La fastidiosa espera de los vecinos de Luyanó

Los materiales desaparecen frecuentemente en algún punto entre el almacén y la obra

Mercedes Caballero con pañuelo rojo y parte de la brigada 13 de marzo que trabaja en la reconstrucción de la ciudadela Otero. (14ymedio)
Mercedes Caballero con pañuelo rojo y parte de la brigada 13 de marzo que trabaja en la reconstrucción de la ciudadela Otero. (14ymedio)

Sentada en la entrada de su casa, Yanisley Valdés evita con la mano el sol en su cara y los remolinos de polvo que se levantan con los vientos de cuaresma. Desde que el tornado del pasado 27 de enero devastó su casa, sus días se reducen a una sucesión de gestiones que no conducen a nada. El techo sigue a la espera de demolición y su sala invadida por los materiales que le ha costado meses obtener.

Una de las razones por las que las obras en Luyanó se eternizan de manera incomprensible es la falta de materiales, que parecen perderse en algún punto de la cadena, según presume uno de los trabajadores que reconstruye el solar Otero, enfrente de la casa de Valdés.

"Si te falta una puntilla ya tienes que parar. Ahora mismo estamos sin cajas eléctricas para poder fundir las placas, tampoco tenemos clavos para el encofrado. El otro día pasó igual que ahora, el trompo no llegaba y no llegaba. Al final llegó, a las cinco de la tarde ya casi cuando nos estábamos yendo. Salimos casi a las diez de la noche. Eso no está bien, yo no entiendo por qué pasan esas cosas, porque en los papeles hay de todo. Está el dinero que se pagó por los materiales, que están a su vez en el almacén, pero aquí no están llegando a tiempo", explica.

Yanisley Valdés sentada en la puerta de su casa de la calle Reyes y Mangos en Luyanó. (14ymedio)
Yanisley Valdés sentada en la puerta de su casa de la calle Reyes y Mangos en Luyanó. (14ymedio)

Allí, pese a las carencias, el panorama es distinto que en el hogar de Valdés. Hay decenas de obreros de la brigada 13 de marzo que trabajan desde la mañana hasta la noche. Juan Antonio, uno de los trabajadores, dice que espera que "para febrero o marzo del año que viene" se terminen todas las obras en el Otero y puedan celebrar juntos "la felicidad de entregar todo nuevo y con calidad".

Los vecinos están contentos con su trabajo, aunque, de nuevo, el lastre son las herramientas. "Llegaron aquí la primera semana después del tornado y la verdad es que ellos tienen tremenda voluntad", dice una de las vecinas a este diario mientras sirve el almuerzo a los obreros.

"Aquí el problema es que faltan materiales y por eso no se adelanta más. Ahora mismo están parados porque el trompo no ha venido. Yo me quedo en casa de mi hijo, vengo todos los días por la mañana a ayudar y me voy por la tarde. Las guaguas me tienen cansada, pero esta es mi casa y quiero que se arregle pronto", dice a 14ymedio Mercedes Caballero, una de las afectadas por el tornado y que no se pierde un solo paso de cómo se trabaja para levantar un nuevo techo en su vivienda.

Mercedes Caballero en la entrada de su casa junto a uno de los obreros. (14ymedio)
Mercedes Caballero en la entrada de su casa junto a uno de los obreros. (14ymedio)

Yanisley Valdés, en cambio, apenas ha podido, hasta el momento, comprar un tanque, las cabillas, la piedra y el cemento. Para evitar que el techo se venga abajo, le han apuntalado el interior de la vivienda, pero la brigada que tiene que demoler el techo sigue sin aparecer. En su caso, la lentitud de la burocracia ha sido el primer escollo al que ha debido hacer frente. Y en ello sigue.

Cuatro días después del tornado, Valdés acudió a la oficina para iniciar los trámites y recuperar su casa, pero ha debido esperar dos meses para que un técnico fuera a medir la vivienda y obtener el documento para la compra de los materiales.

Ahí no acabaron las esperas. "Me tocaba el rastro, que pusieron muy cerca de aquí, pero allí no había camión y me mandaron al rastro de Alma, que queda lejísimos. El jueves pasado fui porque me dijeron que había cemento, pero al llegar había que apuntarse primero en una lista y no estaba la persona responsable de realizarla. Madrugué el viernes, llegué como a las cinco de la mañana y así y todo ya tenía delante mucha gente, cogí el número 49".

Tampoco ese día pudo lograr su objetivo. Las autoridades del rastro le dijeron que no esperara, porque en un día solo despachan a cinco personas. Valdés ha tardado cinco días en conseguir algunos de los materiales, pero aún le faltan otros. Todos pagados al contado, sin créditos ni subsidios, aunque sí con la rebaja del 50% autorizada por el Gobierno para hacer frente a la crisis constructiva derivada del tornado.

Ciudadela Otero en construcción. (14ymedio)
Ciudadela Otero en construcción. (14ymedio)

"Aquí estoy, esperando todavía la demolición. Me dijeron que iban a mandar una brigada para demoler la placa del segundo piso que está hundida, pero 'tienes que esperar, que ahora no hay brigada', 'todas están trabajando, tienes que esperar'; eso es lo único que saben decir cada vez que voy a protestar", se queja.

Mientras pasa los días aquí y allá, vive en casa de su exesposo y padre de el menor de sus dos hijos. "Eso es en Lawton. Todos los días tengo que levantarme a las seis de la mañana para llevar a mis hijos a la escuela, para luego sentarme aquí. Al final pierdo todo el día".

Además, Valdés se queja de no ser bien tratada cuando acude a las oficinas o de haber recibido información confusa. "En una oportunidad me dijeron que para las casas con propiedad no hay brigada disponible, pero otro me dijo que las hay y que tengo que esperar".

Algunos materiales que Yanisley Valdés no ha podido guardar en su casa están en el medio de calle como esos sacos de piedra. (14ymedio)
Algunos materiales que Yanisley Valdés no ha podido guardar en su casa están en el medio de calle como esos sacos de piedra. (14ymedio)

Con todo, lo que más le indigna es que no se le haya dado un albergue mientras se resuelve la situación de su casa. "La falta de respeto es muy grande. A mí que soy una mujer con dos niños no me han ofrecido ni albergue. Aquí en la casa no puedo ni cocinar desde que traje los materiales, tengo todo lleno de sacos, no se puede ni caminar", opina.

"Todos los trabajos que estoy pasando y resulta que también tengo que venir a oír mentiras. Díaz-Canel dijo clarito en la televisión que a todos le tienen que resolver y que las mujeres con niños son una prioridad, la pregunta es cuándo y cómo será eso. A mí no me han explicado, me voy a quedar sin zapatos de tanto ir de una oficina para otra, hay un gran desorden, trabajan como les da gana".

Según últimas cifras oficiales, difundidas el pasado mes de marzo, de 7.923 viviendas afectadas, 2.480 se han resuelto totalmente. El presidente del Gobierno de La Habana, Reynaldo García Zapata, afirmó que todos los recursos para la reconstrucción están asegurados y que el 90% de los damnificados ya han comprado los recursos que necesitan. Pero los que escapan a la estadística siguen viendo el cielo abierto desde sus casas.

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