Un día los cubanos sabrán cuán cobarde fue Fidel Castro toda su vida

No había vuelos comerciales a la Isla, pero el comandante insistía en que lo matarían si salía de la sede diplomática

Fidel Castro en la Sierra Maestra (CC)
Fidel Castro en la Sierra Maestra (CC)

En medio de la tragedia del siniestro de los tanques petroleros en Matanzas, Díaz Canel hizo unas declaraciones triunfalistas calcadas de los discursos del ex Líder Máximo. Las declaraciones casi coinciden con el natalicio de Fidel Castro, cuyo régimen se mantiene todavía en el poder sobre la base de la represión, la propaganda y el control férreo de la información.

Lamentablemente, muchos hechos importantes de la vida de Castro no son conocidos por millones de cubanos y nunca han sido publicados en las páginas de Granma.

Por ejemplo, que nunca entró en el Cuartel Moncada. Iba en un automóvil que lo llevaba al lugar para asumir la jefatura del ataque. Lo acompañaban varios revolucionarios, incluyendo Gustavo Arcos Bergnes, quien al llegar al cuartel, donde ya se oía el tiroteo, se apresuró a incorporarse al combate, donde fue herido. Arcos fue años después embajador del Gobierno revolucionario en Bélgica y más tarde fue enviado al presidio político, por disentir de los nuevos derroteros de Fidel.

Huyó a nado, dejando allí a sus compañeros que fueron capturados por la Marina cubana.

Aquel domingo 26 de julio de 1953, inexplicablemente, el futuro Comandante en Jefe, no se apeó del automóvil y no entró en la fortaleza.

Allí murieron, obedeciendo sus órdenes, muchos de aquellos hombres, mientras él huía para esconderse bajo la sotana del arzobispo de Santiago de Cuba, Enrique Pérez Serantes, quien le salvó la vida.

No fue la única vez que Castro efectuó una "retirada táctica" abandonando a otros.

Dos semanas después de cumplir sus 21 años, a finales de agosto de 1947, durante la expedición de Cayo Confites, donde se entrenaba para ir a derrocar al dictador dominicano Leónidas Trujillo, Fidel Castro puso pies en polvorosa. Es decir, huyó a nado, dejando allí a sus compañeros que fueron capturados por la Marina cubana.

Muchos años después, en Washington, cené con el ex embajador cubano en Colombia el doctor Guillermo Belt Ramírez y su esposa Cuquita. Belt me relató los sucesos del bogotazo en abril de 1948, la insurrección en Colombia por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Según Belt, Fidel alentó con sus discursos altisonantes a los jóvenes colombianos a asaltar varias estaciones de Policía, pero ante la ofensiva de las Fuerzas Armadas colombianas y temeroso por su vida, se refugió en la Embajada de Cuba.

En medio de la crisis, no había vuelos comerciales a la Isla, pero Fidel insistía en que lo matarían si salía de la sede diplomática. Al fin, el embajador pudo conseguir ponerlo en el único vuelo disponible: un avión de carga de ganado. Allí, entre los mugidos de las vacas, partió para Cuba el futuro Líder Máximo. Quizás aquel trauma explique el peculiar apego del comandante por Ubre Blanca, su vaca favorita.

De acuerdo con la propaganda oficial, la valentía del comandante en jefe era legendaria. Pero no lo suficiente para que se acercase a las tropas de Batista

De acuerdo con la propaganda oficial, la valentía del comandante en jefe era legendaria. Pero no lo suficiente para que se acercase a las tropas de Batista. Escondido en su guarida de la Sierra Maestra, entre 1957 y 1958, mataba a los "casquitos", jóvenes campesinos alistados en el ejército batistiano, desde muy lejos, con un rifle de mirilla telescópica. Ahí están las fotos, en el Museo de la Revolución, si alguien lo duda.

En cuanto al desdichado argentino Ernesto Guevara de la Serna, cuando en 1967 estaba rodeado por efectivos de un ejército boliviano por entonces asesorado por la CIA, y sin el apoyo de los campesinos o de los comunistas bolivianos, Fidel lo dejó morir, sin hacer nada para salvarlo.

En el otoño de 1958, Fidel envió a los comandantes Guevara y Camilo Cienfuegos a cientos de kilómetros a capturar la ciudad de Santa Clara, mientras él aguardaba el resultado de la batalla en la Sierra Maestra, donde lo sorprendió durmiendo la huida de Batista, el primero de enero de 1959.

Castro se demoró una semana en una marcha victoriosa, muy parecida a la de Benito Mussolini a Roma. Aclamado por las multitudes, incluyendo monjas, llegó a La Habana el 8 de enero, acompañado por el comandante Huber Matos, a quien después condenaría a 20 años de prisión por atreverse a renunciar, debido a la infiltración comunista en el Ejército Rebelde.

En Angola y Etiopía, ni de casualidad se le ocurrió a Fidel visitar a sus tropas en zonas bélicas, como lo hicieron los presidentes estadounidenses que fueron a fraternizar con sus soldados en Vietnam.

En el caso de Granada en 1983, Fidel ordenó a las fuerzas cubanas no rendirse, que lucharan hasta la muerte. La prensa castrista divulgó cómo aquellos cubanos, obedeciéndole, "con las armas en la mano, morían abrazados a la bandera de la estrella solitaria".

En Angola y Etiopía, ni de casualidad se le ocurrió a Fidel visitar a sus tropas en zonas bélicas, como lo hicieron los presidentes estadounidenses

No fue hasta después de que se supo que el jefe de las fuerzas cubanas, el coronel Pedro Tortoló Comas, ante el empuje abrumador de las fuerzas estadounidenses que invadieron aquella isla caribeña donde pretendían replicar la revolución cubana, decidió salvar vidas cubanas y ordenó su rendición. Por su sentido común, el coronel Tortoló, al ser repatriado, fue amonestado por Fidel y, degradado al rango de soldado raso, fue enviado a África a pelear, por haber ignorado los caprichos del líder revolucionario. Nunca más apareció su nombre en las páginas de Granma.

Pienso en el caso de otros personajes, como Benito Mussolini, Mao Zedong, Josef Stalin, Adolf Hitler o Francisco Franco, también objetos del endiosamiento de la propaganda. Como en esos casos, la historia de Fidel Castro un día también se conocerá por las nuevas generaciones en la Isla.

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