Los cubanoamericanos en la contienda entre Biden y Trump

Biden tuvo la oportunidad de impactar en la tragedia cubana si se hubiese pronunciado cuando era vicepresidente

Trump y Biden se vieron las caras por primera vez en Cleveland, en el estado clave de Ohio, donde discutieron durante más de 90 minutos. (EFE/EPA/Olivier Douliery)
Trump y Biden se vieron las caras por primera vez en Cleveland, en el estado clave de Ohio, donde discutieron durante más de 90 minutos. (EFE/EPA/Olivier Douliery)

Las elecciones para decidir quién será el próximo inquilino de la Casa Blanca ocurrirán en un mes y Carlos Alberto Montaner se acerca al tema en una crónica titulada Por qué no me gusta Trump, que acaba de publicar este periódico. Carlos Alberto es un entrañable amigo, y no hay otro cubano que haya escrito con más perseverancia y lucidez sobre la Isla y sus ciudadanos.

El artículo es un catálogo de razones que dan cuenta del disgusto de Montaner. Sin embargo, entre ellas no aparecen importantes medidas sobre Cuba diseñadas a limitar los recursos para la represión en la Isla y la presencia militar en Venezuela, ni la creación de la coalición sin precedentes de medio centenar de Gobiernos que han retirado su reconocimiento diplomático a Nicolás Maduro.

Hay que reconocer que Montaner dice la verdad cuando describe la chabacanería, la falta de urbanidad, las exageraciones, los epítetos insultantes, la costumbre de interrumpir al adversario en un debate, la falta de clase del actual presidente norteamericano.

Es obvio que ni Donald Trump ni Joe Biden son expertos en tecnología nuclear, cohetes espaciales, producción agrícola, ni otras muchas cosas sobre las cuales las decisiones del Gobierno son muy importantes

¿Pero de Cuba, qué? Es obvio que ni Donald Trump ni Joe Biden son expertos en tecnología nuclear, cohetes espaciales, producción agrícola, ni otras muchas cosas sobre las cuales las decisiones del Gobierno son muy importantes. Tampoco son expertos sobre muchos países extranjeros, incluyendo a la isla a 90 millas que ha sido un dolor de cabeza para una docena de presidentes estadounidenses.

Cuando fungía como vicepresidente del país, Biden tuvo la oportunidad de impactar en la tragedia cubana si se hubiese pronunciado cuando el presidente Obama aceptó las exigencias del general Raúl Castro. Pero Biden no aprovechó esa oportunidad de oponerse a que Obama suspendiera la política pies secos/pies mojados, cancelara el programa de asilo político a los médicos, y amnistiara a un oficial de la inteligencia cubana que cumplía condena por su papel en el asesinato de ciudadanos estadounidenses por aviones de guerra cubanos.

¿A estas alturas, podemos los cubanoamericanos confiar en Joe Biden respecto al futuro de Cuba?

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