El miedo en los ojos del régimen

Cuba y la Noche

La red al servicio del totalitarismo se está quedando sin contenido y necesita generar ruido

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Antiguo cartel que estaba ubicado frente a la Embajada de Estados Unidos en La Habana / Cubanamera
Yunior García Aguilera

29 de febrero 2024 - 13:53

Madrid/El pasado 21 de febrero apareció un artículo en El Ciudadano, bajo el largo y aburrido título La red de injerencia contra Cuba, que va desde Estados Unidos a España, pasando por México. A pesar de que el medio chileno se declara comprometido con los derechos humanos y la democracia, no tuvo reparos en ofrecer su espacio para una publicación concebida desde los mismísimos cuarteles de la Seguridad de Estado cubana, sayón y guardián del autoritarismo en la Isla.

Ni cortos ni perezosos, Granma, Cubadebate y toda su cola de medios replicantes se hicieron eco de un culebrón cargado de intrigas conspiranoicas, datos manipulados para no quemar a sus fuentes, frases típicas del repertorio propagandístico y represivo cubano, muchísima misoginia y mentiras apabullantes. Han convertido la presentación de un libro en Madrid, en toda una trama de operaciones de la CIA, golpes de Estado y acciones violentas.

De haber sido un guion, Netflix lo hubiese rechazado inmediatamente, por soso y falto de drama

De haber sido un guion, Netflix lo hubiese rechazado inmediatamente, por soso y falto de drama, pero la red al servicio del totalitarismo se está quedando sin contenido y necesita generar ruido. Las órdenes vienen desde Cuba, Venezuela pone la plata y el encargado de firmar el panfleto es un conocido operador del castrochavismo, el proetarra Katu Arkonada.

La publicación daría risa si no fuera porque expone a mujeres que viven dentro de Cuba, un país con más de 1.000 presos políticos. El artículo podría servir como antesala para nuevas detenciones arbitrarias, más represión, prohibiciones de entrada o salida del país, así como años de cárcel por el simple delito de atreverse a pensar distinto de lo que dicta el partido único.

Los comentarios al pie de la publicación son todavía peores. En Granma, un usuario nombrado Enrique Rodríguez, sugiere que “a esas gusanas (…) no se les permita volver a Cuba”. En Cubadebate, otro lector llamado Rafa dice que cuenten con él para “la guerra total, dentro y fuera del país”, y cierra con una amenaza: “Qué no se me ponga delante un gusano acá en España”.

El artículo en cuestión también me menciona en uno de sus párrafos, calificándome como “uno de los más estridentes y violentos disidentes cubanos”. Pareciera que, ante los ojos del régimen, una simple rosa blanca tuviese más uranio y plutonio que las armas de destrucción masiva.

Pero, en definitiva, ¿quién es Katu, el individuo que pone su firma en el artículo? Su verdadero nombre es Israel Arconada Gómez, un vasco nacido en 1978. Aunque sus padres comunistas lo indujeron a estudiar Ciencias Económicas, al muchacho lo que le fascinaba era la política, convirtiéndose a los 16 en una suerte de “pequeño Nicolás” de la ultraizquierda. Fue detenido en 1998 por su vinculación con grupos implicados en actos vandálicos y terroristas. De modo que, con solo 19 años, consiguió salir hacia Cuba. Fue entonces, presumiblemente, cuando la inteligencia cubana comenzó a utilizarlo. El mozalbete dejó de usar su nombre real, asumiendo Katu como alias, y cambiando la “c” por la “k” en su apellido.

En 2003 fue enviado, obviamente, a Venezuela. De allí pasó a ser coordinador del Foro Social Mundial, en Brasil. En 2009 dio el salto a Bolivia, donde llegó a nacionalizarse y a ocupar altos cargos como susurrador de Evo Morales. Pero Israel o, mejor dicho, Katu, encontró enemigos incluso dentro de sus propias filas abertzales. Entonces pasó a México, procurándose nuevos padrinos, hasta acercarse cuanto pudo a la oreja de López Obrador.

Varias mujeres, como la periodista mexicana Karina Velasco, denunciaron haber sido víctimas de este personaje

Su descarada intromisión en los asuntos internos mexicanos llegó a generar la recogida de más de 1.500 firmas para pedir su expulsión del país. Además, el operador castrochavista se vio implicado en varios escándalos por creerse impune y mostrar su otra faceta: la de acosador sexual. Varias mujeres, como la periodista mexicana Karina Velasco, denunciaron haber sido víctimas de este personaje.

Por eso no me asombra que un misógino como Katu Arkonada destile tanto odio en su artículo, sobre todo contra mujeres cubanas. Tampoco me sorprende que un sujeto con un expediente tan cercano a los etarras, me acuse justo a mí de “violento”. Cualquiera mínimamente informado sobre mi activismo, se echaría a reír ante la ignorancia o la desfachatez de Katu. Encima, ¿cómo se atreve a hablar de injerencias un tipo con semejante historial injerencista?

Ya sabemos que la inteligencia cubana se dedicó a formar y plantar “katus” por todas partes. Pero, ¿qué pretenden con este insubstancial artículo? ¿Qué demuestra Katu, más allá del miedo en los ojos de un régimen moribundo?

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