El silencio del Gobierno cubano ante la masacre en Tlatelolco

Con la censura informativa y el mutismo diplomático sobre la tragedia, la Isla pagaba la mano tendida por el Ejecutivo del PRI

Este 2 de octubre se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco. (EFE/Archivo)
Este 2 de octubre se cumplen 50 años de la matanza de Tlatelolco. (EFE/Archivo)

1968 fue un año de sacudidas en Cuba. A la Ofensiva Revolucionaria que había barrido con los últimos vestigios de la empresa privada, le sucedió el apoyo de Fidel Castro a la entrada de los tanques soviéticos en Praga y el silencio cómplice de la Plaza de la Revolución ante la masacre de Tlatelolco en México, que este 2 de octubre cumple medio siglo.

A muchos mexicanos que militaban en la izquierda ese silencio los llevó a distanciarse del modelo cubano. La decepción fue más fuerte entre aquellos a los que la admiración que sentían hacia la joven Revolución les había impedido ver los estrechos vínculos que conectaban al Gobierno cubano con el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

No se publicó un solo reporte sobre las personas ametralladas, detenidas o desaparecidas bajo la violencia de la policía y del ejército mexicano

Tras la matanza, la prensa oficial cubana evitó cualquier titular que incomodara a los priistas y ninguna condena diplomática salió de los labios de los dirigentes. No se publicó un solo reporte sobre las personas ametralladas, detenidas o desaparecidas bajo la violencia de la policía y del ejército mexicano. Tuvieron que pasar largos años antes de que en las universidades de la Isla se pudiera hablar de lo sucedido.

La omisión estaba cargada de ironía si se tiene en cuenta que muchos de aquellos estudiantes universitarios tenían como referente durante sus movilizaciones juveniles no solo lo que estaba ocurriendo en Francia, Checoslovaquia, Italia o EE UU, sino también en Cuba. Incluso en su ideario destacaban figuras como Fidel Castro y Ernesto Che Guevara, fallecido en Bolivia un año antes.

Con la censura informativa y el mutismo diplomático, la Isla pagaba la mano tendida por el Gobierno mexicano, que había denunciado en repetidas ocasiones la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos (OEA). El país azteca también había utilizado los foros internacionales para reclamar el fin del embargo estadounidense y mantuvo los vínculos comerciales con La Habana.

A finales de la década de los 60 el castrismo ya había entrado en una etapa de radicalización ideológica, en la que muchos de los movimientos de izquierda que ganaban terreno en Europa y Latinoamérica eran vistos como revisionistas y apartados de los manuales del marxismo más estricto. La consolidación de esa etapa estuvo marcada por la represión, con mayor control y vigilancia sobre la sociedad.

Fue justo en el año 1968 en que se apretaron las clavijas del autoritarismo cubano. El Estado ganó en hegemonía y la figura de Fidel Castro acumuló mucho más poder, barriendo a contrincantes dentro de las propias filas del partido y encarcelando a todo el que pareciera un disidente. Los matices terminaron y solo se podía ser "revolucionario" o "contrarrevolucionario".

Mostrar solidaridad por miles de jóvenes estudiantes que se lanzaban a la calle en México exigiendo mayores libertades, hubiera sido para el régimen castrista como dispararse en un pie

El modelo soviético, marcado por el estalinismo, ganó terreno en la Isla. En medio de aquel escenario, mostrar solidaridad por miles de jóvenes estudiantes que se lanzaban a la calle en México exigiendo mayores libertades, hubiera sido para el régimen castrista como dispararse en un pie. Para ese entonces ya se había desarticulado en la Isla cualquier autonomía universitaria y las protestas callejeras habían sido prohibidas.

Aquel movimiento, que culminó con una sangrienta embestida y en el que también participaron profesores, intelectuales, obreros y amas de casa, era un pésimo ejemplo para la dócil sociedad que Castro buscaba tener en la Isla.

Todavía hoy, en Ecured, la versión oficialista de Wikipedia, aparece vacía la ficha que debía explicar la matanza de Tlatelolco, un suceso que solo es mencionado de pasada en las entradas dedicadas a personalidades relacionadas con el hecho y en la descripción general sobre México. Doce palabras sellan lo ocurrido e intentan reparar con su escueta presencia un silencio de medio siglo.

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