puesto a Dedo, el Limonero-Guarapero mayor, el Dictador del Corazón de La Machi, KKKanel, Días-Contados. Aunque el mejor apodo de todos, sin dudas, pertenece a la autoría de los raperos Al2 y Silvito El Libre: Díaz-Canel... Singao.

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