Los culpables

Las responsabilidades pueden recaer sobre cualquiera, menos en las autoridades que son quienes elaboran los planes e imponen sus políticas

Raúl Castro levanta el brazo de Miguel Díaz-Canel tras su nombramiento como presidente en 2018. (EFE/Alexandre Meneghini)
Raúl Castro levanta el brazo de Miguel Díaz-Canel tras su nombramiento como presidente en 2018. (EFE/Alexandre Meneghini)
Ariel Hidalgo

29 de julio 2023 - 14:27

Miami/Una vez más (y ya perdí la cuenta de todas las anteriores) los altos funcionarios del régimen cubano buscan un culpable para todo el desastre de la economía del país, según se desprende de las sesiones de la Asamblea Nacional a mediados de julio.

El presidente de la Asamblea Nacional, Esteban Lazo, reconoció que "el ciento por ciento de la canasta hoy se está importando" y agregó que el país no tiene dinero para comprar en el exterior. Las ganancias por exportación, según la viceministra primera de Economía, Leticia Morales, han sido de 1.300 millones de dólares, poco más de la tercera parte de lo que se esperaba, a pesar de que estas eran bajas en comparación con las exportaciones de 2019, que alcanzaron los 11.000 millones.

La razón que alegan para todo esto ya no es la pandemia y ni siquiera se atreven a culpar al tan manido "bloqueo imperialista". La razón es muy simple: nada se está produciendo en el campo. El primer viceministro, José Luis Tapia, para explicar esto último, afirmó que hay falta de combustible, fertilizantes, herbicidas y mano de obra. Y Lazo –no podía faltar–, culpó a los trabajadores agrícolas y a las autoridades municipales.

Las responsabilidades pueden recaer sobre cualquiera, menos sobre ellos, insignes moradores de un olimpo cubano demasiado alto para que los alcancen las salpicaduras de las culpas. Pero no son los trabajadores ni las autoridades municipales los que elaboran los planes nacionales, los que trazan las directrices, los que llevan a cabo las planificaciones, ni los que imponen las políticas económicas.

Las esperadas inversiones rusas en Cuba en las que cifran sus esperanzas no tendrían impacto inmediato en la economía del país. Por el contrario, sus resultados en el tiempo no deben contarse en meses sino en años, y la supuesta ayuda en petróleo no podrá compararse con lo que se recibía de la Unión Soviética y luego de la Venezuela de Hugo Chávez, aparte de que se trata de un país en medio de una guerra que no se sabe cómo va a acabar.

Pero por las razones que sean, es obvio que no han resuelto el problema, como ha pasado con las decenas de reformas que se han implementado a lo largo de más de 60 años

Mientras tanto, millones de personas, en una crisis peor que la del llamado Período Especial, padecen apagones, falta de agua, alimentos y medicamentos, con una inflación de tres dígitos, están hacinadas en viviendas a punto de derrumbarse. Se presentaba como solución del problema económico tras las protestas del 11 de julio, la supuesta solución de las mipymes (micro, pequeña y medianas empresas) que, según la viceministra de Economía, alcanza hoy la cifra de 8.590. Pero por las razones que sean, es obvio que no han resuelto el problema, como ha pasado con las decenas de reformas que se han implementado a lo largo de más de 60 años, anunciadas con bombo y platillo y nombres rimbombantes, como "actualización del modelo económico", "perfeccionamiento empresarial" o las "reformas del Período Especial". La relación ocuparía aquí gran espacio, sin contar los tantos proyectos surrealistas puestos en práctica para sacar al pueblo de la miseria, desde la fallida Zafra de los Diez Millones hasta la cría de roedores para la alimentación.

Entre las últimas reformas estuvieron las medidas raulistas, y finalmente las mipymes, por lo que ameritaría cambiarles el adjetivo de "revolucionarios" por el de reformistas, pero reformistas fracasados, porque con tantas reformas fallidas al cabo de seis décadas solo pueden tener un calificativo: incompetentes. En cualquier otro país habrían tenido que renunciar hace mucho tiempo o, al menos, acabar de reconocer que lo que está fallando es el modelo económico, porque si la reforma significa cambio de forma y no de esencia, entonces el mal de fondo permanece intacto. Lo que falla son las propias estructuras de esa sociedad y para cambiarlas se requeriría otra revolución.

Desde un principio todo fue errático, y se podía ver claramente que quienes estaban al frente no tenían ni el más mínimo conocimiento de administración ni de economía. La llamada nacionalización de las industrias solo nacionalizó las paredes y los techos de las fábricas, porque estas dependían de la industria matriz en el exterior como un cordón umbilical. Cuando se producía una rotura, se llamaba por teléfono a esa matriz, de donde en muy poco tiempo llegaba un técnico a cambiar la pieza, y, a veces, incluso, reemplazaba una maquinaria completa cuando se volvía obsoleta. Al "nacionalizarse" ya no había a quién llamar y la máquina quedaba paralizada. Por otra parte, las designaciones para dirigirlas no se hacían según la capacidad de la persona sino por su confiabilidad política. Una de las primeras medidas era claramente populista: rebajar los alquileres de los apartamentos al 50% –con lo cual los inversionistas perdieron interés en fabricar edificios–, cuando en verdad los alquileres bajan automáticamente cuando se estimulan esas inversiones. Muchos más errores semejantes se cometieron en los sembrados.

Un sistema que al cabo de más de 60 años ha destruido sus principales industrias, que habiendo sido el principal productor de azúcar en el mundo ahora lo tenga que importar, que habiendo sido el tercer país en América Latina en ganadería después de Argentina y Uruguay prácticamente la haya hecho desaparecer, es un fracaso rotundo. No creo que la guerra de Ucrania haya devastado más a ese país que lo que ha devastado a Cuba esas seis décadas de relativa paz. Quien encabezaba ese proceso no soportaba que alguien cerca de él lo opacara. Él tenía que brillar sobre los demás, por lo que generalmente se rodeaba de ineptos, algo diametralmente opuesto a lo ocurrido con otro gobernante cubano autoritario de los años veinte, quien brillaba, no tanto por él mismo, sino por los hombres prominentes de que se rodeaba y cuando se vio obligado a renunciar, dejó a un país lleno de industrias, carreteras y ciudades embellecidas con edificios monumentales, todo lo contrario de lo que ha quedado de este país que antes había logrado alcanzar gran prosperidad.

La verdadera solución está en el lado opuesto de todo lo que hasta ahora han hecho, pues para ellos todo tenía que estar controlado, planificado y estrechamente vigilado en una especie de férreo bloqueo interno

Ya no quieren recordar que durante la República el peso cubano estaba a la par del dólar, que el ingreso per cápita era superior al de España, Japón y Austria, y ahora es uno de los más bajos del mundo, que incluso había en Cuba más inmigrantes estadounidenses que cubanos en Estados Unidos, y que hoy, según datos de la ONU, hay 1.757.300 emigrantes cubanos repartidos por el mundo.

¿Quién es el principal responsable de este desastre? ¿Acaso Estados Unidos, actualmente el principal socio comercial de Cuba en productos agrícolas? Los verdaderos responsables son los que se han empeñado en mantener un modelo que es ya evidente para todo el mundo, incluso para ellos mismos, que no es sustentable y que requiere siempre de un aliado rico que lo subsidie. Cuando este falta, entonces tienen que acudir a los éxodos masivos para aliviar las tensiones internas y ganar tiempo hasta que aparezca un nuevo aliado que los sostenga, pero, si ese nuevo aliado no aparece, se produce la quiebra total y ese régimen comienza a derrumbarse sin necesidad de intervenciones militares o insurrecciones armadas. Esto ocurrió con la propia Unión Soviética y todos los países del campo socialista; lo percibieron los chinos y comenzaron a tiempo a implementar reformas capitalistas, un tiempo que Cuba ya no tiene.

Ni siquiera se han atrevido a dar pasos firmes hacia el cambio que han estado planeando con los rusos, la transición que hace varios años, quien escribe, tras un viaje a Rusia, advertía que era la única que los cubanos no deberíamos promover: hacia un capitalismo de mafias empresariales, repartiendo las empresas entre sus más allegados bajo la férula de un "padrino" en jefe como lo ha sido Putin para Rusia. Pero el Putin cubano no aparece por ninguna parte. Los que pudieran desempeñar ese papel están al borde de la sepultura, y el yerno del General en Jefe que pudo desempeñarlo murió intempestivamente, mientras que Díaz-Canel no parece con madera para ese papel, así que sin tiempo y sin ese Putin criollo, solo les queda un camino.

La verdadera solución está en el lado opuesto de todo lo que hasta ahora han hecho, pues para ellos todo tenía que estar controlado, planificado y estrechamente vigilado en una especie de férreo bloqueo interno. La solución está en dar la mayor libertad posible al pueblo, pues el poder creador del cubano, que hizo posible aquellos milagros logrados a pesar de todos los defectos de aquella República, no está muerto, sino adormecido en el alma del cubano debido a todas las restricciones que ha padecido durante más de 60 años.

A esa alma, en vez de cortarle las alas y controlar su vuelo cual papalote, hay que darle alas bien grandes para que se eleve aún más alto de lo que pudo volar durante la República.

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