¡Soy cubano!

La causa es que no se puede forzar el talento (ni con dinero) para generar obras perdurables, menos aún desde un falso e insustancial sentimiento patriótico

Willy Chirino y Alexis Valdés han creado esta nueva canción con la colaboración de Arturo Sandoval. (Captura)
Willy Chirino y Alexis Valdés han creado esta nueva canción con la colaboración de Arturo Sandoval. (Captura)

Un videoclip colgado en internet hace unos días muestra a tres jóvenes suboficiales con uniformes del Ministerio del Interior interpretando una cantilena en respuesta a la canción Patria y Vida. No puede precisarse el origen, pero a juzgar por el uniforme de uno de ellos, dotado hasta del pito reglamentario con su cadena a la charretera, parecen ser, ciertamente, miembros de las fuerzas del orden. Tal adefesio no merecería un comentario si no fuera por la frase inicial: "Sesenta años de esta gran nación; 62 de esta Revolución".

Primero, vestir de policía para intimidar desde la música a los cubanos que piensen diferente es algo absolutamente antinacional, y suena más a los perros de la novela Rebelión en la granja de George Orwell, desaparecidos cuando cachorros y después convertidos en peligrosos guardaespaldas del puerco Napoleón cuando este accede al poder.

Vestir de policía para intimidar desde la música a los cubanos que piensen diferente es algo absolutamente antinacional, y suena más a los perros de la novela 'Rebelión en la granja' de George Orwell

Para definir la cubanidad resulta indispensable acudir a Fernando Ortiz. Entre sus obras y artículos sobre el tema, la concibió como "condición del alma" que requiere "la conciencia de ser cubano y la voluntad de quererlo ser"; ninguna otra referencia a lugar de residencia, a preferencia ideológica o a pensamiento político. Igualmente, denunció que "nuestra sintética característica intelectual es la ignorancia", epíteto más relacionado con los jóvenes autores de la canción, por decir lo menos.

El propio 15 de marzo en que apareció el hazmerreír de marras, se estrenó otra pieza de la autoría de Alexis Valdés, cantada a dúo con Willy Chirino, acompañados por un grupo de músicos cubanos, entre los cuales destaca una breve intervención del compositor e intérprete Arturo Sandoval. Hasta donde sé, la idea surgió durante la presentación de éstos y otros artistas auspiciada por varios eurodiputados para denunciar las penurias del pueblo cubano. Dieciséis días después se estrenaba, a pesar de la urgencia, una verdadera ofrenda a la nación desde el sentimiento, de calidad, y perdurable.

Fusión de géneros, tiene, sin embargo, el sabor del son cubano. El virtuosismo de Sandoval en su breve solo condimentó la interpretación con la mejor tradición de sus geniales antecesores Félix Chapottín, el Louis Amstrong del son cubano", o Julio Cueva, quien hizo vibrar París con la conga.

Todos trompetistas destacados, Chapottín no tuvo filiación política conocida, Julio fue comunista consecuente (por cierto, murió en La Habana en 1975 sumergido en el anonimato) y Sandoval considera que el marxismo es una de las mayores desgracias sufridas por este país en su historia. Todos ellos son cubanos y califican entre los más aptos para expresar la cubanidad a través de la música.

Nuestros oligarcas, maestros del populismo, han sido capaces de borrar de la difusión, sin embargo, a genuinos exponentes de lo popular como Sandoval o Chirino sólo por pensar diferente. Cuando a ello se suma un "profesionalismo desmedido" (cito a Ecured, la plataforma oficialista cubana), el músico resulta absolutamente desconocido. Tal calificación se encuentra en la página dedicada a Aurelio de la Vega, universalmente conocido como compositor, pedagogo y director de orquesta, calificado como "coloso de Cuba y del mundo" en el Diario Las Américas. Con más de 90 años de vida aún activa, se ha visto obligado a pasar 62 de ellos en el exilio por considerar que Cuba padece "un Gobierno totalitario comunista con un sistema empresarial tipo capitalista". La crítica a su profesionalismo se debe al cultivo del atonalismo como tendencia en muchas de sus composiciones, como si la obra de Harold Gramatges, quien ocupó destacados puestos en la dirección comunista de la cultura, no fuera igual de compleja.

Descartando los 'likes', 'dislikes', y hasta la "minería de datos", esta batalla ideológica la ha perdido el Gobierno cubano

El jaleo motivado por Patria y Vida ha generado, por un lado, una significativa cantidad de respuestas del oficialismo, marcadas mayoritariamente por la mediocridad, y por el otro, la composición mencionada, hecha con oficio y profesionalismo. Descartando los likes, dislikes, y hasta la "minería de datos", esta batalla ideológica la ha perdido el Gobierno cubano. La causa es que no se puede forzar el talento (ni con dinero) para generar obras perdurables, menos aún desde un falso e insustancial sentimiento patriótico. Testimonio elocuente de ese nerviosismo es el anuncio de Granma, 25 días después del estreno de Patria y Vida, sobre la inclusión del tema "subversión político-ideológica en internet" entre los asuntos a tratar en el Octavo Congreso del Partido Comunista de Cuba.

Tan genuina expresión de la cubanidad es la obra del comunista Julio Cueva con su Tingo talango, como la más elaborada de Arturo Sandoval, hasta la definitivamente atonal y compleja de Aurelio de la Vega. Todos somos igualmente cubanos por la voluntad de quererlo ser, aunque motivados por similar diversidad de posibles cosmovisiones. Por lo pronto, con mucha buena música cubana todavía por escuchar, me despido con Valdés y Chirino: "Yo soy cubano, y nadie me podrá quitar el ser cubano".

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