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Petro y Trump se hacen amigos
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San Salvador/Mineápolis no es, como a veces se cree, la capital del estado de Minesota. Sin embargo, con alrededor de 430.000 habitantes, sí se trata de la urbe más poblada de la zona, y junto a Saint Paul —la verdadera capital— reúne siete condados que conforman las llamadas Ciudades Gemelas del estado. En el área metropolitana, más extendida, viven unos 3,6 millones de personas, lo que la incluye entre las primeras veinte regiones urbanas más grandes de toda la unión americana.
Minesota tampoco es, por cierto, el territorio estatal más grande de EE UU sino el décimo segundo. Pero su ubicación septentrional, en la frontera con Canadá, le otorga un paisaje único que mezcla las grandes llanuras del oeste con los bosques boreales y las extensas mesetas de Ontario. Esa condición ha permitido a los minesotanos desarrollar una sólida y multifacética cultura, alimentada por la constante migración de afrodescendientes, asiáticos, hispanos y, recientemente, somalíes.
Minesota también tiene una particularidad relacionada con la política: en ese estado no gana un candidato presidencial republicano desde la reelección de Richard Nixon en 1972. Donald Trump ha perdido allí en las tres ocasiones en que ha competido. Ningún otro estado tiene el récord de una racha triunfal tan larga concedida a los aspirantes demócratas.
En ese estado no gana un candidato presidencial republicano desde la reelección de Richard Nixon en 1972
Así y todo, el Gobierno Federal envió un ejército de dos mil agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a partir de diciembre de 2025, sumados a las fuerzas de la Patrulla Fronteriza encabezadas por su comandante Gregory Bovino. Estos elementos infestaron las calles y plazas de Mineápolis causando verdaderos estragos, primero interrumpiendo la vida cotidiana de los ciudadanos y luego, al caldearse los ánimos, procediendo a hostigarlos con manifiesto abuso de poder.
Cruzadas todas las líneas, los desenlaces fatales eran esperables. El 7 de enero de 2026, tras orillarse con su auto sobre la avenida Portland, la madre de tres hijos Renée Good, de 37 años, resultó muerta de un balazo en la cabeza. Apenas unos días después, el 24 de enero, otro joven de 37 años, el enfermero Alex Pretti, fue asesinado a tiros luego de haber sido golpeado, rociado con gas pimienta, arrojado al pavimento y doblegado sobre su pecho por un grupo de uniformados.
En ambos casos, bajo los estándares mínimos de profesionalismo policial, estas tragedias no solo eran evitables, sino que las tesis esgrimidas por funcionarios de la Administración de Trump para justificarlas bordean lo inverosímil. La cabeza de Greg Bovino rodó como consecuencia de estos dramáticos incidentes, pero la Secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem —que llegó al colmo de calificar a Good y Pretti como perpetradores de “terrorismo doméstico”—, sigue en su cargo pese a no reunir, palmariamente, las cualidades necesarias.
Mineápolis es hoy el epicentro de la efervescencia antigubernamental en Estados Unidos. Algo muy profundo parece haberse quebrado cuando la sangre de dos ciudadanos de a pie, blancos y en edades productivas, coloreó la nieve que cubre la ciudad. Nada ha vuelto a ser igual desde entonces y todo indica que las ondas expansivas llegarán hasta las elecciones de noviembre, con serias repercusiones para el partido oficial.
Mineápolis es hoy el epicentro de la efervescencia antigubernamental en Estados Unidos
El poder de tantas imágenes desgarradoras ha sacudido los cimientos del trumpismo. La sociedad de Mineápolis, por su parte, ha demostrado lucidez y capacidad de integración, pues toda la experiencia ganada durante las protestas desatadas por el salvaje asesinato de George Floyd, hace casi seis años y en sus mismas calles, se ha convertido hoy en activismo ágil y denuncia creativa.
Los minieapolitanos han dado ejemplo de lo que se hace frente a un agresor incompetente y brutal. Cuando los elementos del ICE se asoman a los barrios, la gente sale con sus móviles en la mano para grabarles, haciendo cundir la alarma y dando tiempo a los indocumentados para huir de la zona. Las movilizaciones han sido masivas y bulliciosas, tanto en la cobertura de redadas como en el asedio a las empresas que colaboran con los federales. El humillante boicot al documental de la Primera Dama, Melania, no es únicamente una bofetada indirecta a su marido, sino también un rechazo a la productora del film, Amazon, que facilita las operaciones de vigilancia digital del Servicio de Inmigración.
Otros estados de la Unión ya anunciaron estar preparándose para la llegada del ICE. Sus prevenciones son transmitidas en ruedas de prensa. La hostilidad es abierta y sin complejos. Lo de Mineápolis ha sido el resorte que necesitaban muchos gobernadores y jefes locales de policía para unir tras de sí a una ciudadanía espantada por los excesos represivos de su propio gobierno.
Las encuestas, sin excepción, están indicando que Trump ha conseguido indisponer al país en su contra a solo un año de haber retomado el poder. Quiso edificar una administración absolutista en una nación que lleva dos siglos y medio de vocación liberal. Y a estas alturas, por lo visto, no hay nadie que acierte a decir en Washington, siquiera por lo bajo: “¡Es la prepotencia, estúpido!”.
La rebeldía activa de Mineápolis está haciendo historia. Inundarla de hombres armados fue un error grave del que la Casa Blanca tendrá que arrepentirse tarde o temprano. De lo contrario, los republicanos pueden irse despidiendo de las dos mayorías que ostentan en el Capitolio.
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