El diablo sí existe

Poner en duda la influencia real de La Habana en las elecciones americanas es obviar la experiencia que aporta la historia

Ana Belén Montes, exanalista de la DIA, era agente cubana.
Ana Belén Montes, exanalista de la DIA, era agente cubana.

Acabo de leer un artículo publicado este lunes, en respuesta a otro del señor Emilio Morales, por Miriam Celaya, que como es habitual, no deja a nadie indiferente, lo que siempre se agradece. Coincidas o no con ella, el sólo hecho de que genere controversia es positivo y estimula el debate que tanto necesita nuestra nación y es por ello que me permito disentir en varios de sus planteamientos. Vayamos por partes.

Para comenzar, una periodista como Miriam Celaya conoce la fuerza de las palabras, por lo que me parece sumamente desacertado el título de su artículo, reforzado por el uso del entrecomillado. La palabra "fábula" implica el carácter de ficción del contenido, mientras que el entrecomillado pone en duda o trata de manera irónica lo afirmado por Emilio Morales. Como autora del artículo, está en todo su derecho de elegir el título, pero en este caso, parece más una descalificación que una crítica basada en el desmontaje de los presupuestos del autor mediante razonamientos opuestos o diferentes; no es su estilo, Miriam, ni a lo que tiene acostumbrado a sus lectores, su escritura incisiva es algo que disfruto sobremanera, no permita que se pierda por las emociones.

¿Cuántos posibles agentes o tontos útiles al servicio de La Habana hay entre los funcionarios del aparato de Gobierno de EE UU? Quizás cuando se abran los archivos del Ministerio del Interior nos llevemos más de una sorpresa

Pasemos ahora al pollo del arroz con pollo. Poner en duda la influencia real de La Habana en las elecciones americanas, basada en su supuesta falta de capacidad para conseguirlo, es obviar la experiencia que aporta la historia y subestimar las posibilidades demostradas de los servicios de inteligencia cubanos. Baste un par de ejemplos para demostrarlo: Ana Belén Montes, la analista principal de inteligencia de la DIA (Defense Intelligence Agency) especializada en Cuba, que por más de 15 años espió para Cuba y definió la política del Pentágono respecto a la dictadura cubana y su amenaza a la seguridad nacional de EE UU. ¿Ha existido mayor nivel de interferencia en la política de los EE UU que ese?. El otro ejemplo, la ubicación en universidades americanas de agentes al servicio de la inteligencia cubana, como el matrimonio de Carlos y Elsa Álvarez, encargados de identificar posibles candidatos a ser reclutados como espías o agentes de influencia entre futuros decisores, líderes de opinión o académicos. ¿Cuántos posibles agentes o tontos útiles al servicio de La Habana hay entre los funcionarios del aparato de Gobierno de EE UU? Quizás cuando se abran los archivos del Ministerio del Interior nos llevemos más de una sorpresa.

Pero bien, abandonemos las teorías conspirativas y analicemos las posibilidades reales de influencia en las redes de la dictadura. Es cierto que comparado con otros actores externos como Rusia, China o Irán, Cuba no cuenta con la capacidad tecnológica para ejecutar acciones capaces de inclinar la balanza de Facebook, Twitter u otra plataforma en su favor. Afortunadamente su indigencia económica se lo impide, pero por otra parte, cuenta con una herramienta de la que carecen esos países: una comunidad cubana asentada en su mayoría en el sur de la Florida, con capacidad real de decidir el resultado de unas elecciones presidenciales (recordemos Bush Jr. vs Gore, año 2000). Si de algo se puede acusar al señor Emilio Morales por su artículo es de intentar conseguir el apoyo de esa comunidad para los republicanos mientras que la Plaza de la Revolución hace todo lo que está a su alcance para que ésta apoye a los demócratas. Ignorar la realidad no cambia ésta.

Si en algo creo que coincido con el artículo de Miriam Celaya, hasta cierto punto, es en criticar a la "politiquería miamense" por manipular las emociones de la comunidad cubana

Es innegable que el desastre cubano es la consecuencia de más de 60 años de eso que se empeñan en seguir llamando revolución o socialismo, pero plantear que el resultado de éstas elecciones en particular no resulta de importancia cardinal para la supervivencia de la dictadura es ignorar el varapalo que significó la actual administración para el proyecto de "transición" (y aquí sí con comillas) de la dictadura cubana. ¿Se puede negar el espaldarazo que recibió el castrismo por parte de Obama? ¿Acaso su política no oxigenó a la dictadura? ¿No ha anunciado públicamente la candidatura demócrata que reinstaurará la política de concesiones a cambio de nada? Y no, no soy de los que creen que el futuro de Cuba lo decida milagrosamente un presidente norteamericano, eso está, para bien o para mal, en manos de los cubanos, de todos los cubanos, pero negar que la política de la Administración de Trump, con sus aciertos y desaciertos, ha profundizado la crisis de la dictadura, sería faltar a la verdad. ¿Que podría haberse hecho mucho mejor? Es cierto. ¿Que hay mucho de politiquería para captar votos cubanoamericanos? También es cierto, pero es que de eso va una campaña electoral y que tire la primera piedra quien no lo haya hecho.

Si en algo creo que coincido con el artículo de Miriam Celaya, hasta cierto punto, es en criticar a la "politiquería miamense" por manipular las emociones de la comunidad cubana, aunque en eso la dictadura le lleva ventaja y es precisamente lo que ha estado tratando de hacer con el asunto de las remesas. Si existe una razón especial por la cual no comulgo con esos "políticos miamenses" actuales, es precisamente por utilizar los mismos mecanismos de la dictadura, aprovechando la corta memoria del exilio. Los mismos líderes que en 2016 llamaban "asqueroso" a Trump son hoy los abanderados del trumpismo más pedestre, encargado de conceder certificados de "pureza ideológica" mientras que los disidentes y opositores defensores a ultranza de la política de Obama continúan hoy atacando, desde el trumpismo, a los opositores que en su momento no se plegaron a ella; eso sí, es politiquería y de la más abyecta y no las opiniones, acertadas o no, partidistas o no, del señor Morales.

Aún cuando no coincida con Emilio Morales en alguno de los planteamientos sobre los que fundamenta las medidas tomadas contra Fincimex, al menos éstas van enfocadas contra piezas específicas del entramado mafioso-empresarial. Esto permite una capacidad de negociación con la dictadura a fin de ofrecer alternativas a los cubanos. Precisamente de esas alternativas y posibles soluciones negociadas, Fincimex, como vocera del poder cubano, no dice ni una palabra, eso sí es manipulación, eso sí es politiquería.

La pérdida de la referencialidad no necesariamente sucede cuando abandonamos la Isla, también puede suceder cuando aún dentro de ella rechazamos visiones diferentes de la nuestra por el solo hecho de provenir de Miami

No veo en el artículo del señor Morales indicio alguno de pretendida superioridad intelectual, ni posición que fomente la fractura entre cubanos. La pérdida de la referencialidad no necesariamente sucede cuando abandonamos la Isla, también puede suceder cuando aún dentro de ella rechazamos visiones diferentes de la nuestra por el solo hecho de provenir de Miami; no es allí solamente donde venden la Coca Cola del olvido.

Le concedo que el cierre dramático no fue el mejor; pero bueno, a todos se nos sale la vena cursi alguna vez en la vida; lo que no quita que afirmar que "...no hay nada que se parezca más a un castrista que un trumpista", sea a su vez, un exabrupto que le acerca más a los extremos que critica, que al justo medio del razonamiento y la mesura que me permite disfrutar tanto de sus artículos.

Dicen que la verdadera política es el arte de lo posible, comprenderlo y hacerlo realidad es lo que separa a los políticos de los politiqueros. Sin conocerlo personalmente, prefiero pensar que el señor Morales está entre los primeros. Por otra parte, antes de poner en duda la interferencia de la dictadura en la política americana, me permito recordarle un viejo refrán: "El mejor truco que el diablo inventó fue convencer al mundo de que no existe".

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