Los dolorosos 25 años previos a la caída de Maduro

Columna

Represión, censura, encarcelamientos masivos, asesinatos selectivos y tortura sistemática, todo eso junto, es solo una parte del desastre humanitario

Cuando la gallina de los huevos de oro, el petróleo, se agotó, la economía empezó a hundirse.
Cuando la gallina de los huevos de oro, el petróleo, se agotó, la economía empezó a hundirse. / wikipedia/CC
Federico Hernández Aguilar

09 de enero 2026 - 05:54

San Salvador/El llamado Socialismo del Siglo XXI enamoró a mucha gente hace 25 años. Su narrativa era atractiva, sus liderazgos exudaban carisma y sus promesas estaban dirigidas a pueblos que desconocían las terribles historias de la China maoísta o la Unión Soviética estalinista. Pero a estas alturas, luego de ver los pavorosos resultados, la conclusión sencilla es que ninguna “modernización” del socialismo funciona. El del siglo XXI también destruyó economías, dividió sociedades e implantó tiranías, exacto como lo hicieron todas las formas de socialismo real tras la Revolución Bolchevique.

El proceso venezolano es particularmente doloroso porque hemos asistido a él —su inicio, su esplendor y su fracaso— casi en vivo y en directo. Desde la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, es decir, a lo largo de un cuarto de siglo, vimos la destrucción de un país por etapas, sin paliativos ni interrupciones. Esto no nos había sido posible en el caso cubano, porque no existía la tecnología para contemplar a Fidel Castro, a todo color, ejecutar sus inmensos errores. Nuestra generación en cambio, gracias a los adelantos comunicacionales, fue testigo de lo que Chávez primero, y Nicolás Maduro después, le hicieron a una de las naciones más ricas del planeta.

Nuestra generación en cambio, gracias a los adelantos comunicacionales, fue testigo de lo que Chávez primero, y Nicolás Maduro después, le hicieron a una de las naciones más ricas del planeta

El fallo del socialismo venezolano (como sucedió con el soviético, el chino o el cubano) fue de origen, de diseño. Cuando un gobierno llega a creerse en la capacidad omnímoda de asignar los recursos, sustituyendo en esa función a millones de personas interactuando en libertad, el camino a la debacle económica es un efecto consustancial, predecible e inevitable. La perversión subyace en el viejo embuste de pensar que el Estado, al controlar cada rincón de la economía, conseguirá que la riqueza llegue a todos los ciudadanos. Y eso se ha probado falso siempre, una y otra vez, con puntualidad matemática.

El Estado no es ninguna entidad magnánima abstracta que pueda lograr la proeza de ocuparse de lo que cada individuo produce, intercambia o consume: es una estructura concreta conformada por seres humanos que, volviéndose burócratas, concentran en sus falibles manos el destino de la riqueza, en lugar de dejarla en manos de miles de productores, vendedores y compradores tomando sus propias decisiones económicas.

El fracaso material y moral del chavismo es el fracaso del Estado todopoderoso y omnipresente. Cuando Chávez gritaba “¡Socialismo o muerte!” no proclamaba una antinomia, una incompatibilidad entre dos términos, sino una secuencia de hechos, una causa seguida de un efecto. Quizá sin saberlo, estaba anunciando la promesa verdadera —la ruina— detrás de la idea socialista que impuso a su país.

Los daños incontables están al alcance de cualquier mirada objetiva. Represión, censura, encarcelamientos masivos, asesinatos selectivos y tortura sistemática, todo eso junto, es solo una parte del desastre humanitario. Alrededor de ocho millones de venezolanos se vieron obligados a salir de su patria, expulsados por el hambre y el miedo. El Producto Interno Bruto de la nación redujo su valor en un 55%, la pobreza casi se triplicó y el salario mínimo es hoy menor a cinco dólares. La confiscación de más de 1.500 empresas se convirtió en una alegre fiesta de corrupción, despilfarro y exportación ideológica. Aparte del agujero fiscal que generó el desembolso millonario en compensaciones forzadas, la operación deficitaria de los activos estatales destrozó la productividad del país que en 1999 se enorgullecía de ser la quinta economía de Latinoamérica.

La oportuna bonanza petrolera que permitió a Chávez gastar a manos llenas sirvió por un tiempo para subsidiar la ineficiencia e incrementar el más grosero asistencialismo; empero, cuando esa gallina dejó de poner huevos de oro, el fallo de origen del sistema produjo la consecuente y devastadora contracción. La disminución de ingresos alcanzó a más del 80% de los habitantes, mientras la hiperinflación llegó a restarle tantos ceros al bolívar que perdió su valor de cambio. En 2019, un solo huevo llegó a costar la astronómica cifra de mil bolívares en el supermercado.

La disminución de ingresos alcanzó a más del 80% de los habitantes, mientras la hiperinflación llegó a restarle tantos ceros al bolívar que perdió su valor de cambio. En 2019, un solo huevo llegó a costar la astronómica cifra de mil bolívares en el supermercado

Los datos son fríos, pero su equivalente en penuria humana no lo es. El chavismo convirtió una nación fértil en una sociedad de indigentes, desesperados por un cambio que jamás llegaba. Los descarados fraudes electorales solo fueron eslabones de una larga cadena de atropellos a la dignidad del pueblo venezolano. El régimen socialista cruzó todas las fronteras imaginables, hasta que Donald Trump, con su característica forma de enfrentar los problemas, envió soldados para llevar a Nicolás Maduro y a su esposa ante un tribunal neoyorquino.

Se esboza aquí un resumen apretado de las ingenuidades teóricas y las bestialidades operativas que hicieron colapsar el chavismo. En una columna anterior se ha hecho referencia a la ineptitud globalista que supone la reciente captura de Maduro. Llega el momento de hablar de las alternativas que se abren a la Administración de Trump después de este paso agresivo.

El actual inquilino de la Casa Blanca es esencialmente impredecible, pero sí vale la pena realizar un esbozo de las acciones que un verdadero estadista, con genuino pensamiento liberal, realizaría en Venezuela para contribuir a su recuperación política, económica, institucional y social. De ello hablaremos más adelante.

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