Cuba y la Noche
El burro, la cacatúa y el año del caballo muerto
Cuba y la Noche
Madrid/Este sábado 3 de enero fue, sin duda, un día histórico. El 2026 –año del caballo para la cultura china– comenzó con la captura de Nicolás Maduro, un individuo al que muchos asocian con un burro, y no precisamente por el simpático personaje de la película Shrek. Pasada la euforia inicial, se ha generado un maremoto de debates, cuestionamientos, dudas y predicciones. Y en este minuto nadie tiene claro qué pasa realmente en Venezuela ni hacia dónde se dirige ese país destrozado por casi tres décadas de políticas fracasadas.
Quienes detestamos las dictaduras y aspiramos a un futuro democrático para ese país y para nuestra Isla celebramos la caída del tirano como se celebra un gol. Al mismo tiempo, los regímenes que llevan décadas saqueando los recursos venezolanos –con Cuba a la cabeza– se rasgaron las vestiduras invocando un “derecho internacional” que nunca han respetado. La Habana habló de legalidad mientras apretaba los dientes, consciente de que el temblor en Caracas sacude su propio edificio, ya en ruinas. La abuela de las dictaduras teme perder su trono justo en el centenario de su fundador, el viejo barbudo al que apodaban El Caballo.
Ahora, con la mente fría, conviene bajar el volumen de la hinchada en las gradas y mirar el terreno de juego con pragmatismo. ¿Ya hay libertad en Venezuela? Todavía no. ¿Está más cerca una transición democrática real? Tal vez, pero aún no es evidente. ¿Son confiables los sustitutos de Maduro para conducir al país hacia ese horizonte? Francamente, lo dudo.
¿Está más cerca una transición democrática real? Tal vez, pero aún no es evidente. ¿Son confiables los sustitutos de Maduro para conducir al país hacia ese horizonte? Francamente, lo dudo
Las imágenes llegadas desde Caracas, con Diosdado Cabello, Vladimir Padrino y Jorge Rodríguez sentados a la mesa del poder, mientras una presidenta interina repetía el viejo libreto, tampoco invitan al optimismo. Delcy Rodríguez –apodada por muchos venezolanos la Cacatúa, por su habilidad para repetir consignas sin variaciones– sigue siendo el puro reflejo de la continuidad del narcochavismo.
Las palabras de Donald Trump tras la rueda de prensa en Mar-a-Lago generaron otra polémica todavía más ruidosa. El presidente habló de petróleo –mencionó la palabra 20 veces–, pero evitó términos como derechos humanos, presos políticos o democracia. Tampoco se alineó con la figura que una mayoría de venezolanos identifica como líder legítima de la oposición, María Corina Machado. En su lugar, señaló a Rodríguez como la conductora del cambio.
Para comprender ese discurso quizás no basta con mirar hacia Caracas. Hay que observar hacia el ombligo de Estados Unidos, al corazón mismo de la criatura creada por Trump bajo la consigna Make America Great Again.
Dentro de MAGA conviven corrientes que desconfían profundamente de cualquier acción exterior. El nacionalismo no intervencionista –mayoritario en la base– rechaza guerras, tutelas y “transiciones dirigidas”. Su voz más influyente, Tucker Carlson, ha insistido durante años en que Washington no debe gobernar países ajenos. Antes de la captura de Maduro, fue explícito al rechazar cualquier tentación de acciones en Suramérica. En uno de sus monólogos más citados afirmó: “Venezuela no es una amenaza para Estados Unidos. No tiene misiles apuntándonos. No está planeando atacarnos. Entonces, ¿por qué exactamente deberíamos involucrarnos?”
A ese núcleo se suma el populismo anti-deep state, que ve en cualquier operación exterior la mano del Pentágono, la CIA o el complejo militar-industrial. Y está, además, el MAGA económico-nacional, obsesionado con los costos internos: carreteras, inflación, empleo y frontera, antes que en aventuras al sur del Río Grande. Ese es el público que quizás Trump tenía en mente cuando insistía en que no habría ocupación, ni nation-building, ni guerras interminables.
De ahí, tal vez, se desprende que el presidente se haya visto obligado a desempolvar recientemente la doctrina Monroe. América, vino a decir, no termina en las fronteras con Canadá y México; el hemisferio occidental sigue siendo un espacio doméstico. La invocación durante la rueda de prensa pretendía presentar lo ocurrido en Venezuela no como una aventura exterior, sino como un asunto de Seguridad Nacional, distinto –al menos en el relato– de las guerras lejanas en Oriente Medio que tanto repudia su base. Es una pedagogía dirigida a los más escépticos, obsesionados con el America First.
Marco Rubio sonaba especialmente interesado en enfatizar esa visión y Trump lo observaba como si recordara sus encontronazos recientes con la visión de J.D. Vance
Marco Rubio sonaba especialmente interesado en enfatizar esa visión y Trump lo observaba como si recordara sus encontronazos recientes con la visión de J.D. Vance. El vicepresidente de EE UU ha resumido su postura con una frase ampliamente difundida: “Las guerras en el extranjero nunca han mejorado la vida del trabajador estadounidense”. En otra declaración, aún más directa, sentenció: “No se puede reconstruir Ohio con dinero gastado en Caracas”.
Esa batalla interna dentro de MAGA podría explicar el desconcierto que hoy derrama barriles de tinta en tantos periódicos del mundo y que añade horas de videos a los canales de YouTube. Porque Trump está atrapado entre los que buscan una Latinoamérica fuera del alcance de China y los que están hartos de que EE UU gaste montañas de dinero en jugar al policía global.
Pase lo que pase en Venezuela, el futuro inmediato se pinta negro para Cuba, se consulte el horóscopo chino, el calendario gregoriano o el parte meteorológico del régimen. La Isla llega exhausta a 2026, sin petróleo, con un relato que ya no convence ni a sus herederos, y que depende –como nunca– de que otros caballos sigan tirando del carro. Si Caracas cae finalmente en la órbita de Washington, La Habana quedará desnuda, atrapada en su propio centenario, obligada a celebrar a un líder muerto mientras el país se deshace en apagones, emigración y ruinas. La ironía histórica es notable: la dinastía que se creyó eterna, la del Caballo, puede terminar de desplomarse justo en el año de su aniversario redondo.
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